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Ucrania, el centro de la atención mundial; y Cuba, el de su olvido

¡Pues Cuba hoy es un gigantesco y abandonado cementerio para quienes ni siquiera han tenido una sola oportunidad en sus cortas vidas de poder soñar, cambiar, mejorar o de expresarse a voluntad!

Armando De la Torre |
27 de abril, 2022

        Y me pregunto una vez más ¿por qué?

            Una respuesta simplista ha sido la de que Ucrania tiene largas fronteras terrestres y Cuba, una isla, ninguna. Y que por lo tanto, Cuba puede ser mucho más fácilmente sofocada desde adentro y Ucrania, en cambio, con mucha mayor dificultad.

            Y yo soy cubano, más bien afectivamente que efectivamente sobre todo desde la década de los cincuenta del pasado siglo, cuando me ausenté de su suelo para ir a estudiar a Alemania hace sesenta y seis años y desde entonces no se me ha permitido regresar.

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Lo que mucho todavía me duele.  

En particular, porque en su decurso los cubanos ingenuos cayeron en la trampa mortal del Máximo Embustero de las Américas, Fidel Castro (1959).  

Y durante todo este largo periodo de mi ausencia, “El son se fue de Cuba” como lo cantó Olga Guillot y el sol de mediodía terminó por hacerse una noche absolutamente impenetrable y sin estrella alguna...

Y así, durante esta larguísima noche interminable, todos los jóvenes de Cuba se han quedado también sin futuro alguno, condenados a un silencio oprobioso y permanente bajo el eficiente control de una policía política importada por los hermanos Fidel y Raúl Castro desde la Alemania totalitaria de Erich Honecker.

También para todas sus madres a las que les han sido arrebatadas toda ilusión posible para la felicidad de sus propios hijos.

La noche, la más larga y la más lúgubre en completo silencio de nuestro entero continente americano.

Por otra parte, en muchos rincones de Ucrania desde hace dos meses no menos corre la sangre a raudales; en toda Cuba, en cambio, no corre ya tanto la sangre de los fusilamientos a granel porque tampoco en ella apenas queda vida que exterminar.

Ucrania se nos ha vuelto de pronto un lugar común; mientras Cuba hasta ya ha dejado de ser recordada en la memoria de casi todos.

Por eso hoy quiero aludir a ese refrán tan popular en nuestro gran vecino del Norte: “Ríe, y todo el mundo ríe contigo; lloras, y llorarás solo”...

Por todo ello también lloro tanto en mi intimidad.

Desde otro punto de vista, he sido educador de profesión durante toda mi larga vida y por eso me pregunto: ¿Por qué los risueños educandos de otrora en aquel paraíso del Caribe, por el mundo entero en aquellos años de mi juventud tan admirado y visitado, se han tornado momias sin voz ni voto alguno en el concierto civilizado de la humanidad?

¿Por qué ya no más disfrutamos de un José María Heredia que cante inédito a cualquier imponente Niagara del mundo, o de un Félix Varela que sea el primero en el planeta en abrir un surco para una innovadora cátedra universitaria en torno al estudio del derecho Constitucional? ¿O un Carlos Finlay que vuelva a sanear la entera humanidad de un contagio mundial como el de la fiebre amarilla de sus tiempos? ¿Por qué no asoma de nuevo en el horizonte intelectual un matemático cubano como Aurelio Baldor, un poeta heroico como José Martí, u otro musical como Ernesto Lecuona, o un físico como Marcelo Alonso, o una restauradora del ballet clásico como Alicia Alonso? ¿O hasta una poetisa lírica, que con “Amor y orgullo” deja en su huella planetaria tal como lo hizo en su momento Gertrudis Gómez de Avellaneda?... ¿O tantas otras luminarias de la prosa y del drama, de la invención y del método, del heroísmo o de la virtud, como se puntearon en nuestro cielo de otrora?...

Se me ocurren algunas hipótesis muy en lo particular:

Porque ya no se puede pensar como libres en Cuba desde hace dos tercio de siglo. Ni porque tampoco existen la posibilidad alguna de innovar, o de inventar, o de acumular, o de siquiera cuestionar las condiciones mínimas para todo avance creativo del espíritu. ¿O desde cuándo el cementerio se podría haber tornado en fuente de cualquier forma de vida, o de una superior o aun de una la más mínima?...

¡Pues Cuba hoy es un gigantesco y abandonado cementerio para quienes ni siquiera han tenido una sola oportunidad en sus cortas vidas de poder soñar, cambiar, mejorar o de expresarse a voluntad!

Lo que me lleva de nuevo a aquel grito tan melodioso de la por mí siempre muy admirada chilena Violeta Parra, que se extinguió siquiera algo más tarde que el promedio de hoy de los cubanos en una República de Chile aun genuinamente libre con un himno agradecido que solo lo pueden hacer resonar los genios dueños de sus destinos y en sus años mozos:

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio dos luceros, que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes el hombre que yo amo

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado el oído que en todo su ancho

Graba noche y día, grillos y canarios

Martillos, turbinas, ladridos, chubascos

Y la voz tan tierna de mi bien amado

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado el sonido y el abecedario

Con el las palabras que pienso y declaro

Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando

La ruta del alma del que estoy amando.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la marcha de mis pies cansados

Con ellos anduve ciudades y charcos

Playas y desiertos, montañas y llanos

Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio el corazón que agita su marco

Cuando miro el fruto del cerebro humano

Cuando miro al bueno tan lejos del malo

Cuando miro al fondo de tus ojos claros.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto

Así yo distingo dicha de quebranto

Los dos materiales que forman mi canto

Y el canto de ustedes que es mi mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

 

Pero a mis queridos jóvenes desconocidos de la Cuba de hoy: no habéis vivido lo que con tanta facilidad hemos recorrido otros muchos; por eso mismo creo con la tozudez de la fe que Dios os compensará de tantísimo vacío mientras que nosotros los demás sí podíamos vivir a voluntad como Violeta Parra nuestras vidas y celebrar nuestros amores.

No sé cómo llenar tanto tiempo y tanto espacio en el lugar donde yo y millones más los pudimos llenar.

Pero desde una tierra libre os extiendo unas manos tal vez una de muchas pero a aquel estilo del libérrimo San Pedro Claver en Cartagena de Indias hacia los esclavos negros: “Tú eres, oh Señor, el que me restituirás y conservarás mi heredad.”

Y en ese mismo espíritu, al menos, para que también siquiera podáis cantar regocijados algún día en el Paraíso: “¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!”