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Silvio Berlusconi dice adiós a su aspiración como jefe de Estado en Italia

Silvio Berlusconi anunció su renuncia a aspirar a la jefatura del Estado, su último gran sueño, pero exigió que Mario Draghi, principal apuesta para el cargo.

Agencia EFE
22 de enero, 2022

El ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi anunció su renuncia a aspirar a la jefatura del Estado, su último gran sueño, pero exigió que Mario Draghi, principal apuesta para el cargo, siga donde está, al frente del Gobierno.

La decisión de Berlusconi, llega dos días del inicio de las votaciones en el Parlamento y después de una semana como total protagonista en la que, teléfono en mano, ha tratado de recabar el apoyo de diputados y senadores, aunque sin éxito.

Su marcha atrás fue confirmada con elogios por su socio, el ultraderechista Matteo Salvini: "Una elección decisiva y fundamental, Berlusconi ofrece un gran servicio a Italia y al centroderecha, que ahora tendrá el honor y la responsabilidad de poner sobre la mesa sus propuestas sin vetos de la izquierda".

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El magnate, en su mansión de Arcore (norte), reunió este sábado por videoconferencia a sus ministros y colaboradores para estudiar su eventual candidatura a la presidencia de la República, para lo que lleva días tratando de sumar apoyos parlamentarios.

Después tuvo lugar otra reunión con sus socios de coalición, los ultraderechistas Matteo Salvini y Giorgia Meloni, y les transmitió su decisión de renunciar y de proponer un nombre de forma conjunta.

Berlusconi, el obstáculo

El próximo lunes el Parlamento italiano, reunido en sesión conjunta -630 diputados, 320 senadores y 58 delegados regionales-, será convocado para empezar a votar al sucesor de Sergio Mattarella en la Jefatura del Estado durante los próximos siete años.

El controvertido magnate, de 85 años, había confesado su deseo de alcanzar la mayor distinción del país y había pedido -y obtenido a regañadientes- el apoyo de sus aliados: Salvini, la jefa de los ultras Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, y otras pequeñas formaciones conservadoras y democristianas.

Esto lo convertía en un escollo en las posibles negociaciones ya que, por un lado, la coalición de derechas se veía comprometida a seguir sus sueños mientras que la izquierda lo consideraba "inaceptable", y el acercamiento de posturas es obligatorio porque ningún bloque suma por sí solo para imponer un nombre.

No en vano tanto Salvini como Meloni venían subrayando que si antes del domingo no había desvelado sus planes, ellos habrían propuesto otro nombre, un Plan B.

Ahora, como ha avanzado Salvini, será el momento de que la derecha, que cuenta con la mayoría relativa del hemiciclo, proponga un nombre "de alto nivel" que agrade a la izquierda.

En cualquier caso, el paso atrás del multimillonario a buen seguro desbloqueará las negociaciones entre derecha e izquierda.

Un no a Draghi

Pero la decisión del veterano Berlusconi tiene letra pequeña: una de sus exigencias fue que el actual primer ministro, Mario Draghi, cuyo nombre es la principal apuesta para el cargo, siga al frente del Gobierno y lleve la legislatura a su término natural, 2023.

El economista es el preferido porque cuenta con un gran apoyo y prestigio internacional y de hecho dirige desde febrero del 2021 un Gobierno para gestionar la pandemia sostenido por todos los partidos menos por los ultras Hermanos de Italia de Meloni.

El expresidente del Banco Central Europeo había dejado caer su disponibilidad a acceder al mayor cargo del país en la tradicional rueda de prensa de fin de año, pero su "ascenso" es temido por algunos partidos porque podría derivar en un adelanto electoral.

Su llegada al Quirinal implicaría tener que buscarle un sustituto en el Ejecutivo como primer ministro y no está claro si los partidos lograrían encontrar una figura "imparcial" para continuar con las funciones gubernamentales.

En juego están, alegan los expertos, la gestión de la pandemia, para lo que fue convocado Draghi hace un año, y la inversión de los fondos europeos del Plan de Recuperación, pero en el futuro del economista también se proyecta la sombra de los sondeos electorales.

La realidad es que nadie quiere un adelanto electoral, pues el Parlamento de la próxima legislatura verá sus escaños reducidos en un tercio y muchos de los actuales legisladores se quedarán sin plaza.

De hecho solo quiere elecciones Meloni, alentada por el viento favorable de las encuestas como única oposición.

En definitiva, si la derecha se mantiene compacta en su "no" a Draghi para la Jefatura del Estado, sus opciones se reducen considerablemente.


 

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