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¿Qué es peor que la falta de educación?

Es enseñar que el instrumento económico para pensar, para poder deliberar sobre que curso de acción debe tomar la producción, es la contabilidad.

educación
Warren Orbaugh |
17 de octubre, 2022

Pues, la mala educación.

El propósito primario de la educación es proporcionar al niño la capacidad para identificar la realidad, para razonar correctamente,  y así poder actuar eficazmente, cuando adulto, para vivir bien, para florecer, para prosperar. Si carece de educación formal, al menos podrá recurrir a su sentido común para deliberar sobre lo que le conviene y actuar en base a sus conclusiones.

Pero si la educación que recibe destruye su sentido común, su capacidad para identificar la realidad, su capacidad de razonar correctamente, y se le lanza así a la vida, se le habrá condenado a su autodestrucción, cual águila a la que su madre le hubiese quebrado las alas antes de lanzarla del nido. Tal parece ser el propósito de muchos que ahora son maestros y que lamentablemente tienen la responsabilidad de educar a los ahora niños.

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Enseñar a leer no es solamente instruir como dominar un sistema alfabético y ortográfico para poder traducir unos signos gráficos a sonidos lingüísticos articulados en palabras. Es enseñar a comprender un texto, a clasificar la lectura de acuerdo al tipo y materia;  a establecer brevemente de que trata la lectura; a enumerar sus partes principales en su orden y relación; a definir el problema o problemas que quiere resolver el autor; a llegar a buenos términos con el autor interpretando sus palabras clave; a identificar las proposiciones claves determinando sus oraciones importantes; a conocer los argumentos del autor, encontrándolos o construyéndolos a partir de sus oraciones; a determinar cuáles de sus problemas ha resuelto el autor, y cuáles no; a suspender el juicio hasta que pueda decir razonablemente, “entiendo”, antes de estar o no de acuerdo con el texto; a que cuando no esté de acuerdo con el argumento del autor, expresarlo  dando razones, no disputando ni polemizando; a saber que no se trata de ganar un argumento sino de identificar la verdad; a demostrar que se sabe la diferencia entre conocimiento y opinión personal, presentando buenas razones para sustentar cualquier juicio crítico que haga; a mostrar  en donde está desinformado el autor, si lo está; a mostrar en donde está mal informado el autor, si lo está; a mostrar en donde es ilógico el autor, si lo es; a mostrar en donde el análisis del autor es incompleto, si lo es y por qué; a preguntar  ¿Cuáles son los argumentos y las conclusiones? ¿Cuáles son las razones que da el autor? ¿Qué palabras o frases son ambiguas? ¿Hay falacias en el razonamiento? ¿Qué tan buena es la evidencia que da el autor? ¿Qué información importante se omite? ¿Qué conclusiones razonables son posibles?

Enseñar a razonar bien consiste en instruir cuatro métodos de razonamiento: razonamiento matemático, razonamiento científico, razonamiento lógico, y razonamiento económico.

Es enseñar a utilizar y relacionar los números –abstracciones de cantidad o magnitud -, las operaciones básicas, los símbolos, las formas de expresión, e inferencia, tanto para producir e interpretar distintos tipos de información, así como a ampliar el conocimiento sobre aspectos cuantitativos y espaciales de la realidad, para resolver problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo laboral.

Es enseñar a investigar basado en la observación empírica, la experimentación, el análisis y la medición, para, por medio de la inducción, llegar a identificar leyes causales universales y así entender la naturaleza.

Es enseñar a razonar fundamentado en la observación, en la no contradicción, y en la economía de unidades. Enseñar a integrar y/o diferenciar en base a la identidad de lo observado, es decir, de acuerdo a sus características observadas y sus relaciones de medidas. A obedecer la identidad de los medios cognitivos del humano, es decir, reconocer que el conocimiento se forma en un contexto mediante una progresión jerárquica a partir de datos observados.

A aceptar el principio de economía de unidades, reconociendo el límite que tiene el humano para tener y manejar un número dado de unidades en su enfoque consciente. Y a fundamentarse en el hecho básico de la realidad que conocemos como la Ley de Identidad y sus corolarios: la Ley de No Contradicción,  la Ley del Tercio Excluso y la Ley de Causalidad.

Es enseñar a ser objetivo. Ser objetivo es examinar la evidencia sin prejuicios, considerar los hechos, y no poner ninguna consideración por encima de la verdad. Lo contrario es ser subjetivo o arbitrario, que consiste en derivar las conclusiones de deseos, esperanzas, miedos, o de cualquier cosa que nos pase por la mente. Es enseñar que el medio para asegurarnos que nuestro procedimiento se basa en la realidad, es la lógica. Esto quiere decir, aplicar reglas lógicas derivadas de la naturaleza de la facultad conceptual humana.

