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Los científicos revelan qué es y dónde está (exactamente) el punto G

Redacción República
25 de septiembre, 2016

Desde que en 1981 la enfermera Beverly Whipple anunciara por primera vez la existencia del ‘punto G’ (que toma su nombre del ginecólogo alemán Gräfenberg), muchos lo han buscado con avidez y poco éxito.

De hecho, la mayoría sigue sin encontrar el cielo prometido por más que buscan y buscan. De ahí que se siga dudando de su existencia, y con razón.

En 2008 Emmanuele Jannini, sexólogo en la Universidad de L’ Aquila, en Italia, publicó pruebas de que el ‘punto G’ existía en The Journal of Sexual Medicine. Sin embargo, según su investigación, este punto no se encuentra en todas las mujeres. De ahí que aquellas que son capaces de tener orgasmos vaginales defiendan su existencia, mientras que para el resto esta zona sea una utopía.

Por otro lado, varios estudios realizados en 2009 por investigadores del King’s College de Londres, en el Reino Unido, determinaron que su existencia es subjetiva y no se puede comprobar.

En realidad, no existe un punto específico que funcione como botón mágico para el placer femenino. 

A Beverly se le olvidó ‘puntualizar’ un par de cosas acerca de su famoso ‘descubrimiento científico’. Ahora, al revisarlo, otro estudio afirma haber encontrado ‘por accidente’ (y de verdad) la ansiada zona erógena.

Para deshacer este entuerto, the Sciencie Vs podcast visitó a Beverly Whipple, que ejerce como profesora en la Universidad de Rutgers, en su casa de Nueva Jersey. Según la enfermera, para localizar el ‘punto G’ su equipo examinó las vaginas de un grupo de voluntarios con el fin de descubrir qué sentían cuando se estimulaban diferentes zonas sensibles.

Según Beverly se trata de ir rodeando con los dedos la pared vaginal, en el sentido de las agujas del reloj, partiendo de las 12 horas, a las 3, a 6 en punto y así sucesivamente. Durante todo el proceso los especialistas no paraban de preguntar:“¿Qué tal aquí?, ¿Notas esto?, ¿Cómo te sientes cuando te toco aquí?, Y ahora, ¿mejor? ”

Los investigadores aseguran que entre las 11 y la 13 horas, y en la pared frontal de la vagina, obtuvieron “un montón de sonrisas”.

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