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Inversión podría ser golpeada por lucha de poderes, afirman expertos

Allan Martinez
29 de agosto, 2017

Un cordón humano formado por agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), divide a dos grupos que cruzan agresiones verbales y se enfrentan por la decisión del presidente Jimmy Morales de expulsar del país al jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Iván Velásquez.

“No se va, no se va, Iván no se va”, cantan al ritmo de tambores, redoblantes y panderetas, un grupo de guatemaltecos, mientras con la mano alzada agitan la bandera azul y blanco.

Del otro lado otros chapines, arropados con la bandera nacional, gritan “que viva la Constitución, el Estado de Derecho, CICIG sí, Iván no”. Unos más los respaldan “fuera Iván Velásquez”.

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La confrontación saltó a la vista el 27 de agosto en las manifestaciones a favor y contra de Velásquez que confluyeron en la sede de la CICIG, ubicada en la zona 14.

¿Por qué el tema nos ha polarizado? Un sociólogo y un politólogo hablan de este problema social.

Frustración y desesperanza

El sociólogo Aníbal Chajón afirma que el problema de fondo es que “afloran los sentimientos de frustración que como ciudadanos tenemos acumulados. Las manifestaciones y la renuncia de Otto Pérez Molina, el año pasado, le hicieron percibir a la población la esperanza de un cambio” y ello se fortaleció cuando “ganó las elecciones una persona que no parecía estar vinculada por los grupos de poderes anteriores”; sin embargo, deja entrever que eso no pasó.

A ello se suma “todo el malestar que hay por el tema económico, la situación política, el problema del tránsito en la ciudad y las deportaciones de Estados Unidos. Entonces, todo ese cúmulo de emociones afloran”, agregó Chajón.

Sin terceras opciones

El analista político, Edgar Ortiz, señala que “como no hay instituciones sólidas que de alguna manera generen confianza en la población, se tiende a personalizar los cargos. Lo que ha pasado por la falta de instituciones es que el comisionado y la Fiscal General se han tornado como la parte buena por la lucha contra la corrupción y la clase política es vista como el enemigo común. En la medida que el Comisionado tuvo un desgaste por las reformas a la Constitución se debilitó su imagen”.

Luego enfatiza: “El problema de una sociedad polarizada es que se marginan otras opciones, no puede haber una tercera o cuarta opción. Se tiende a marginar a los moderados y a radicalizar las posturas”.

Esta coyuntura no se ha terminado. La división social en torno a la figura de Velásquez apenas empieza y se teme que seguirá aflorando en los próximos días.

Los insultos reflejan el malestar hacia las autoridades y los problemas que enfrenta el ciudadano.

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