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Las olimpiadas bajo ataque

Warren Orbaugh
19 de julio, 2021

Estamos a una semana de que se celebren los Juegos Olímpicos de Tokio.

Ningún evento deportivo captura la imaginación del mundo como las Olimpíadas. La Copa Mundial de Futbol puede fascinar a los televidentes europeos y sudamericanos. La Serie Mundial de Baseball encanta a los televidentes estadounidenses. La Copa Melbourne de carreras de caballos puede paralizar al estado de Victoria en Australia. Pero las Olimpíadas pertenecen a todo el mundo. Participar en los Juegos Olímpicos es, no sólo un gran logro, sino un honor. 

El mito griego narra que las Olimpíadas fueron creadas por Heracles (Hércules en castellano) después de limpiar los establos de Áugeas, rey de Élide, labor ésta que le fuera impuesta por el rey Euristeo con el propósito de humillarlo y que debía realizar en tan sólo un día. El hedor de los establos, que no habían sido limpiados por treinta años, podía sentirse a kilómetros de distancia. Dice la leyenda que Heracles se presentó ante el rey Áugeas ofreciéndole limpiar sus establos en un día a cambio de una décima parte de su ganado de tres mil reses. El rey, convencido de que era imposible limpiar sus establos en sólo un día, riendo aceptó la oferta del héroe tebano. Entonces, ante los hijos del rey como testigos, ambos juraron solemnemente cumplir con su parte de la negociación. Heracles, demostrando que era en efecto un paradigma del ideal de la personalidad armoniosa o kalokagathia – armonía y balance entre mente y cuerpo bien desarrollados, declarado en la frase latina mens sana in corpore sano – procedió con un creativo plan que había ideado. En lugar de limpiar los establos sacando el estiércol con una pala, como suponían los reyes que haría, desvió los ríos Alfeo y Peneo haciendo pasar sus aguas por los establos. Los ríos arrastraron las inmundicias y en un solo día los establos quedaron impecablemente limpios. Poco antes de ponerse el sol, Heracles cambió de nuevo el cauce de los ríos y se presentó ante Áugeas a reclamar su pago. El rey se negó a pagar aduciendo que jamás había convenido en tal cosa. Como su hijo Fileo, uno de los testigos de la negociación, le reclamara al rey cumplir con su palabra, el rey, furioso porque esperaba que su hijo se pusiera de su parte, lo desheredó y expulsó del reino junto con Heracles. Finalizados sus doce trabajos y quedando libre para ajustar cuentas, Heracles volvió vengativo al frente de un ejército tebano y venció y mató a Áugeas, cobrándose así la deuda y colocando en el trono de Élide al desterrado Fileo como agradecimiento por haberle apoyado. Entonces instituyó los Juegos Olímpicos – unos gymnic agon (“gymnos” significa desnudo y “agon” certamen) – para conmemorar la ocasión. Homero describe en la Ilíada los rituales de los Juegos en el funeral de Patroclo, aproximadamente en el 1100 antes de Cristo.

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Los Juegos Olímpicos eran uno más de las cuatro celebraciones panhelénicas en Grecia (las otras tres eran los Juegos Pitios, Nemeos y los Ístmicos). Los Juegos Olímpicos pronto llegaron a ser los más importantes y a partir del 776 antes de Cristo se registró una lista de periodonikai – campeones ganadores de premios. La costumbre de registrar el nombre del atleta victorioso refleja una tendencia general de la época, la del esfuerzo del individuo de trascender el anonimato por medio del desempeño físico excepcional, asegurándose así una fama duradera al ganar. Las hazañas de estos campeones eran cantadas en sus ciudades natales. Famosas son las odas triunfales o epinikion de Píndaro celebrando a los campeones panhelénicos en numerosos versos. 

El juego limpio era un requisito sine qua non de los juegos y aquel culpable de prácticas injustas debía pagar una fuerte multa. Para los griegos era sumamente importante ganar bien, triunfar honestamente.

Estos juegos en honor a Zeus duraban cinco días donde la competencia principal era el pentatlón que incluía cinco deportes diferentes y el atleta tenía que competir en todos ellos. Estas cinco pruebas eran la carrera a pie de dos estadios (360 metros), el lanzamiento de disco, el salto de longitud, el lanzamiento de jabalina y el pankration o lucha. Durante la celebración de éstos se hacían carreras de mujeres en honor a la diosa Hera, llamadas Heraia. Los Juegos Olímpicos se celebraban cada cuatro años, declarándose una tregua sagrada – hieromeneia – durante la duración de las competencias, para que todo griego pudiera viajar sin novedad a Olimpia en Élide. 

