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¿Por qué las remesas no han generado el desarrollo económico que uno esperaría? (Parte II)

Aquí quiero analizar porqué estas remesas, aun cuando logran beneficios importantes en términos de salud, educación y acumulación de activos inmobiliarios, no son suficientes para generar el tan añorado desarrollo económico.

remesas
Lisardo Bolaños |
18 de octubre, 2022

En la entrega anterior analizamos el enorme volumen de recursos que los guatemaltecos han recibido de remesas. Tanto es el volumen que hace palidecer los sueños más salvajes de quienes quisieran promover un programa de transferencias condicionadas en Guatemala, pues llega a 16% del PIB, rebasando así el presupuesto total del Gobierno Central. Y, sin embargo, a pesar de ser tan enorme, tan bien enfocado, y no depender de los riesgos de burocracias corrompibles, los resultados no han sido suficientes. Aquí quiero analizar porqué estas remesas, aun cuando logran beneficios importantes en términos de salud, educación y acumulación de activos inmobiliarios, no son suficientes para generar el tan añorado desarrollo económico.

¿Por qué las remesas no han logrado generar desarrollo? Primero, porque debilitan los centros poblados al reducir su población

El primer problema con las remesas es que, para recibir más, cada poblado tiene que sacrificar a su población. Sacrificar población, cuando estos poblados ya de por sí son rurales y pequeños, lo cual genera dos complicaciones.

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Primero, este sacrificio significa que la población productiva no está en el pueblo, pues ha decidido irse a producir a Estados Unidos. Así que cada pueblo, y en términos más amplios Guatemala, pierde la oportunidad de contar con esos trabajadores para desarrollarlo.

Como país, perdemos a la población que está aprendiendo conocimientos, virtudes e instintos necesarios para generar desarrollo económico en el país. Quienes generan el ingreso para enviar las remesas está en Estados Unidos. Estas personas son las que han aprendido las capacidades técnicas necesarias para generar estos ingresos. Estas personas son las que han aprendido las virtudes de la moderación y la disciplina para generar estos ingresos y para generar el ahorro necesario para el envío de la remesa. Y, estas personas son las que han aprendido a desarrollar su instituto por las oportunidades económicas y a tomar los riesgos para llevarlas a cabo.

En Guatemala, quienes se quedan son los receptores de la remesa que aprenden a consumirlas. La población receptora no aprende las capacidades técnicas; no aprende las virtudes de la moderación y la disciplina; y, tampoco aprende a desarrollar su instinto por las oportunidades económicas.

Segundo, este sacrificio significa que las remesas no pueden ser eternas. Eventualmente se da un cambio demográfico importante en estos pueblos: se pierde población en edad reproductiva y el pueblo eventualmente se queda con adultos mayores, cada vez con menos capacidades físicas para trabajar. Este cambio demográfico se notará primero en algunos pequeños poblados, desde donde se inició la migración. Pasarán todavía algunas décadas para verlo a nivel nacional, lo cual parece ser cosa segura, tomando en cuenta que ahora también los menores de edad se han vuelto migrantes.

¿Por qué las remesas no han logrado generar desarrollo? Segundo, porque no encuentra un tejido empresarial fuerte para crecer, ni lo genera.

El segundo problema con las remesas es que las remesas son como lluvia eventual en el desierto.

El crecimiento económico que ocurre en estos pueblos-receptores-de-remesas es que no crecen por contar con negocios que invierten en abrir nuevos locales, nuevas plantas de producción, o nueva maquinaria para atender a la población de Guatemala o Centroamérica (nuestra principal área de influencia económica). Estos pueblos no crecen por un tejido empresarial que genera encadenamientos sofisticados. Estos pueblos crecen económicamente por un consumo que mantiene débil y sin autonomía el tejido empresarial del lugar.

¿Por qué digo que el tejido empresarial de estos pueblos es débil y carece de autonomía? No lo digo como insulto a estos empresarios. Lo digo como una descripción de los retos que afrontan para generar negocios y empleos.

Primero, porque desde antes de las oleadas migratorias hacia Estados Unidos, dichos pueblos no contaban con un tejido empresarial amplio o profundo. Sí, claro que había empresarios. Pero es difícil generar un tejido empresarial amplio y profundo en pueblos con poblaciones pequeñas y pobres. Es difícil generar grandes oportunidades económicos cuando el pueblo no tiene ni 10 mil habitantes, porque esto limita las empresas y los productos que se pueden mantener de manera rentable. Por ejemplo, es difícil mantener una pequeña editorial si sólo se vende 1 libro al año al 1% de 10 mil habitantes (2 libros a la semana); pero es mucho más fácil si son 2 millones de habitantes (400 libros a la semana).

De igual manera, es difícil generar grandes oportunidades económicas cuando el pueblo tiene bajos ingresos, porque esto limita las empresas y los productos que se pueden mantener de manera rentable. Por ejemplo, es más difícil vender un libro de Q.150.00 a jóvenes con un ingreso de Q.2,000.00, porque ello representa un 7.5% de su ingreso, que a jóvenes con un salario de Q.10,000.00 (1.5%). Estos últimos pueden comprar 5 libros para empezar a sentir el sacrificio de los jóvenes con menores ingresos. Es más, en un pueblo con ingresos bajos, es más probable que la editorial ni siquiera se aventure a vender libros de Q.150.00, sino prefiera libros de Q.30.00, con una rentabilidad mucho menor.

