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Firma de la Paz

Redacción
30 de diciembre, 2014

Yo en lo personal recuerdo bien aquel 29 de diciembre de 1996. La Plaza de Constitución estaba absolutamente llena, no cabía ni un alma. En una esquina había militantes de la guerrilla respaldando a la Comandancia General insurgente. Por otra parte, ex combatientes del Ejército de Guatemala con alguna discapacidad. Millones de guatemaltecos esperábamos ese momento de júbilo, deseoso y necesitado de paz y esperanza.
Hoy, 18 años después de aquel día de fiesta, la paz sigue siendo un reto no superado para Guatemala.
En aquellos días se hablaba de la misión de los jóvenes en la Construcción de la Paz y de los retos de la clase política y los grupos económicos para mejorar las condiciones sociales. Se hablaba de un gran país multiétnico, plurilingüe y multicultural.
La gente pensaba en trabajar duro para sacar adelante al país y darle a sus hijos mejores oportunidades. Ahora, 18 años después, lo retos siguen siendo los mismos. La juventud es apática a participar en los cambios de nación. La clase política contrario a mejorar, ha encontrado en la administración pública la vía más rápida y expedita hacia el enriquecimiento personal. Los gobernantes cada vez son más descarados y voraces. Los empresarios siguen sin invertir decididamente en el desarrollo social y las nuestra riqueza étnica, idiomática y cultural no ha sido bien aprovechada.
Con más de 6 mil muertes violentas por año, la Paz en Guatemala tan solo parece ser un sueño firmado con un bolígrafo de lujo. Con niños muriendo de hambre y autoridades que se aprovechan de la tragedia humana para llenar sus bolsillos con oro cubierto de dolor y miseria, la Paz en Guatemala tan solo es un papel firmado por los intereses propios y personales de dos bandos deseosos del poder.
Con un sistema educativo secuestrado por una mafia sedienta de sangre y comprometida con los más espurios intereses gremiales, la Paz en Guatemala tan solo es una oportunidad perdida de cambios reales y profundos en la sociedad.
Como ciudadanos seguimos perdiendo tiempo en insultos, descalificaciones y ataques ideológicos. La Guerra Fría terminó hace décadas, pero nosotros seguimos en el debate de las derechas, las izquierdas, los guerrilleros y los “Chafarotes”.
El cambio no está en un papel, el cambio está en nosotros, en los guatemaltecos. Debemos ser nosotros quienes sanemos nuestras heridas. Debemos ser nosotros quienes trabajemos sin descanso en la construcción de una sociedad que nos brinde a todos las oportunidades para cumplir nuestros sueños.
No esperemos dádivas de nadie. Dejemos de sentirnos inferiores. Tracemos nuestro propio camino, no significa olvidar el pasado, significa aprender de él y sentar las bases para nuestro futuro.​

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