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Los doce campanazos

Las doce campanadas también son una tradición. Van acompañadas de igual número de deseos. Algunos se cumplirán, otros no, pero vale la pena soñar y desear cosas buenas.

Carolina Castellanos
24 de diciembre, 2021

Se acerca la media noche del tan esperado 24 de diciembre. La actitud de la mayoría de nosotros cambia para bien. Nos volvemos más tolerantes, pensamos en cómo agradar a nuestros seres queridos con un regalo, preparamos la cena navideña para disfrutarla en familia y tantas otras costumbres que seguramente hay en nuestra linda Guate.

I’mn son una tradición. Van acompañadas de igual número de deseos. Algunos se cumplirán, otros no, pero vale la pena soñar y desear cosas buenas.

Por otro lado, estarán los doce campanazos. En vez de sonar las campanas, las usaremos para darles unos merecidos coscorrones a diversos personajes e instituciones. Siéntase libre de sumar cualquier cantidad de campanazos a los aquí propuestos. El orden es aleatorio.

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Empecemos con el Congreso de la República por la enorme irresponsabilidad de haber aprobado un presupuesto monumental que se financiará con más deuda. Encima de todo, se aprueben los préstamos y al final del año, un montón de instituciones no ejecutan la totalidad. ¿Para qué sirve entonces? Para pago de favores de toda índole y a todo nivel.

El segundo campanazo será para el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social por el deficiente manejo de la pandemia. Si bien se han reducido los contagios, no va ni el 30% de la población vacunada. Sin contar quienes no desean vacunarse, hay demasiados sin protección. Ha faltado mucha información y el proceso de vacunación ha sido muy deficiente, lento y burocrático.

El tercer campanazo es para el Ministerio de Educación por haber aceptado y presupuestado, nuevamente, un incremento descomunal en el presupuesto para favorecer al más nefasto de todos los sindicatos. Su dirigente, además de bañarse en dinero que no se destina a mejorar la calidad educativa, recibe un salario del presupuesto y no trabaja un solo día del año. 

Un campanazo bien duro se lo merecen todos esos chairos que predican pero ni locos se convierten. Usan sus recursos para promover las ilusas ideas de la igualdad, para atacar a los grandes empresarios porque tienen mucho dinero y hay muchos pobres, etc. Hay un buen número en esa lista que tiene grandes fortunas que, por supuesto, no la darán a nadie.

Los corruptos de siempre se merecen otro enorme campanazo. No se mueven de su silla de burócrata si alguien no les está pagando por hacerlo. Evitaré mencionar nombres conocidos por ser reiterantes. Nada en este país se construye ni se desarrolla si no hay cientos de millones que se repartirán entre cada uno que tuvo que dar un permiso, una licencia o lo que sea. 

Los que promueven y participan en la cultura de la cancelación se merecen un campanazo de lo más duro. No se vale descalificar a alguien, sea quien sea, por algo que dijo, sin conocer el trasfondo ni el contexto y sin siquiera verificar si la información es cierta o no. Cancelar a alguien requiere de un tuit; recuperarse, ni un millón de tuits lo lograrán. 

El siguiente campanazo es para el progresismo y los “progres”. Esto no es más que promover el socialismopero suena más bonito “progre”. Se ha comprobado, a lo largo de varios siglos, que no funciona y que los únicos que salen de la pobreza son quienes llegan al poder. Los demás viven del engaño y de la promesa, vacía, que pronto les llegará su turno en el festín.

Le toca el turno a los jóvenes que se dejan engañar con los cantos de sirena que promueven los anteriormente mencionados “progres”. Su juventud, caracterizada por la inexperiencia y sumada a la visión de corto plazo, los hace presa fácil. Los más afectados son aquellos cuyos progenitores no han sabido orientarlos respecto a la responsabilidad individual, a la libertad de escoger y decidir sobre su futuro con responsabilidad y los valores y principios que deben prevalecer en todo lo que hagan.

El noveno campanazo es para el lenguaje inclusivo y para quienes lo usan y lo promueven. Han destruido los idiomas con tal de “quedar bien” con los desadaptados que hacen mucho ruido. Conozco a un buen número de homosexuales que rechazan esto. No lo necesitan para tener identidad propia. El respeto se gana con actitudes, no con nombres.

La “cooperación internacional” se ha ganado su campanazo y bien puesto. ¿Quieren cooperar? Les damos las gracias pero cortando las ataduras. Nadie “coopera” gratis. Atrás de cada centavo viene una exigencia y hasta violación a la soberanía cuando exigen la permanencia o destitución de funcionarios. Han llegado a criticarpúblicamente y a las decisiones soberanas que se toman. Si no les parece, que se retiren de Guate. 

El otro lado de lo anterior también merece su coscorrón. Nos creemos incapaces de generar riqueza y crecer como país, sin esa “ayuda” económica. Lo seguiremos siendo mientras no resolvamos los problemas estructurales, como el tamaño del gobierno y la priorización en la nutrición, la educación y la salud para iniciar el camino hacia un verdadero desarrollo, más allá de porcentajes.

El doceavo campanazo va para todos nosotros cuando nos sentimos inferiores ante otros países y nacionalidades cada vez que tiramos nuestra dignidad por la ventana al aceptar opiniones en otros idiomas. También cuando se busca sacar ventaja para lograr objetivos espurios en detrimento del cumplimiento de la ley. También cuando se olvida que no todos tenemos la misma suerte y que toca apoyar, con lo que sea, a quienes son menos favorecidos.

A usted, que amablemente se tomó el tiempo de leer este artículo, muchas gracias. Les deseo una muy feliz Navidad, acompañados de sus familia y amigos. Disfrutemos de tantos regalos inmateriales que seguramente vamos a recibir.

 

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