Segundo, porque la ausencia de ese tejido empresarial amplio y profundo limita lo que los empresarios pueden generar en dichos pueblos. Se necesita tener acceso a una comunidad empresarial con capacidades preexistentes para producir productos cada vez más sofisticados. Es imposible imaginar la creación de la computadora personal en el altiplano guatemalteco. De nuevo, no es por menospreciar a los empresarios en dicha región. Pero es por la misma razón que no es posible imaginar la creación de la computadora personal ni en la ciudad de Guatemala del año 1970, ni en la ciudad de México 1980, ni tampoco en la Roma imperial de Julio César: se necesita una comunidad empresarial con los ingredientes necesarios para hacer la receta de la computadora personal, tanto a nivel de insumos como a nivel de canales de distribución.

Esto significa que no podemos pedirles milagros a los empresarios en los pequeños pueblos del país. No pueden, por arte de magia, empezar a crear nuevas fábricas de televisores o de aguas gaseosas, sólo porque hay más ingresos gracias a las remesas. No sólo por el problema de la cantidad de población y del ingreso. Sino también porque para constituir una fábrica de televisores necesitarían tener proveedores de microchips; contar con proveedores de maquinaria; contar con jóvenes capacitados en electromecánica; contar con gerentes para administrar las finanzas de una empresa de manufactura (cuando lo más seguro en dicho pueblo muchos de los negocios sólo llevan control del flujo de caja, difícilmente contabilidad auditada y bajo el escrutinio de la aduana), etc.

Tercero, porque dada la ausencia de ese tejido empresarial amplio y profundo y dada la pobreza y el pequeño tamaño del poblado, lo más seguro que las remesas que llegan al pueblo se orientan a consumo. Y, frente a esto, y la falta de tejido empresarial, los empresarios en dichos pueblos encuentran mucho más rentable satisfacer dichas necesidades vía la “importación” de productos provenientes de “afuera de las fronteras de cada pueblo”. Las televisiones vienen de China y los automóviles de México o de Japón. También lo “traído-de-afuera" incluye lo que manda la Ciudad de Guatemala: gaseosas, bebidas naturales, bebidas alcohólicas, servicios de telecomunicación, etc. Así pues, estos pueblos, a pesar de la abundancia de remesas, no logran capturar todo el potencial beneficio.

Cuarto, incluso cuando retornados regresan a sus pueblos para vivir allí porque tienen la ilusión de levantar económicamente estos pueblos lo que encuentran es una situación muy difícil. Ellos tienen una posición importante: cuentan con recursos, cuentan con experiencia de mercados más sofisticados y conocen a su comunidad. Sin embargo, la situación no es nada fácil. Este migrante retornado deberá afrontar varios problemas importantes: ¿puede poner un negocio que sea lo suficientemente rentable para darle la vida como a la que ahora aspira? Ya vimos que, dado la baja población del poblado y su nivel de ingreso, es difícil. ¿Tiene su pueblo el ingreso económico para poder pagarle un precio similar al que cobraba en California u Austin o Atlanta? Difícilmente. ¿Es el tejido empresarial en su pueblo similar al tejido empresarial en California para facilitarle el acceso a maquinaria, insumos, trabajadores? Difícilmente. La situación lleva a que el retornado viva de sus ahorros y del poco ingreso que puede generar –a menos que se dedique al comercio, a traer cosas. Esto último, sin embargo, no es suficiente para que su pueblo prospere: el valor agregado del comercio tiende a ser bajo y a no generar suficiente empleo como para hacerlo una estrategia viable de desarrollo del pueblo. La viabilidad económica se tiene que buscar fuera del pueblo.

Con las remesas destinadas a este consumo que no genera un tejido empresarial profundo y amplio en el pueblo, el mismo, cada vez con menos población, está destinado al abandono.

¿Por qué las remesas no han logrado generar desarrollo? Tercer, porque no genera infraestructura social ni productiva

El tercer problema de por qué las remesas no han logrado generar un mayor desarrollo económico tiene que ver con lo difícil que resulta proveer infraestructura privada en el país.

La familia puede comprar medicina, pero no invierte en los drenajes o plantas de tratamiento de agua que reducirían la prevalencia de enfermedades gastrointestinales en la comunidad. La familia puede comprar un pick-up para mover al mercado cercano los productos agrícolas de su parcela, pero no invierte en pavimentar el camino rural o en desarrollar bodegas y cadenas de frío para apoyar a la comunidad.

Dos restricciones no permiten esta privatización-comunitaria de bienes públicos: a) ante conflictos entre los vecinos por el manejo de dinero, el sistema de justicia no tiene la capacidad o la velocidad para dar una respuesta rápida, así que muchos intentos pronto terminan en problemas (este es un problema que no sólo es de naturaleza civil sino también mercantil); y, b) difícilmente existen figuras, fáciles de implementar, que permitan a las comunidades coinvertir en bienes públicos (aun cuando se ha trabajado en mejorar el funcionamiento del sistema de consejos de desarrollo, creería que existen límites legales y administrativos para volverlos un modelo de coinversión comunitaria con remesas; y, en cuanto a las alianzas público-privadas, la ley nunca fue diseñada para impulsar este tipo de iniciativas).

Esto lleva a que las comunidades, aun cuando pueden contar con recursos (a nivel familiar), y aun cuando pueden contar con la voluntad, terminan invirtiendo en su metro cuadrado de propiedad, mientras las oportunidades de mejora de la vida comunitaria o se estancan o empeoran.

¿Qué podemos hacer? En la tercera y última parte de esta serie exploro algunas posibles mejoras.

 

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