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Historias Urbanas | Combatiente a solas

Invitado
18 de julio, 2021

Combatiente a solas. Esta es la historia urbana de José Vicente Solórzano Aguilar.

Mi primo Juvenal siempre libró sus batallas a solas. Podía sumar adhesiones a su causa, todo el mundo corría a inscribirse: al final se quedaba con sus propias fuerzas y encaraba las represalias con los ojos bien abiertos. Así eran las cosas y siempre las aceptó, tal como llegaran, sin molestarse.

Soportó los dolores causados por la hernia que se le prendió a la espalda hasta que se resignó y aceptó la operación. Mientras convalecía le detectaron la covid-19. Los síntomas son leves: perdió el sentido del gusto y la tos le martillea el pecho. «Pero no me podían tener hospitalizado porque ya no quedaba espacio para los enfermos más graves», nos dijo cuando hablamos la penúltima vez con él. «Me tuve que regresar a la casa», nos contó.

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El combatiente contra el virus

Decidió entregarle su teléfono al médico que lo atiende. «Esta es mi pelea y la enfrento yo solito», nos comentó, «si me pongo grave el doctor les avisa». Desde entonces lo tenemos presentes en nuestras oraciones. Estamos seguros de que sabrá resistir a los invasores que amenazan con abrumar sus defensas. Si se sobrepone, lo sabremos de su propia voz.

Espero que tengamos ocasión de reanudar nuestro debate acerca del origen de la covid-19. También de la hipocresía de los gobernantes electos por el voto popular en el país y sus más recientes hallazgos en nuestro remoto árbol genealógico.

Le gusta investigar quiénes somos y de dónde venimos. La última rama se extendía hasta Olopa. Dice que sus hijos van a heredar un montón de papeles escritos con letra enredada y no sabrán qué hacer con ellos. «Tienen otros intereses, así los educó la mamá», nos dijo.

Yo sólo compruebo que los males de este mundo siempre caen a raudales sobre las personas justas.

La gente que le hizo daño, pudiendo ayudarlo, anda pavoneándose como si nada hubiera hecho. Si lee estos apuntes, mi amigo dirá que no debo molestarme por lo que lo no depende de mí y me citará de nuevo a Epicteto, su filósofo favorito:

«Acusar a los otros por nuestros fracasos es de ignorantes; no acusar más que a sí mismo es de hombres que comienzan a instruirse; y no acusar ni a sí mismo ni a los otros, es de un hombre ya instruido».

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