Fue el Barón francés Pierre de Coubertin (1863 – 1937) quien revivió los ideales griegos en 1894 cuando convocó una asamblea internacional en la Sorbona de París para proponer reunir a los jóvenes del mundo en unas competencias amistosas. Los nuevos Juegos Olímpicos serían, dijo en esa ocasión, un período de concordia donde se olvidarían todas las diferencias de religión, de estatus, política y raza. Fundó ese mismo año el Comité Internacional Olímpico, con Dimitrios Vikelas como su primer presidente, para coordinar las actividades del Movimiento Olímpico. Y con el espíritu del lema “citius, altius, fortius” – más rápido, más alto, más fuerte – que adoptara el Barón de Coubertin en 1900, las primeros Juegos Olímpicos modernos se celebraron en Atenas en 1896, aproximadamente 1500 años después de los últimos registrados en el 393 bajo Teodosio I. 

Ahora, 125 años después, los Juegos Olímpicos están bajo ataque. Están siendo atacados por los progres, esos que odian el progreso y cuyo único propósito es destruir nuestra cultura occidental. La estrategia adoptada es la destrucción del razonamiento lógico, porque saben muy bien que si sus víctimas no pueden razonar eficazmente no pueden identificar la realidad, perdiendo su confianza en sí mismos y su independencia intelectual. Esperan estos perversos, que una vez que sus víctimas se convenzan de que es inútil razonar, se dejen manipular con cuanta arbitrariedad esgriman contra ellas.

¿Cómo lo hacen? Examinemos primero en que consiste el razonamiento lógico. El mundo es la totalidad de hechos y no de cosas. Sólo existen hechos, que pueden ser entes o cosas, y eventos, que pueden ser acciones de entes (hechos objetivos) o pasiones – lo que le sucede a un ente (hechos subjetivos). Cuando un futbolista cabecea una pelota, el fenómeno es un hecho objetivo que todos los que lo observan pueden atestiguar. Pero si su acción le provocó un fuerte dolor de cabeza, es un hecho que sólo él percibe. El dolor que padece es un hecho subjetivo.

Nuestro conocimiento del mundo es por medio de nuestros conceptos o ideas. Sin embargo, nuestras ideas son el medio, no el fin de nuestro conocimiento. Nos conectan con el mundo. Nos sirven para hacernos una representación o imagen de los hechos sin afirmar ni negar nada. La idea de “caballo” evoca una imagen en mi mente que corresponde a un hecho del mundo – en este caso un ente. La representación de los hechos es pues, un modelo de la realidad. La representación de los hechos es a la vez un hecho. El objeto de la representación o concepción es el hecho, que puede ser una cosa o evento. La idea debe corresponder al hecho.

La palabra con la que designo una idea corresponde al hecho. La palabra significa el hecho. El hecho es su significado. La palabra es el instrumento de nuestro pensamiento. El pensamiento o juicio consiste en afirmar o negar algo de un hecho. La proposición expresa el pensamiento o juicio en forma sensible para los sentidos. Aprender a hablar no consiste solamente en memorizar sonidos. Aprender a hablar consiste en comprender significados, en pescar los referentes de las palabras, el tipo de cosas que éstas denotan en la realidad. Cuando un niño aprende a hablar adquiere las herramientas para pensar. Pasa del nivel perceptual al conceptual, de sólo percibir a pensar. La proposición, por afirmar o negar un hecho, necesariamente es verdadera o falsa. Si lo que afirma o niega corresponde con los hechos, entonces es verdadera, si no, no. Si afirmo que María es mujer, y en efecto lo es, mi proposición corresponde con los hechos y por tanto es verdad. Si digo que María no es mujer, y en realidad si es, mi proposición no corresponde con los hechos y por tanto es falsa.

El razonamiento es la inferencia, inductiva, deductiva o abductiva, que a partir de observaciones y premisas me llevan a conclusiones. Es de capital importancia que las palabras usadas en el razonamiento se utilicen como términos bien definidos. Un término es una o un grupo de palabras que describen verbalmente un hecho. No toda palabra es un término, porque no toda palabra por sí misma expresa un concepto. Palabras como “todo”, “pero”, “algún”, “porque”, “rápido”, que son adverbios, preposiciones, conjunciones, artículos, se llaman syncategoremáticos (co-significantes). Por sí mismas las palabras syncategoremáticas no expresan un concepto, pero pueden ser necesarias en conjunto con (syn) otra u otras palabras para expresar un significado. Por ejemplo, en la oración: “No toda palabra es un término, porque no toda palabra por sí misma expresa un concepto”, la palabra “palabra” es categoremática (significante) o un término; “toda” no es un término, pero “toda palabra” expresa un concepto que el término “palabra” por sí mismo no hace. En lógica las palabras syncategoremáticas o co-significantes se adjuntan a palabras categoremáticas o significantes para constituir un único término. Por ejemplo, en la proposición: “La próxima cuota está prevista para el quince del mes de agosto”, el término predicado es “prevista para el quince del mes de agosto”. Un término expresa de forma inmediata un concepto, y de forma mediata la cosa o hecho que significa lo que representa el concepto. El término “mujer” expresa de forma inmediata el concepto “mujer”, y de forma mediata todas las mujeres individuales reales con todas sus características. El término tiene existencia verbal. Sin embargo, representa no sólo su existencia verbal, sino que un existente mental –el concepto, y un existente real –una naturaleza, y en última instancia los entes reales y eventos que tienen esa naturaleza.

