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¿Por qué las remesas no han generado el desarrollo económico que uno esperaría? (Parte I)

Dados estos montos, resulta claro que las remesas, por sus elevados montos, en el pasado, en el presente y en el futuro cercano, son dignas de ser evaluadas como motores del desarrollo del país.

remesas
Lisardo Bolaños |
14 de octubre, 2022

¿Son tan grandes las remesas como para ser un motor del desarrollo?

¿Qué ha sucedido en muchos pueblos del interior del país en las últimas dos décadas, especialmente en el occidente de Guatemala? Muchos de los pueblos del interior del país han visto un crecimiento económico importante. Gracias a las remesas, estos pueblos han visto crecer sus oportunidades de consumo: vemos más tiendas y tiendas con más productos; vemos cuadras con casas más grandes y materiales de construcción más duraderos; vemos calles llenas de automóviles y motocicletas. Vemos algunos nuevos negocios que surgen: talleres para reparar las motos; talleres para reparar los nuevos automóviles, talleres para reparar las nuevas televisiones; incluso, vemos surgir pequeños restaurantes.

Los montos de estas remesas son considerables así que resulta valioso considerarlas como un potencial motor del desarrollo. Al 2021, las remesas representaban 16% de todo lo que produjo el país en el año. En los últimos 20 años, las remesas que han entrado al país suman US$117 mil millones (si consideramos el valor del dinero en el tiempo –VDT- a una tasa modesta del 5%, el valor se incrementa a US$166 mil millones). Esto número por sí mismo es gigantesco. Pero usar comparaciones nos puede ayudar a entenderlo mejor. La economía guatemalteca produjo US$94 mil millones en el año 2021. Así que el país ha recibido en remesas, durante estos últimos 20 años, tanto dinero como lo producido por Guatemala en el año 2021, si dicho año hubiera tenido 454 días, en lugar de sólo 365 días (o con VDT serían 645 día).Una última forma de entender el tamaño de las remesas es comparándolas con lo que hemos recibido estos ú

En estas últimas dos décadas, hemos recibido, como remesas, el equivalente a  2.5 veces la inversión extranjera que recibió Costa Rica o el equivalente a un programa de transferencias monetarias condicionadas del 114% del presupuesto del gobierno.  Ante esta gigantesco influjo de recursos, ¿por qué no hemos visto el impacto socioeconómico esperado?
 

Una última forma de entender el tamaño de las remesas es comparándolas con lo que hemos recibido estos últimos 20 años en concepto de Inversión Extranjera Directa. En IED hemos recibido US$20 mil millones (US$28 mil millones con VDT). Como se aprecia, el nivel de recepción de remesas del país es casi 5 veces superior a la IED que recibimos las últimas dos décadas. Si en lugar remesas, esto fuese IED, Guatemala habría pasado de un promedio anual de US$1.0 mil millones, durante las últimas dos décadas, a un promedio de US$5 mil millones. Habríamos atraído inversión a un ritmo 2.5 veces mayor que Costa Rica. Así pues, lo que hemos recibido de remesas en el país es significativo.

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Viendo hacia el futuro, la situación de las remesas se ve dinámica: el crecimiento seguirá. Si seguimos el camino de Honduras y El Salvador, podríamos llegar, en tan sólo 2 a 5 años, a que las remesas representen 22% del PIB del país. En términos del 2021, eso significaría que en lugar de recibir US$15 mil millones, habríamos recibido US$21 mil millones. Si esto ocurre, las remesas serían 61% más grandes que todo el gasto del gobierno central.

Según números del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guatemala cuenta con 2.2 millones de guatemaltecos en Estados Unidos, equivalente a 12.9% de la población. En 1920, Gales perdió 20% de la población. Puerto Rico, en 1973, llegaba a casi tres décadas durante las cuales perdió 25% de su población. Si replicamos la situación de Puerto Rico, las remesas aún podrían crecer un 56%, sólo por aumento en los migrantes. Así que tanto Guatemala como Honduras y El Salvador podrían seguir experimentando aumentos de migración y de remesas –especialmente porque, ni con todas las reformas económicas deseadas, el diferencial de ingresos de la región con Estados Unidos difícilmente se cerrará en diez años.

Como se aprecia, es tal el ingreso de remesas que hemos recibido los últimos veinte años que sí resulta importante cuestionarse por qué es que no vemos esos niveles de desarrollo que esperaríamos de quintuplicar por veinte años la IED o de contar con, básicamente, un programa de transferencias monetarias directas del 16% del PIB, o 114% el presupuesto completo del gobierno central. Dados estos montos, resulta claro que las remesas, por sus elevados montos, en el pasado, en el presente y en el futuro cercano, son dignas de ser evaluadas como motores del desarrollo del país.

Ante este volumen gigantesco de recursos y el impacto menor al que uno imaginaría, en la próxima entrega propongo analizar tres problemas por los cuales las remesas, a pesar de generar tantos recursos, son insuficientes para generar desarrollo.  En la tercera entrega analizaré algunas opciones sobre qué tipo de programas podrían implementarse para mejorar el impacto de las remesas en el desarrollo de los beneficiarios, sus comunidades y el país.

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