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No hay derecho

Con Putin no se puede negociar. Siempre miente. Siempre engaña. Siempre finge. Nunca sostiene su palabra. Nunca honra sus promesas. Nunca es sincero. No se puede confiar en él

Warren Orbaugh |
07 de marzo, 2022

¡No hay derecho! ¡No hay derecho!, decía mi abuela materna cuando veía una injusticia. Yo la oía cuando niño sin comprender la profundidad de su expresión. Entendía, eso sí, que se refería a que nada justificaba la acción referida.

Si estuviera viva y viera lo que hace Putin hoy, diría: Asesinar a niños inocentes, ¡no hay derecho! Lisiar a criaturas inofensivas arruinando su vida para siempre, ¡no hay derecho! Aniquilar a las madres de niños indefensos, ¡no hay derecho! Acribillar a los padres de chiquillos asustados, ¡no hay derecho! Descuartizar a familias enteras, ¡no hay derecho! Destruir los edificios de la gente, sus universidades, colegios, hospitales, oficinas, y viviendas, ¡no hay derecho! Demoler las ciudades de personas que no han hecho ningún mal, ¡no hay derecho!

Usar a jovencitos como carne de cañón, es decir, usar a soldados, casi niños, como objetos, como material prescindible en una guerra, ¡no hay derecho!  Arruinar los logros mercantiles de los civiles rusos que se habían incorporado con éxito a la cooperación social internacional comerciando con los ciudadanos de otros países, mostrándose como amigos, amables y fiables, como seres humanos civilizados, ¡no hay derecho! Arrasar Ucrania, ¡no hay derecho! Acabar con Rusia, ¡no hay derecho! ¡Cercenar tantas vidas! ¡No hay derecho! ¡Desbaratar tantos sueños! ¡No hay derecho!

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Y es que ese engendro no tiene derecho de pretender tener el derecho de violar los derechos de los demás. Y todavía tiene el descaro, ese monstruo, de querer vernos cara de imbéciles cuando en su discurso dijo: «Yo no quiero matar a nadie…no tengo malas intenciones para con mis vecinos». Este farsante inmoral, enemigo de la humanidad, decidió que puede matar a quien quiera para alcanzar sus propios intereses y no le importa destruir a quien se interponga en su camino.

Destrucción es lo único que consigue la guerra. Sin embargo, esta guerra injusta es una guerra que Putin no puede ganar. Si logra invadir Ucrania y establece un gobierno títere y deja a sus tropas para secundarlo, siempre estarán en territorio hostil. Los ucranianos sobrevivientes no se sentirán “liberados” como el malvado pretende hacernos creer, sino que ultrajados, heridos, violados. ¡Nunca olvidarán! Verán al ruso siempre como enemigo. Tratarán de expulsarlo mediante tácticas de guerrilla y guerra urbana. Desgastarán a las huestes invasoras. ¿Y qué hará Putin? ¿Hará con Ucrania lo que los romanos con Cartago? ¿Pretenderá hacerlos esclavos y diseminarlos por Siberia? ¿Hoy, cinco siglos después de que la reina Isabel de Castilla prohibiera hacer esclavos en su dominio? ¿Hoy, cinco siglos después que se prohibiera la esclavitud en las Españas por medio de las Leyes Nuevas?

Recordemos que la esclavitud se abolió primero en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de los Caballeros de Santiago del Reino de Goathemala, un año después de su fundación en 1543 en el Valle de Panchoy, como consecuencia de las “Leyes Nuevas”, promulgadas en noviembre de 1542 por el Gobierno de Carlos V, y pregonadas en la Ciudad de Santiago en mayo de 1544, haciéndose cumplir por la recién fundada nueva corte, la Audiencia de los Confines, llamada después, la Audiencia de Guatemala, a cargo del licenciado Alonso López de Cerrato. Son cinco siglos de reconocer los derechos de las personas. ¿Volverán ahora los rusos al nivel de barbarie de la Edad Antigua? Pero Cartago era una ciudad, Ucrania una nación.