El razonamiento eficaz o razonamiento lógico consiste en el arte de la identificación no contradictoria de los hechos de la realidad. Es la aplicación de la lógica –ciencia del razonamiento correcto– a la producción de conclusiones verdaderas, al ajustarse a los principios, de No Contradicción que establece que es imposible para algo ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo aspecto, y de su corolario, el principio del Tercio Excluso que afirma que toda proposición ha de ser verdadera o falsa, es decir, que no hay término medio, que un tercer término o posibilidad entre la verdad y la falsedad está excluido, descartado. Sea cual sea la proposición X, ocurre que es A o no es A. Otra manera de formularlo es: Una cosa dada debe o tener o no tener una característica dada al mismo tiempo y en el mismo sentido. Debe ser A o no ser A. Pero lo que no es A es algo, solamente que algo diferente de A. Por tanto, una violación del Tercio Excluso sería algo que es diferente de A y que no es diferente de A, o sea, una contradicción. “María no es mujer” tiene que ser falso, si “María es mujer” es verdad. No hay tercera posibilidad.

Y para razonar con claridad y eficiencia, y así identificar los hechos de la realidad, es indispensable que los términos sean claros y bien definidos, y no vagos ni ambiguos. Por eso el ataque contra el razonamiento eficaz va dirigido a destruir la claridad del lenguaje. Los progres pretenden crear un lenguaje vago y ambiguo que imposibilite identificar correctamente los hechos. Alentados por la influencia en la destrucción del arte y concepción de belleza burgués que tuvieron Hugo Ball y Marcel Duchamp, dos exponentes del movimiento dadaísta, al convencer a un numeroso grupo de personas de que la belleza es subjetiva, confundiendo el concepto de belleza con el de gusto para sustituirlo en lugar del de orden formal de simetrías armónicas, y el concepto de arte como cualquier cosa que haga un “artista” para sustituirlo por el de excelencia en la técnica de producir imágenes bellas con sentido, se han lanzado a deconstruir el lenguaje. Así, utilizan términos como “justicia social” (que denota la injusticia inherente en la expoliación de la propiedad de unos para dársela a otros) para así destruir el concepto de justicia; o el término “derechos humanos” (que denota privilegios exigidos para unos que deben costear los otros) para destruir el concepto de derecho; o “derechos de los pueblos ancestrales” (que denota unos supuestos derechos “colectivos” – otra contradicción pues los derechos son individuales – que los otros individuos no tienen) para destruir también el concepto de derecho; o “racismo sistémico” para ocultar el racismo de quienes lo esgrimen. 

Ahora los progres, que se han infiltrado en el Comité Internacional Olímpico han autorizado a Laurel Hubbard, un levantador de pesas transgénero de Nueva Zelanda, para que compita en la categoría de 87 kilos femenina, quitándole el puesto a una mujer. Y a las atletas que han osado protestar por esta evidente injusticia las han acallado con amenazas y con la falacia ad hominem de que son transfóbicas. Y es que los progres quieren que finjamos que este hombre es mujer. Quieren convencernos de que la realidad no es objetiva, que no existe independiente de nuestros deseos y caprichos, y de que el razonamiento no es para identificar los hechos. Quieren convencernos de que la realidad es producto de nuestra consciencia y el razonamiento es el medio para crearla. Así, si alguien quiere ser mujer, basta con desearlo y “paf”, como por arte de magia, entonces es mujer. Y aunque no lo consideran necesario, el transgénero puede ayudarse con intervenciones quirúrgicas y tratamiento hormonal para ayudarle a crear la imagen de una mujer. Pero al igual que la Venus Calipigia que es la imagen de una mujer, pero no es mujer sino mármol esculpido, el transgénero podrá verse como mujer, pero no es mujer, sino que varón quirúrgicamente esculpido. En ambos casos estamos ante un producto artificial. Y aunque las reglas dispuestas por el comité indiquen que el atleta transgénero debe tener un nivel de testosterona por debajo de los 10 nmol/L para competir en la categoría femenina, es un nivel que, si una verdadera mujer tuviera, sería causa para descalificarla por doping. Tolerar esta injusticia es apoyar la destrucción del deporte competitivo para las mujeres, que serían desplazadas por hombres transgéneros.

¿Qué pasó con el juego limpio que era un requisito sine qua non de los juegos? ¿Y si el culpable de prácticas injustas es el mismo Comité Internacional Olímpico? Si para los griegos era sumamente importante ganar bien y triunfar honestamente, ¿qué sucederá con los Juegos Olímpicos si esto ya no importa? ¿Conducirá a la destrucción de las Olimpiadas?

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