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El bello cielo de noviembre nos llena de paz

Redacción República
07 de noviembre, 2014

Dicen que las mejores cosas en el mundo son gratis, y en el caso de los atardeceres es cierto, cualquiera puede detener su marcha o lo que esté haciendo para llenar su mirada de belleza. Este fenómeno atmósferico conocido tradicionalmente como “celajes” sucede cuando la luz solar recorre un camino más largo hasta llegar a nosotros, y los diferentes colores que conforman el espectro de luz solar acaban casi totalmente difundidos en el cielo.

Sólo los rayos rojos son los que menos se desvían y siguen un camino recto que nos permite verlos al atardecer, pintando el cielo de ese color. De ahí el color rojo o incluso rosa del atardecer, que suele coincidir con días despejados de mayores presiones atmosféricas, como los que vivimos durante la estación seca.

La imagen fue tomada en la carretera Interamericana y los colores son reales, ya que la fotografía carece de tratamiento digital.

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Vivian Roldán, meteoróloga del Instituo de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), sañala que el fenómeno se origina en estas fechas porque hay menos concentración de humedad lo que permite que exista menos nubosidad permitiendo apreciarlos mejor. Además, hay que sumarle ese viento frío que nos hace sentir más sensibles.

Desde siempre esta belleza natural ha fascinado al ser humano. No es casualidad que inspire toda clase de creación artística (pinturas, fotografías, poemas, canciones) y mensajes de esperanza y paz. Para cualquier pintor, o aspirante, es todo un reto tratar de plasmar de manera al menos parecida en un lienzo los tonos que la naturaleza despliega en el cielo.

Más allá de lo que científicamente esconde un celaje, lo que nos hace sentir, el imponente espectáculo, tiene mucho misterio. A través de los siglos hemos desarrollado un sentido estético como parte de las más amplias facultades analíticas de nuestra mente.

  

El filósofo Dennis Dutton ha sugerido que las planicies ondulantes con algunos árboles aquí y allá, que tan a menudo se representan en las pinturas de paisajes, nos parecen hermosas porque nos recuerdan las sabanas de la época del Pleistoceno, cuando el Homo erectus comenzaba a desarrollar un sentido de la estética.

Los cielos rojizos del atardecer pueden haber sido muy habituales en aquellos paisajes y en una era en la que la noche era el momento más peligroso. Probablemente apreciar el último suspiro del día después regresar a un cobijo seguro sería especialmente importante para aquellos hombres y mujeres.
Así que suspire, vea con calma cómo se esconde el sol y luego regrese a su hogar con los que ama a descansar, esperando que mañana sea un día mejor.

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