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Reflexiones sobre la inteligencia emocional

Es momento de retomar el respeto, la cordura, el aprecio hacia la otra persona. Es también labor educativa, iniciando en el hogar, fortalecida en el centro de estudios, y dentro de los grupos sociales.

Diana Brown |
05 de abril, 2022

La inteligencia emocional, concepto propuesto y desarrollado por Daniel Goleman, en 1995, y publicado en su libro del mismo nombre, vuelve visible el poder oculto de las emociones en la vida diaria de cada persona. Las emociones influyen en la conducta, cómo se interiorizan los procesos, el proceso del aprendizaje, y cómo se reacciona ante situaciones de toda índole, negativas y positivas. Las emociones impulsar hacia rutas no siempre adecuadas, pues, las emociones pueden llegar a ser anteojos brumosos, que nublan la vista, y entorpecen a la razón.

El autor propone cuatro pasos para desarrollar la inteligencia emocional: autoconciencia, la percepción emocional propia; el auto control, o auto regulación; empatía o conciencia social y el desarrollo de una competencia social, y las dinámicas para lograr su inclusión en la vida de cada persona.  Se inicia con estar plenamente consciente de las emociones, propias y ajenas, identificarlas, en todas sus etapas de su desarrollo, con determinación y disciplina; luego, expresar las emociones, a si mismo, luego a otras personas, empleando una escucha activa a las respuestas de los demás, abierto a comprender la variedad de perspectivas; formular la respuesta adecuada a éstas y la conducta aceptable; emplear la automotivación para razonar el control de las emociones, con el fin de alcanzar una armonía interna y entre personas, y lograr las relaciones pacificas.

El concepto de inteligencia emocional se aplica en todos los ambientes donde hay interacción humana, pues las emociones son filtros a las acciones y reacciones de las personas, en el hogar, en centro educativo, en los escenarios laborales, las reuniones sociales y infinidad de circunstancias. La misma persona, internamente, sostiene reflexiones del manejo de las emociones en la dirección de las acciones resultantes; idealmente todas las personas deben conocerse, reconocerse, y dirigir conscientemente las conductas.

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Se observa la ausencia de inteligencia emocional con mucha más frecuencia que su aplicación; desde caprichos infantiles, exabruptos adolescentes, desdenes amorosos, y reacciones agresivas, como se observó en el escenario mundial recientemente, en una muestra pública de los resultados de un descontrol emocional, patente ejemplo de la necesidad de conocimiento y autocontrol.

Aunado a la falta de inteligencia emocional, hay excesos en los comentarios públicos; en los ambientes de la farándula, supuestas bromas groseras se celebran como ideas creativas, cuando si se examinan en su esencia, forman un acoso, un “bullying” que se condena en otras instancias. ¿Cuándo se torna aceptable burlarse de otra persona como fuente de entretención? No solo en este aislado evento provocador que el mundo observó; la mayoría de los “comediantes” de las últimas décadas comparten, muchas veces en vocabulario soez, observaciones hirientes sobre otras personas con el fin de “entretener”, y provocan a que se apague el medio transmisor, para no escuchar insultos, ¡cómo se pueden celebrar los insultos!

Si se visitara a los animadores, artistas, del siglo pasado, y sí, algunos de este, se escuchan bromas de elegancia, formuladas no para menospreciar a una persona, sino que ofrecen un comentario a la situación humana, cómo se maneja, y como a veces, las respuestas no son los queridos, y aún  así, las mismas personas se ríen de si mismo, pues las situaciones, en el tiempo, permiten observar incoherencias, inconsistencias, y reacciones increíbles. No para burlarse de las personas, mas para aprender de las situaciones.

Se cuestiona dónde están los valores en la sociedad moderna; se llama a la atención cuando se expresa negativamente de otra persona, sin embargo, se celebra lo mismo en el escenario de entretención. El exabrupto de una celebridad llama a la reflexión de cómo se expresa de otras personas, qué es aceptable, y cómo reaccionar hacia esa expresión, la que fuese. Es momento de retomar el respeto, la cordura, el aprecio hacia la otra persona. Es también labor educativa, iniciando en el hogar, fortalecida en el centro de estudios, y dentro de los grupos sociales.

¡La educación es prioridad nacional

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