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Unos pasos en la dirección correcta

Cuando los diputados dependan del voto de sus representantes tendrán que cumplir con su deber de trabajar por su distrito, cumplir con los deberes que le asigna la Constitución Política de la República: legislar, fiscalizar y representar a sus constituyentes.

ley electoral
José Carlos Ortega |
07 de julio, 2022

El proyecto de dictamen de la iniciativa de ley que pretende reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos que está en revisión en la Comisión de Asuntos Electorales del Congreso de la República contiene la tan deseada elección de diputados por nombre y apellido. El poder elegir a nuestros representantes de una forma completamente diferente, además de las que ya hemos mencionado en un artículo anterior  debemos mencionar que las dinámicas en el Congreso de la República cambiarán completamente pues los incentivos se modificarán.

Aunque el elegir diputados por nombre y apellido no es el único cambio que necesita nuestro sistema electoral, es indispensable para romper con muchos de los incentivos actuales que nos han llevado al desprestigio de ese alto organismo donde no importa la representación de la población sino los negocios para la búsqueda continua del financiamiento para la siguiente campaña, y de allí en adelante, el enriquecimiento desmedido y a manos llenas.

Cuando los diputados dependan del voto de sus representantes tendrán que cumplir con su deber de trabajar por su distrito, cumplir con los deberes que le asigna la Constitución Política de la República: legislar, fiscalizar y representar a sus constituyentes.

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Sobre el Congreso de la República recaen varias elecciones que son imprescindibles para el buen funcionamiento de nuestra república. Entre las más importantes están la elección de un magistrado titular y un suplente a la Corte de Constitucionalidad, los 5 magistrados titulares y 5 suplentes del Tribunal Supremo Electoral, los 13 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, así como la totalidad de magistrados a las cortes de apelaciones y otras cortes de igual autoridad, el Procurador a los Derechos Humanos, el Contralor General de Cuentas. Si en cierta medida los congresistas tienen que dar cuentas a sus representados para poder volver a ser electos, cuidarán de elegir de una mejor manera y no únicamente pensando en los intereses partidarios y otros menos nobles.

Toda la discusión del presupuesto de ingresos y egresos del Estado, que fue incrementado en este gobierno de forma extremadamente alarmante, estaría bajo el continuo escrutinio de los representantes de los diputados y la decisión de gasto, malgasto, incremento de impuestos, aumento de la deuda del Estado, bajo la lupa de la ciudadanía.

También la creación de nuevas leyes, que muchas veces pueden significar pérdida de libertades o de propiedad de las personas (si incrementa la inflación por culpa del gasto del gobierno, emisión monetaria o por incremento de impuestos y deuda) estaría continuamente en la mirada de la ciudadanía y cada representante atento a lo que los ciudadanos de su distrito tengan que decir al respecto.

El sistema no sería perfecto, porque siempre hay que realizar controles al congresista para eliminar y desincentivar el clientelismo en todo el tiempo que el diputado esté en el poder, pero eso sucede hoy y de la forma más perversa pues importa más obtener recursos que dar resultados a la población.

En este momento, escondidos en listados de partidos y con unas elecciones en menos de un año, los diputados no nos representan, no dan cuentas a la población y no están buscando ningún beneficio para la población. Esto debe cambiar, y el tiempo es ahora: que el grito de la plaza de 2015 para elegir diputados por nombre y apellido sea una realidad.

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