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¡Vacunación masiva!

Vacunarnos para combatir tanta amenaza a nuestra forma de vida en paz y libertad, es fundamental. Es imprescindible volver a creer que sí es posible.

Carolina Castellanos
20 de enero, 2022

El coronavirus ha ocasionado una revolución que va mucho más allá de la enfermedad misma. Las consecuencias son lamentables. Podemos verlas claramente después de casi dos años.

Hace unos días discutíamos en un chat un mensaje que un anónimo escribió. Decía que los libertarios nos habíamos convertido en socialistas, lo cual rechacé, poniéndome a mí de ejemplo. Esto derivado de las medidas de encierros y limitaciones a nuestra libertad de movimiento.

Las medidas tomadas por los gobiernos a nivel mundial causaron todo tipo de reacciones, como la anterior. Pero más allá de la ciencia, la investigación y el conocimiento que hemos adquirido como población en este tiempo, lo que parece que llegó para quedarse es la intolerancia, el creer que somos dueños de la verdad absoluta y, como tales, tenemos el derecho de atacar a quienes opinan diferente.

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Dos años después, la población mundial, incluyendo nuestra Guate, ha quedado dividida entre los que creen que la enfermedad es una farsa hasta los que la han padecido y hasta perdido seres queridos. Entre los que creemos en las vacunas y los que se niegan a recibirlas. Entre quienes creen que esto es el “nuevo orden mundial” y los que solo lo ven como un virus más. Tantas son las opiniones y posturas radicales que parece que perdimos la oportunidad de luchar juntos para combatir este grave problema.

Por eso pienso que todos necesitamos un montón de vacunas. No me refiero a las que requieren de una jeringa para inyectar alguna sustancia diseñada para evitar adquirir una enfermedad, como la polio, la influenza y otras más. 

La primera sería la vacuna de la tolerancia. Esta permitiría diálogos genuinos de cualquier tema, sea salud, política, economía, ambiente, educación, uso de recursos de gobierno, pago de impuestos y un sinfín de temas más. La tolerancia abriría la posibilidad de alcanzar acuerdos, aunque fueran mínimos, en tantos temas que Guatemala necesita que sean discutidos e implementados más allá de los períodos de gobierno.

Otra vacuna es la anti chaira, anti socialista, anti ideologías que solo buscan dividir y destruir para lograr el control del país y, por ende, de la población. Habría que vacunar masivamente a quienes deciden usar el lenguaje inclusivo, proponer leyes que favorecen a grupos de interés y les otorgan privilegios. Vacunemos a aquellos que “caen” en la trampa de discriminarnos al resto porque, pobrecitos los grupos minoritarios o “diferentes” que se “sienten” excluidos y marginados. Tendría que ser una vacuna muy poderosa.

El Tribunal Supremo Electoral ya anunció las fechas para el inicio de la campaña electoral en 2023 y para la primera y segunda vueltas electorales. Urge que vacunemos masivamente a los políticos, especialmente a todos aquellos que ya están planificando su lanzamiento al “estrellato” de las cámaras de los medios de comunicación, de los mítines a los que acuden los mismos en cada poblado pero que los candidatos explotan tomando fotografías para mostrar el abrumador apoyo.  Creo que la vacuna deberá lograr que tengan un constante llamado a la realidad.  

Quisiera que fuera posible que a todos nos inyectaran una “agüita mágica” que lograra largas y productivas discusiones respecto a la agenda mínima que este gobierno, en el período que le queda, y los próximos dos o tres, deban seguir para de verdad lograr los cambios importantes para el crecimiento y desarrollo de la gran mayoría de la población.

Mientras se debaten en lo que hay que hacer, se olvidan que hay una serie de amenazas que deben ser atendidas. La pésima calidad educativa, unida a la desnutrición, es un caldo de cultivo para implantar doctrinas en esas mentes que son incapaces de razonar y, peor aún, de producir. El círculo infinito de la pobreza no se romperá jamás.

Vacunarnos, o no, contra el coronavirus, es temporal. Vacunarnos para combatir tanta amenaza a nuestra forma de vida en paz y libertad, es fundamental. Es imprescindible volver a creer que sí es posible.

 

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