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María del Rosario Molina, una mujer rompiendo esquemas

Redacción República
18 de julio, 2014

Su nombre completo es María del Rosario Soledad Luz Carmen Loreto Lourdes Mariana de Jesús Marta Molina, ya que era una costumbre familiar poner nombres largos. Cuando le tocó sacar su DPI tuvo muchos problemas por esta razón. “Pero al fin ya no soy indocumentada”, comenta divertida.

María del Rosario es una mujer madura con la que es un gusto conversar. Además de su belleza, que sigue realzando con coquetería, sobresale una vasta cultura general que es aderezada con interesantes anécdotas y vivencias.

Nos recibe en su casa para contarnos acerca de su trayectoria, no sólo como “la doctora corazón del idioma”, como la llama su hija por la cantidad de consultas que recibe, sino también de su experiencia como la primera guatemalteca que participó en Miss Universo, en 1955.

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¿Cuántos años tenía cuando fue electa Miss Guatemala? ¿Cómo llegó a un concurso de belleza? 

                                     

Tenía 16 años recién cumplidos y llegué al concurso porque mi padre, que trabajaba en la Auditoría de la IRCA (después FEGUA) le mostró una fotografía de mis 15 años a Chita de Klanderoud, secretaria en la Gerencia. Entre otras 150 candidatas me eligieron para patrocinar mi participación en el concurso ya que en ese entonces las candidatas eran patrocinadas por empresas. Participé y gané, luego representé a Guatemala en Miss Universo y quedé en sexto lugar.


¿Existe algún aspecto negativo de ser bonita?

A la mujer que consideran bonita inmediatamente le colocan un marbete en la frente: bonita, pero bruta. Antes de ser electa Miss Guatemala, yo ya escribía y los poetas me auguraban una buena carrera literaria, pero cuando me eligieron me pusieron una etiqueta de tonta que me costó mucho quitarme. Pero yo me esforcé, seguí escribiendo y llegó el momento en el que tuvieron que reconocer que yo no era una mujer vacía.


Se ven mujeres bellas que no se esfuerzan por crecer en otros ámbitos, pero usted no es una de ellas. ¿Siempre tuvo otro tipo de aspiraciones? ¿por qué?

En realidad, fui un “patito feo” en los colegios y nunca me ocupé de mi físico, excepto en los deportes, pero lo que me llenaba desde entonces era escribir. Redacté mis primeros poemas y ensayos a los 10 años. Esa era mi aspiración: describir ya fuera en verso o en prosa lo que sintiera, lo que pensara. Pero creo que hay muchas otras ex reinas de belleza que son profesionales y muy buenas en lo que hacen.


¿Se considera usted feminista? 

     

Sí, pero sin extremos. Estoy en contra del machismo, estoy de acuerdo a que a la mujer se le debe respeto y reconocimiento. El talento no tiene sexo.


¿Cuándo se casó? ¿cuántos hijos tiene? ¿nietos?

Me casé en 1963, tengo dos hijos y una hija, y tres nietas y dos nietos. Me satisfacen mucho, me hacen muy feliz.


Cuéntenos más de su carrera académica

Soy traductora profesional de cuatro idiomas y jurada de dos. Mi afición al estudio me llevó a estudiar lingüística con don Orlando Falla y con don Salvador Aguado en la Universidad Francisco Marroquín. También estudié Ciencias Políticas e Historia del Arte, con un diplomado en la misma universidad. He publicado algunos libros: la novela “Amapola, córtate la trenza”, “Cuentos cortos y cuentos ‘largos’ “, “Poesía de María del Rosario Molina” y “Horrores idiomáticos y algo más”. Y tengo bastante más por publicar. Enseñé siete años de traducción en Elite, siete de Seminario de Tesis en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales y tres años más de Comunicación Escrita, ambas en la Universidad Francisco Marroquín.


¿Tuvo problemas para combinar su vida académica y profesional con su vida familiar?

No, jamás tuve problemas para combinar mi hacer hogareño con mis estudios ni posteriormente con la docencia. Tuve la suerte de tener un esposo que se sentía orgulloso de cada conocimiento que yo iba adquiriendo.


En cuanto al idioma y la literatura ¿cómo llegó a las letras? ¿qué le apasionó de esa rama del arte? 

 

Mi papá, mi primer maestro, me leía poemas desde que estaba en la cuna, yo era hija única. A los cuatro años yo ya sabía leer y la literatura me

fascinaba. Entonces leía cuentos de Andersen, de los hermanos Grimm, de Perrault y otros, y recitaba poemas de memoria. Con la lectura vino la corrección idiomática, aunque esta última se podría decir que la mamé porque tanto mi papá y mi abuelo, miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua, como mi mamá, hija de un escritor, poeta y periodista, hablaban bien en casa.


De acuerdo a las numerosas consultas que recibe, la gente se interesa por resolver dudas sobre el idioma. ¿No todo está perdido para nuestra bella lengua?

La gente sí se interesa por escribir bien, pero opino que la Real Academia Española es cada vez más permisiva y eso no ayuda al idioma. No es que yo sea purista, acepto de buen grado tecnicismos y otras palabras que no tienen equivalencia en español. Pero hay otros que sí ya tienen equivalencia en nuestro idioma, hay que usarlos.


Tantos años después, ya con la perspectiva que dan los años ¿qué opina de los concursos de belleza? 

Como dice el Eclesiastés, hay un momento para cada cosa. Las jovencitas sueñan con ser reinas de belleza, es algo muy atractivo. Ya habrá tiempo de proseguir con los estudios mañana. Toda mujer debe tener su dosis de vanidad en determinado momento, si se ve al espejo debe gustarse. Pero los concursos de belleza son para una época determinada, hay que seguir adelante y formarse porque la belleza es temporal.

 

      

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