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Una emergencia mundial

Lo que hará la diferencia son nuestras acciones ahora mismo. Mientras las temperaturas sigan incremenando porque los seres humanos no podemos poner de nuestra parte, las tragedias continuarán y, seguramente, cada vez serán más comunes.

cambio climático
Salvador Paiz |
27 de octubre, 2022

La pista de un aeropuerto derretida en Inglaterra, inundaciones mortales en Estados Unidos, un incendio (McKinney) totalmente fuera de control y tan caliente que generó sus propias tormentas eléctricas, deforestación del Amazonas en Brasil, tormentas tropicales como nunca antes vistas en las costas de Latinoamerica, lagos que se evaporan alrededor del mundo y la lista sigue. Las graves consecuencias del cambio climático ya están aquí. Estamos ya en un estado de emergencia y tenemos que hacer algo ahora mismo.

La temperatura del planeta tierra oscila según un delicado balance de condiciones. Nuestra atmósfera nos protege de la radiación solar y limita el calentamiento de nuestro planeta. Sin embargo, si nuestro planeta fuese una cebolla, la capa de ozono y demás capas de nuestra atmósfera son del grosor de la más delgada capa exterior de esa cebolla. Desde el siglo XIX, la actividad humana ha provocado un efecto invernadero en nuestro planeta debido a la desmedida emisión de gases fósiles (en especial el aumento de concentraciones de Co2). La temperatura media mundial ha aumentado un poco más de 1 grado centígrado desde la época preindustrial. Aún y cuando, en promedio, pareciera un cambio moderado, ese grado está causando cambios bruscos de temperatura de los que todos somos testigos y que provocan los fenómenos que ya mencioné. Está claro que estos no son eventos aislados; el vínculo entre todos ellos es el cambio climático.

El cambio climático no conoce fronteras. El mundo entero es afectado. Sin embargo, los países del triángulo norte, Guatemala, Honduras y El Salvador, son particularmente vulnerables a este problema. Su exposición a huracanes, sequías e inundaciones, aunado a la poca preparación y capacidad de respuesta institucional, se combinan para amplificar el impacto que estos fenómenos generan. Las más afectadas tienden a ser las poblaciones más vulnerables por lo que estas crisis derivan en aumento de la pobreza, problemas de salubridad y la desnutrición. Pero lo más interesante (o lamentable) de todo esto es que la mayor parte de la emisión mundial de gases de efecto invernadero, no proviene de nuestros países. Los tres países del triángulo norte, juntos, contribuyen a alrededor de 0.15 por ciento de dichas emisiones mundiales. Aún así, nuestros países son los que sufren en mayor medida.

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Un ejemplo puntual es en el tema de la agricultura. En nuestros países la agricultura es el método de subsistencia de la abrumante mayoría de comunidades rurales, es un sector crítico en las economías. Por ejemplo, en Guatemala, el sector agrícola emplea a 31 por ciento de la población. Los fenómenos climáticos han repercutido negativamente en la productividad agrícola, causando inundaciones o sequías que terminan con las cosechas. En consecuencia, nuestros países se han visto afectados de manera desproporcionada. Recordemos que la mayoría de los agricultores no poseen ni los recursos ni los conocimientos para adaptarse. Por otro lado, los fenómenos climáticos afectan también la infraestructura de estas comunidades, el suministro de agua y de electricidad, causando que comunidades enteras sigan rezagadas.

Según un análisis del Diálogo Interamericano, todo esto perjudicará el desarrollo económico de nuestros países en el largo plazo. La sequía y la escasez de agua provocarán un aumento en los precios de los alimentos. Además, el aumento de las temperaturas, sin duda alguna, reducirá la producción de alimentos, sobretodo aquellos básicos para nuestra gente, como el maíz y el frijol, o aquellos que son parte importante de nuestras exportaciones, como el café. Pero eso no es todo, se estima que si el planeta se llega a calentar hasta los 2 grados centígrados, la producción de energía hidroeléctrica en Centroamérica caerá 5 por ciento.

Quisiera pensar que no todo está perdido. Que aún estamos a tiempo de revertir la situación y que muchos están haciendo su parte. El Diálogo Interamericano presentó algunas recomendaciones de políticas públicas que buscan apoyar a los países del triángulo norte para tratar de reducir el daño. Entre ellas está apoyar y velar por prácticas agrícolas sostenibles y resistentes que eviten la degradación de bosques, formar a pequeños agricultores en su gestión de cadena de suministro y apoyarles en el acceso al mercado de productos sostenibles y resistentes al cambio climático, fortalecer y empoderar a las asociaciones agrícolas y la gestión forestal comunitaria, para conservar los ecosistemas, implementar programas de aguas limpias, promover la inversión para la generación de energía sostenible y fiable, estimular inversión en la conservación del ambiente, por mencionar algunas. Ojalá logremos aplicar algunas de estas estrategias, antes de que sea demasiado tarde.

En fin, días después del Día internacional contra el cambio climático, escribo estas palabras con la idea de aportar mi granito de arena a esta discusión global. Este es un momento para reflexionar sobre la abrumadora situación que hoy afecta a todo nuestro planeta. Los “grandes emisores”, esos países con una responsabilidad desproporcionada, deben tomar acciones correctivas. A la fecha se han beneficiado de un clásico “free rider problem” de economía. Un sinfín de organizaciones se pronuncian en contra del cambio climático. Muchos de nosotros nos conmovemos al ver las fuertes y devastadoras imágenes del cambio climático. Pero un post en Facebook, un twit o un video que compartimos a través de WhatsApp, no hará la diferencia. Lo que hará la diferencia son nuestras acciones ahora mismo. Mientras las temperaturas sigan incremenando porque los seres humanos no podemos poner de nuestra parte, las tragedias continuarán y, seguramente, cada vez serán más comunes. ¿Qué hacemos entonces?

www.salvadorpaiz.com

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