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Hay palabras que matan

Redacción
25 de agosto, 2014

La única forma honesta de gobernar en el contexto de la división de poderes de la república es generando consensos y logrando establecer una ruta de nación. Lamentablemente, los últimos años de la historia guatemalteca nos han enseñado que los consensos nunca son por el bien del país y menos de manera leal, honesta y gratuita.

La clase política del país ha distorsionado la concepción de servicio público y la ha convertido en una suerte de extorsión al tesoro nacional. La lucha por posicionar la imagen de algunas personas ha provocado una interminable pugna de poder que no permite al Estado avanzar en temas prioritarios. Para lograr los consensos de los que hemos hablado es imperativo poder demostrar seriedad
y congruencia en la administración pública, ya sea desde el oficialismo o desde la oposición. El primero que debería de mostrar esas dotes de estadista es el Presidente de la República, ya que, en buena medida, esa es su función.

Los mensajes enviados por la actual administración gubernamental muchas veces han sido
equivocados, al punto de contradecirse entre funcionarios del más alto nivel. En la política
guatemalteca es muy común que el Presidente de la República opine sobre todos los hechos de acontecer nacional, lo cual no es lo más aconsejable, ya que es exponer al mandatario a una serie de errores innecesarios.

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La última semana estuvo marcada por dos errores comunicacionales muy grandes. El primero se dio durante la celebración del Día Nacional de la Juventud. En dicha actividad,
la señora Vicepresidenta hizo gala de sus grandes cualidades como presentadora, pero la
emoción y reacción del público la llevaron a cometer excesos como el preguntar si el Ministro de Comunicaciones está o no “fisiquín”, además de hacer pública la soltería de la encargada de la CONJUVE.

El segundo y más grande error comunicacional de la semana es la campaña lanzada por la
Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia, en la cual el Presidente Pérez Molina rechaza los ofrecimientos de resolución de problemas por otros actores políticos. La campaña es muy desafortunada, ya que pone al jefe del poder Ejecutivo al nivel de un candidato a la Presidencia, en detrimento de su papel como representante de la unidad nacional.

El mensaje tanto radial como televisivo de dicha campaña es totalmente equivocado, ya que
en lugar de mostrar resultados de los más de dos años y medio de gestión gubernamental, el Presidente vocifera no creer aquellas personas que ofrecen resolver los problemas del país.
El corolario de la mala comunicación del Gobierno ocurrió durante la quinta edición del Foro
Esquipulas. En ese evento se grabó un video donde Pérez Molina no saluda al ex presidente
Álvaro Colom Caballeros, ni al ex presidente de Panamá, Martín Torrijos. Desconozco si
posteriormente Pérez Molina regresó a saludar a los ex mandatarios, pero lo que queda claro
es que los mensajes enviados no son los de un estadista que ya cuenta con dos años y medio de mandato y decenas de años dentro de las cúpulas de poder.
Desde mi muy humilde posición como un ciudadano común y corriente me permito sugerirle al Presidente lo siguiente:

1. Señor Presidente no hable en demasía. 

2. Evite las entrevistas espontáneas o “banqueteras”. 
3. Recuerde que las cámaras siempre lo siguen, por lo tanto no actué con displicencia. 
4. Recuerde, usted es el Presidente de la República, no un aspirante a la Presidencia. 
5. Delegue en sus ministros la responsabilidad de abordar los temas que competen a sus
carteras.
Mis humildes sugerencias son muy bien intencionadas, ya que creo, con todo respeto Presidente, que lo están exponiendo innecesariamente ante un público cada vez más crítico y con mayor acceso a medios informativos.?
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