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Italo Clavería: “Alargar el confinamiento no hará desaparecer el virus, pero sí empresas y empleos”

Braulio Palacios
24 de julio, 2020

El gerente general de Fashion Group, Italo Clavería, comparte la preocupación diaria que vive en su afán de no dejar morir un sueño que nació en 1988 y del que dependen 88 empleados y más de 250 personas que integran sus familias. Para Claveria, quien está al frente de 19 tiendas -como Bass, Fratelli, Dr. Scholls y Xti-, cerradas desde hace más de 120 días por el confinamiento, la situación sobre el covid-19 no cambiará porque el virus estará ahí. Caso contrario pasará con las empresas, que ante la insostenible situación tendrán que cerrar y despedir a sus trabajadores. ¿Qué propone? Romper el miedo y comenzar a abrir el comercio formal de manera inteligente, segura y responsable. 

Son más de 120 días que las tiendas no pueden abrir, ¿cómo afronta el desafío de continuar un día nuevo?

– Esa es la duda que nos está matando a todos: ¿cómo vamos a salir de esta situación? Es una crisis de tal magnitud que, si bien los gastos se han reducido porque estamos cerrados, para atender nuestras obligaciones vivimos con el 5% de los ingresos (flujo de caja) que teníamos antes de la pandemia. Esa es la pregunta que viene a la mente de uno las 24 horas: cómo voy a hacer para sacar adelante mi empresa y a mis empleados. Yo me preocupo por mis empleados porque tienen mucho tiempo de estar en la empresa y necesitan llevar comida a su mesa. 

¿Cuántas personas trabajan para Fashion Group y dependen de su salario mes a mes? ¿Qué le han dicho sus empleados sobre cómo viven por su lado la situación?

– Tenemos 88 empleados, al inicio de la pandemia teníamos 100. Tuvimos que despedir a 12 personas. Eso significa un 12% de nuestra planilla. Un empleado normalmente está casado y tiene dos hijos. Se calcula que por cada empleado hay tres personas más en casa que dependen de ese empleo. Hablamos de más de 330 personas que ahora dependen del salario que hoy están recibiendo vía el gobierno. Si bien es una gran ayuda, está reducida en un 30%. Las personas solo ganan un 70% de su sueldo con esos Q75 diarios de ayuda, pero por lo menos lo tienen. Si las empresas lo tuvieran que seguir pagando, ya hubieran cerrado o hubieran más despedidos. 

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En el caso de Fashion Group, ¿los empleados reciben el beneficio del Fondo de Protección al Empleo?

– Si, la mayoría de personas se tuvo que acoplar, se suspendió a los empleados. Esa fue la opción que quedó. La otra opción es que la empresa absorba el pago, pero no se tiene para el pago de planilla completa cada 15 días, electricidad, seguros, cuotas patronales. Hay un montón de gastos que continúan. Nuestros empleados nos han dicho que la han pasado mal, pero por lo menos reciben esa parte y ponen lo básico en su mesa, principalmente comida. 

“Sería triste cerrar el negocio al que dediqué más de la mitad de mi vida”

¿Para sobrellevar la situación han tenido que adquirir una deuda?

– Todo el mundo ha tenido que sacar ahorros o pedir alguna línea de crédito en los bancos para poder sobrevivir y pedir a proveedores que retrasen los cobros, el diferimiento del ISO (Impuesto de Solidaridad) que hizo la SAT. Al final, en este tema estamos adentro todos. Es un problema de nación. Es un problema grande que como nación lo tenemos que arreglar. No es un problema único de un sector.

Una pequeña tienda tiene una cadena de valor y los problemas que hay alrededor no son visibles. Si cierro mi tienda y despido a dos empleados, serán dos personas que no tendrán un ingreso fijo al final del mes. Si cierra hay un dueño del local que tiene el local vacío y en un momento como este no tendrá quien lo arriende. Deja de recibir esa renta y por tanto también deja de consumir. Cuando varias personas dejan de consumir produce un agujero fiscal en la caja del gobierno. Sin ventas no hay IVA, que es casi la mitad de lo que se recolectan de impuestos. Cuando no hay comercio formal funcionando hay una merma en el IVA. Se calcula en Q115 millones el IVA que no se recauda por el cierre de las tiendas en los centros comerciales. 

Fashion Grupo tiene 19 tiendas, todas en centros comerciales con comercios cerrados. ¿Qué significa tener paralizada la empresa por más de 100 días?

– Significa un enorme estrés. Significa un montón de preocupación y la gente hasta se enferma. Todos tenemos compromisos. Hay muchos compromisos en la cadena de valor. Por ejemplo, los proveedores a quienes dejamos de pagar están presionando por sus pagos. Hay mercadería terminada y que ya no se pudo traer al país pero que hay compromiso de traerla en algún momento. Y ahora no es el momento. Tenemos la presión de nuestros empleados. Tienen incertidumbre de cuándo se abrirá. Nosotros pagamos el Bono 14 y eso seguro llevó comida a la mesa de los empleados. Es una serie de preocupaciones todas las noches. Son 24 horas del día en el que uno piensa cómo reactivar y cuáles tiendas se tendrán que cerrar definitivamente. Será otro el panorama el que vamos a encontrar cuando abramos.

