24° GUATEMALA
30/05/2023
Política
Política
Economía
Economía
Finanzas
Finanzas
Emprendimiento
Emprendimiento
Vive
Vive
Elecciones Guatemala 2023
Elecciones Guatemala 2023
Internacional
Internacional
Opinión
Opinión
Migrantes Chapines
Migrantes Chapines
Automotriz
Automotriz

La Revolución de 1944 y la República

Redacción República
17 de octubre, 2014

Aunque aquella Guatemala de mediados del siglo XX parezca lejana para nosotros, muchos de nuestros bisabuelos y abuelos se involucraron en la política para poder dejarnos un país diferente. Ellos estaban cansados de los malos gobiernos y de dictadores. Por ejemplo, Estrada Cabrera estuvo 22 años en el poder, de 1898 a 1920.

Ricardo Asturias, en un foro del Museo Popol Vuh en la Universidad Francisco Marroquín opinó que con Cabrera Guatemala se quedó estancada. “Los que le siguieron también querían perpetuarse en el poder. Todos lo intentaron pero Jorge Ubico fue el que lo logró”, dijo en referencia a que se quedó 14 años en la presidencia, de 1930 a 1944.

Mucho se ha dicho de los aspectos negativos de la dictadura de Ubico, por ejemplo creó una Asamblea Legislativa a su servicio y tenía a sus allegados en los principales puestos de la administración pública. También limitó las libertades de los ciudadanos, quienes eran vigilados en todas sus actividades.

SUSCRIBITE A NUESTRO NEWSLETTER

“Éramos estudiantes pero no teníamos libertad de expresión ni de reunión, no podíamos conseguir ciertos libros pues muchos estaban prohibidos. Nos adaptamos a la dictadura, se sentía la presión por todos lados” rememoró.

“No había delincuencia porque la gente tenía miedo, pero tampoco habían libertades”, aseguró en esa ocasión. Fue una olla de presión que iba a estallar en 1944. “Había que hacer algo, no podíamos seguir en esa situación. Los jóvenes fueron muy importantes en la Revolución”, afirmó.

En junio de 1944 se iniciaron varias protestas, principalmente de universitarios y maestros, que llevaron a Ubico a renunciar en julio. Quedaron en su lugar Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda. Posteriormente, Ponce quedó al mando por lo que la asonada del 20 de octubre lo encontró a él en el poder.

La gente dijo basta

Según María del Rosario Valenzuela, en su libro ¿Por qué las armas? Desde los mayas hasta la insurgencia en Guatemala, la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1944 estuvo integrada por los líderes del Movimiento del 20 de Octubre.

Ellos eran Jacobo Arbenz, quien sería ministro de Defensa bajo la presidencia de Arévalo y luego presidente; Francisco Javier Arana, quien ocuparía el cargo de jefe de las Fuerzas Armadas; y por el empresario progresista Jorge Toriello, que dirigió el país entre el 20 de octubre de 1944 y el 15 de marzo de 1945.

Este gabinete fue conformando un proyecto de reformas político-administrativas importantes y significativas para intentar cambiar, sanear y desarrollar el país.

Según los documentos históricos de la Cinemateca Universitaria Enrique Torres, el 26 de octubre de 1944 más de 100 mil guatemaltecos (una suma impresionante si se toma en cuenta que la población en aquel tiempo era de 2,368,662 habitantes) se lanzaron a las calles a manifestarse en favor de la revolución. El mismo material señala que en esa multitud se mezclaron personas de todo tipo, de todos los extractos sociales haciendo hincapié que también estaba la mujer guatemalteca.

Fue un gran cambio

Dentro de las acciones tomadas, Valenzuela detalla que la retrógrada Asamblea Nacional fue disuelta, fueron abolidas leyes dictatoriales y antipopulares; la odiada policía secreta del régimen de Ubico fue depurada y reemplazada por la Guardia Civil. Los altos mandos del Ejército fueron revocados. Se convocó a una Constituyente y se eligieron nuevos diputados al Congreso y a la Asamblea Constitucional.


Según crónicas de la época, los ciudadanos recibieron con mucho entusiasmo el ofrecimiento de elecciones libres, tanto para el Congreso como para la Presidencia. Por esa razón, se acercaron masivamente a votar en diciembre de ese histórico 1944.

Valenzuela relata que apenas mes y medio de la caída de Ubico ya había diez partidos políticos y nueve candidatos presidenciales. Los principales partidos eran Partido Liberal Radical (PRL, ubiquista), el Frente Popular Libertador (FPL) y el Partido de Renovación Nacional (PRN). Estos dos últimos se unieron para llevar como candidato presidencial a Juan José Arévalo.

La Constitución Política originada en la Revolución del 20 de octubre de 1944 fue sancionada por la Junta Revolucionaria de Gobierno el 13 de marzo de 1945, y entró en vigor dos días después, coincidiendo con la toma de posesión del presidente electo, Juan José Arévalo obtuvo el 85% de los votos. Según Valenzuela, esta constitución tenía un carácter democrático, revolucionario y nacionalista, estaba inspirada en la Constitución mexicana y en la Constitución de la España republicana.

Los principios

El decreto ley No. 17, del 28 de noviembre de 1944, declaró los principios fundamentales de la Revolución del 20 de Octubre. Con excepción de uno, esos principios fueron incorporados a la nueva Constitución Política de Guatemala que estuvo vigente hasta 1954.

Los 10 principios fundamentales son los siguientes: I) descentralización de los poderes del Ejecutivo y del Estado. II) Supresión de designados a la presidencia y sustitución de estos por un vicepresidente. III) Alternabilidad en el poder, aboliendo la reelección y reconociendo al pueblo el derecho de rebelarse cuando se intente. IV) Nueva Constitución y organización del Ejército. V) Organización democrática de las municipalidades mediante la elección popular de sus miembros.

La segunda mitad de los principios son: VI) Autonomía efectiva del Poder Judicial. VII) Autonomía de la Universidad Nacional. VIII) Reconocimiento constitucional de los partidos políticos de tendencia democrática. IX) Sufragio obligatorio y voto secreto para el hombre alfabeto. Sufragio obligatorio y voto público para el hombre analfabeto, limitando su ejercicio a elecciones municipales. Reconocimiento de la ciudadanía a la mujer preparada para ejercerla. X) Efectiva probidad administrativa.

Como podemos ver, estos principios fortalecen al Estado Republicano, que otorga preeminencia a los derechos individuales o fundamentales, ya que se privilegia la libertad individual y de expresión con responsabilidad y ética. También se privilegia en estos principios, al igual que en los republicanos, el imperio de la ley y la ciudadanía activa, valores cívicos y oposición a la corrupción para delimitar el ejercicio del poder público, así como la dispersión del poder y la soberanía de los organismos del Estado.

SÍGUENOS EN