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Leo ya está con su mamá, EE. UU. los separó por ser migrantes

Henry Pocasangre
07 de agosto, 2018

Los tres meses más eternos para Lourdes fueron cuando estuvo separada de su hijo. Al verse de nuevo, un abrazo fue suficiente. Esta es la historia.

La política “Tolerancia Cero” impulsada por Donald Trump desde mayo pasado, ha causado mucho daño, según activistas promigrantes en Guatemala y Estados Unidos.

Lourdes Marianela de León López y su hijo Leo Jean Carlo, fueron víctimas de las acciones antimigrantes de la actual administración.

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Leo extrañaba todas las noches a su mamá. Pensaba en ella desde un albergue, rodeado por decenas de menores también separados al cruzar la frontera sur.

Lourdes hacía una oración pidiendo a Dios volver a ver a su pequeño. Cuando la llamaban del albergue para que conversara con Leo, se armaba de valor y las palabras de siempre era, “pronto estaremos juntos”.

Él estaba en un albergue en Cayuga Center, Nueva York, ella en San Pablo, San Marcos. Él quería ver a su mamá. Ella solo quería abrazarlo.

*Video por Vinicio Ayala

El reencuentro

Tres meses fueron como un año para Lourdes. La noche antes de ver a Leo no pudo dormir. Salió de madrugada desde San Marcos para estar a las 7.30 horas en la capital.

El reencuentro estaba previsto en el Albergue Nuestras Raíces, a cargo de la Secretaría de Bienestar Social (SBS).

Lourdes esperaba ansiosa por entrar y comenzar el papeleo. Leo estaba en un vuelo comercial rumbo a Guatemala, junto a otros tres niños que también serían reunificados.

Las horas pasaban lento, el avión se retrasó. Ella esperaba en una sala con otros padres.

“Son muchas emociones encontradas pero contenta porque ya lo voy a ver”, dijo a República durante una conversación previo a reencontrarse con su pequeño.

Lourdes recuerda que cuando le quitaron a Leo estaba en la “hielera”, un centro de procesamiento de migrantes detenidos en la frontera, conocido con ese nombre por la baja temperatura que mantiene.

Lourdes espera para ingresar al albergue donde se reencontrará con Leo. (Foto: Vinicio Ayala)

“Solo me dijeron que iba a iniciar un proceso, pero ya terminado me lo iban a devolver, ya pasaron tres meses, y hasta ahora”, lamenta.

Ella no tiene quejas del albergue donde su hijo estuvo. Él le contaba por videollamadas que lo trataban bien. Leo recibió juguetes, ropa y hasta visitó un museo.

“He estado triste, mis días no son iguales que cuando él estaba conmigo. Me fui por un mejor futuro”, reconoció.

Llegó el momento

Un microbús se detuvo en la vieja puerta de madera que custodia la entrada de Nuestras Raíces, trabajadores de la SBS bajaron a toda prisa.

Varios niños ingresaron a la casa, entre ellos Leo. Adentro está Lourdes, que solo se percata de algunos gritos de “bienvenidos niños”, y aplausos de los trabajadores del albergue.

Unos menores migraron sin compañía de un familiar y llegaron a EE. UU., y otros fueron detenidos en México, reciben comida y pláticas con trabajadores sociales y psicólogos.

Al fin llegó el momento que Lourdes tanto esperaba. Un empleado del lugar la llama, camina unos metros y encuentra a su hijo.

Lourdes recibe a Leo, quien llegó de Nueva York. (Foto: Vinicio Ayala)

Es Leo, con una gorra azul que cubre la mitad de su rostro, una playera del hombre araña, pantalón de lona y unos tenis que no recuerdan el camino al mal llamado “sueño americano”.

Las lágrimas no faltaron en el acogedor abrazo de una madre que nunca perdió la esperanza de volver a ver a su hijo.

A Leo le espera una bienvenida con familiares y vecinos, volver a la escuela y terminar la preparatoria.

Seguir la vida

“Extraño mucho a mi mamá”, dice Leo, el niño que era extrovertido y juguetón.

El pequeño cuenta que se sintió bien cuando vio a su mamá. “Cuando me separaron me sentí triste”, asiente el pequeño.

Según Leo, lo primero que hará al regresar a San Marcos es usar sus juguetes y volver a la escuela.

Leo abraza a su madre luego de tres meses de no verla. (Foto: Vinicio Ayala)

Ahora que Lourdes tiene a su niño de regreso, está segura de no querer migrar otra vez. Sobre todo por la separación de su hijo.

“Es lo peor que le puede pasar a uno de madre. Le tocan a uno lo que más quiere”, afirma.

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