¿Qué es lo que más le preocupa de la situación que se vive como país?

– Me preocupa la situación económica. Construir economía lleva años, destruirla, ya vimos que en cuatro meses todos en Guatemala estamos siendo afectados económicamente, sin importar el sector. En cuatro meses se han destruido miles de empleos. Hay 100 mil despedidos y como 200 mil suspendidos, que solo reciben el 70% de su salario. Es bastante el porcentaje de gente que está suspendida y pasándola mal. Si cerramos la tienda, no compramos bolsas y el señor de la imprenta también sufre. Él tiene que despedir a su personal. Sus ex empleados dejan de consumir. El señor que le vendía a la imprenta la tinta tampoco importa su producto y tampoco la SAT recauda. Es todo un círculo vicioso el que se forma cuando se daña la economía. Muchos hablan que solo las empresas grandes serán afectadas y los demás, no. Es mentira. Todos vamos a salir dañados, porque la economía somos todos. De hecho, todos estamos dañados de una u otra manera. 

Si la situación se alarga de manera indefinida, ¿hasta dónde cree que su empresa y la de otros pueden soportar?

No creo que las empresas aguanten dos o tres meses más. Va a haber muchos más cierres y despidos. Lo peor de todo es que el virus (covid-19) va a estar ahí cuando salgamos. Si alargamos esto (confinamiento), de todas maneras el virus estará ahí. Ese miedo lo tenemos que romper y comenzar a abrir el comercio formal de manera inteligente, segura y responsable. 

“El comercio formal debe de abrir de una manera ordenada, inteligente y con todos los protocolos de seguridad”

¿Usted cree que los centros comerciales pueden reabrir sus puertas tomando medidas y protocolos para evitar más contagios de covid-19?

– Si, definitivamente. Incluso, ya están listos. Yo he caminado en los centros comerciales y he visto el buen trabajo que han hecho. Tienen señalizado para respetar el distanciamiento y los protocolos para ingresar a una tienda. Cada cliente que quiera ingresar a un local deberá aplicarse gel en las manos, dejar que se le tome la temperatura corporal, limpiar su calzado, usar mascarilla y mantener la distancia social recomendada. Los locales ya tienen establecido el límite de personas que pueden estar adentro: una persona por cada 10 metros cuadrados. Los arrendatarios de centros comerciales estamos más preparados, y con mucha más experiencia de lo que funciona y no funciona por la experiencia en otros países.

Es fácil decir la frase “se cierra una empresa y se pierden miles de empleos”, pero una empresa es al final el sueño de un emprendedor. ¿Cómo le hace para no dejar morir ese sueño que inició en 1988 y el que también se volvió el de sus empleados que encontraron una oportunidad ? 

– En esas estamos. Tratamos de volvernos más creativos. Tenemos redes de compras en línea. Nuestros clientes comienzan a comprar por esa vía. Si bien no compensa lo que vendía una tienda antes de la pandemia. Un negocio es el sueño de alguien que tuvo una idea. Los primeros años son muy difíciles. Un índice en EE. UU. dice que por cada negocio que abre, después de un año más de la mitad cierra. Llegan a cumplir cinco años solo el 12%. Y negocios que llegan a los más de 25 años solo el 5%. Así de difícil es mantener un negocio. 

Tener que cerrar un negocio es truncar los sueños de un emprendedor. La empresa tiene 32 años. Para mí sería una tristeza cerrar un negocio al que le he dedicado la mitad de mi vida. Yo voy a luchar, me da tristeza cerrarlo. Voy a luchar de la mano de mis colaboradores. Pero queremos también la mano del gobierno para que nos autoricen salir a trabajar con medidas coherentes y la apertura inteligente y pro-positiva de protegernos. 

No puede haber economía sin salud y no puede haber salud sin economía. ¿Qué va a hacer una persona enferma, sin haber un lugar donde lo atiendan, con escasez de medicamentos y sin un sueldo? ¿Con qué se va a curar? ¿Y cómo va a trabajar si está enfermo? Eso es lo que hace de este problema un problema serio, muy sui generis. Nunca lo había visto. Es un problema de salud que se convirtió en un hoyo económico grande. 

“Construir economía lleva años, destruir miles de empleos tomó cuatro meses”

La situación no está para “sentarse a llorar”, sino para encontrar una solución. ¿Usted cree que la respuesta sí está en una apertura de la economía responsable?

– Sí, estoy seguro de que el comercio formal debe de abrir de una manera ordenada, inteligente y con todos los protocolos de seguridad, cuidándonos unos a los otros. Eso va a ayudar a aliviar la tensión. Entre más industrias estemos cerradas más se afecta a la economía del país. Tenemos que ir abriendo la economía poco a poco. Los gastos a los que nos estamos comprometiendo al abrir son grandes. Tenemos que proveer mascarillas, el alcohol en gel y pagar el transporte.

Estoy seguro 100% que con el comercio formal el problema económico que se vive ahora se arregla para todos: el Estado (recibe impuestos), empleados (salario total) y los empresarios (recuperar el tiempo perdido).  Podemos salir adelante pero necesitamos que nos dejan trabajar. Entre más tiempo estemos cerrados, nos colocan en una posición más difícil.

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