Si el execrable extiende el conflicto, justificándose en que según él las sanciones económicas son una declaración de guerra, obligando a la OTAN a intervenir, no tiene ni la más mínima oportunidad de ganar esta contienda. La capacidad militar de Rusia es aproximadamente la quinta parte de la de la OTAN. Hagamos algunas comparaciones: La población de la OTAN es de 945.46 millones de habitantes y la de Rusia es de 147 millones. El PIB de la OTAN es de $49.2 millones de millones, mientras que el de Rusia es de apenas $1.71 mil millones. El número de soldados de la OTAN es de 5,760,000 mientras que el de Rusia es de 1,350,000, (GEP 2022). Tanques de combate de la OTAN, 14,673 y de Rusia 12,420. Tanques todo terreno AFV de la OTAN, 115,627 y de Rusia, 30,122. Aviones de OTAN, 20,718 y de Rusia, 4,173. La OTAN cuenta con 2,030 barcos mientras que Rusia sólo con 605. En lo único que Rusia se equipara a la OTAN es en su arsenal nuclear. La insensatez de Putin no solo perjudica a los ucranianos sino también a los rusos.

Razón tuvo Ayn Rand cuando escribió: «Los hombres verdadera y deliberadamente malvados son una pequeña minoría; es el apaciguador quien los desata sobre la humanidad; es la abdicación intelectual del apaciguador la que los invita a tomar el control. Cuando la tendencia dominante de una cultura marcha hacia la irracionalidad, los malhechores derrotan a los apaciguadores. Cuando los líderes intelectuales fracasan en fomentar lo mejor en el carácter mezclado, no formado, vacilante de la gente en general, los maleantes con seguridad hacen aflorar lo peor. Cuando los hombres más hábiles se vuelven cobardes, los hombres promedio se convierten en bestias.»

Occidente se ha encaminado hacia la irracionalidad cultural gracias a la izquierda que, basados en las ideas de Gramsci de hegemonía cultural, han propiciado la destrucción de la lógica – eliminando el principio de identidad con el lenguaje inclusivo y la teoría de género –, la destrucción de los valores – mediante la teoría critica racial, el ataque a sus figuras históricas y fomentando el odio hacia su nación –, la destrucción de su economía – al embarcarlos en la fantasía de la responsabilidad del hombre en el cambio climático haciéndolos abandonar su producción de energía tradicional y convirtiéndolos en dependientes de sus enemigos –, la destrucción de su cohesión social y concordia –, por medio de la censura de las ideas divergentes y la confrontación con fanáticos. Ideologizados de esta manera los políticos occidentales no pudieron ver la realidad.

Un par de ejemplos lo tenemos cuando Trump en la reunión de la OTAN les dijo a los alemanes que era un sinsentido depender del petróleo ruso y de financiar a sus enemigos; los alemanes defendieron su decisión. Y cuando dijo lo mismo en su discurso en la ONU, advirtiendo a los europeos de que su dependencia del petróleo ruso los convertía en sujetos vulnerables a la extorsión y la intimidación, la delegación alemana, captada por las cámaras, no lo tomaron en serio, lo consideraron ingenuo y se rieron. ¿Quiénes fueron los ingenuos realmente?

El apaciguamiento de Biden fue leído como debilidad y cobardía por Putin. Midió a los gobiernos occidentales y consideró que esta era su ventana para actuar. Y actuó. Agredió a sus vecinos. Invadió Ucrania. Y amenazó a la OTAN para que no se metiera. ¿Paralizará a la OTAN el miedo a escalar el conflicto? O, ¿le demostrarán al criminal de guerra que los midió mal y que se pararán firmes defendiendo el principio de la libertad y autodeterminación de los pueblos?

Con Putin no se puede negociar. Siempre miente. Siempre engaña. Siempre finge. Nunca sostiene su palabra. Nunca honra sus promesas. Nunca es sincero. No se puede confiar en él. La idea de sentarse a la mesa a pactar con él debe ser desechada. Si no, el siempre seguirá usando a los políticos de occidente para salirse con la suya. Putin debe ser apresado, juzgado por crímenes de guerra y condenado. Sus allegados más cercanos deben encargarse de eso si no quieren ver el final de Rusia. Hacen falta un Harmodio y un Arisogitón rusos.

No hay derecho a iniciar la violencia contra otro ser humano.

 

Qué Putin se salga con la suya, ¡no hay derecho!

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