Tanto el leer bien, como el razonar bien son fundamentales para el niño, pues le dan independencia de criterio para formar sus propios juicios y vivir así activamente, razonando y responsabilizándose de los pensamientos propios, en lugar de reciclar las opiniones de otros y mantener una pasiva conformidad con las creencias de los demás. Podrá valorar la verdad y controlar su vida, así como ser flexible para poder responder rápidamente a nuevos cambios de circunstancias sin atarse ciegamente al pasado al estar dispuesto a ver la realidad. Pero también debe el niño aprender a actuar prudentemente. Para esto debe aprender a ser virtuoso.

Enseñar a ser virtuoso requiere instruir una ética racional, como la aristotélica o la objetivista, y fomentar el hábito de practicar sus virtudes. Es enseñar a ser un habitual buen razonador para identificar la realidad; a ser honesto, a no fingir que las cosas son distintas de lo que son; a ser íntegro, a no sacrificar sus convicciones; a ser justo, a conceder a cada cual según su mérito; a ser productivo, a crear valor material; a ser creativo; a ser laborioso y no perder su tiempo; a ser ambicioso para afanarse por mejorar la calidad de su vida; a ser determinado y resolver lo que haya de hacerse; a ser benevolente, a tener buena voluntad hacia el prójimo; a ser orgulloso, a afanarse por su superación personal; a ser responsable y honrar la obligación elegida; a ser confiable; a ser honrado y no defraudar a nadie; a ser sincero y actuar según lo que se dice; a ser limpio para mantener su salud; a buscar su fortalecimiento y construir vigor.  Pero sobre todo a ser prudente o sensato para buscar lo que le es de provecho para florecer a largo plazo.

Es enseñar que la acción humana es conducta deliberada que persigue un fin: pasar de una situación que el individuo considera menos satisfactoria a una que considera más satisfactoria. Que es la forma en que se evidencia la ley natural de supervivencia presente en todo ser vivo. Que la acción humana es siempre racional, pues la deliberación requiere que razone, aunque no siempre es razonable, porque el sujeto a veces no razona bien. De ahí la necesidad de la lógica.

Es enseñar que la economía no es otra cosa que acción humana y que se ocupa de los medios que elige y utiliza el humano para alcanzar sus fines. Así, mediante su buen razonamiento, el hombre advierte que alcanza sus fines de mejor manera cooperando con el otro, intercambiando lo que él produce por lo que produce aquel. Descubre que no siempre se puede hacer trueque o intercambio directo e inventa un medio de intercambio indirecto: el dinero, con el que puede intercambiar cualquier cosa.

Es enseñar que cuando los negociadores se ponen de acuerdo, según lo que ofertan y lo que demandan uno del otro, establecen un precio. Y este precio informa a otros hombres que cosas demandan la mayoría según su valoración personal para satisfacer sus deseos y, por tanto, que conviene producir. Y que este proceso de interrelaciones de intercambios entre diferentes personas es un proceso dinámico que se llama mercado.

Es enseñar que el instrumento económico para pensar, para poder deliberar sobre que curso de acción debe tomar la producción, es la contabilidad. Así podrá saber si la dirección de sus esfuerzos dará fruto, ganancias, si creará valor para otros, o si no.

Es enseñar que la sociedad es un medio que consiste en cooperar mediante la división del trabajo para así poder vivir una buena vida. Que al establecer un sistema legal que proteja a los asociados de aquellos que por la fuerza pretendan obligarlos a actuar en contra de su mejor juicio, asegura su acción sensata o prudente sin impedimento alguno. Que la virtud cívica por excelencia es el respeto a los derechos individuales de todo ciudadano –el derecho a su vida, a su libertad, a su propiedad y a buscar su propia felicidad –para así poder vivir en concordia.

Es enseñar que la acción humana exitosa, prudente, es económica, es poder uno guiar su vida por medio de su propio pensar. Poder planificar su presupuesto, sus inversiones, su carrera, su matrimonio, su residencia, etc. Que el factor dominante que determina el curso de su vida es su mente. Que gracias a que en un mercado libre existe respeto a la propiedad, el  cumplimiento de los contratos, y el afán de lucro, es posible un sistema de precios que le informa al individuo donde orientar sus inversiones y sus esfuerzos. Que el sistema de precios, que es un sistema de comunicación de demandas permite relacionar las economías individuales coordinadamente entre sí por el intercambio.

Si se diera que por fin los niños tuvieran una buena educación, entonces veríamos maestros exigiendo respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de todo ciudadano, y quizás, enarbolarían la imagen de alguien que haya producido bienes que mejoran la calidad de vida de los humanos, alguien como Steve Jobs.

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