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Racismo indígena en Sololá

Redacción República
26 de agosto, 2014

Cuando es contra ellos es malo, pero cuando ellos lo ejercen contra otras comunidades o personas, entonces sí es correcto, justo, y hasta aceptable.

Me refiero al racismo, a la exclusión, y a la discriminación contra judíos en San Juan La Laguna, Sololá. La expulsión de la comunidad Judía, aprobada por la comunidad, es un hecho que debe hacernos no sólo reflexionar, sino protestar enérgicamente contra esta acción que tanto en la legalidad como en la legitimidad no tiene bases más que el letal y venenoso racismo que se apoderó de las mentes torcidas de sus negativos “líderes.”

Las autoridades deben intervenir. No es posible que nos quedemos callados frente a tal acto a todas luces racistas. Aquí debería actuar la misma Comisión Contra el Racismo y la Discriminación, CODISRA, para ser consistente con su misión. Si CODISRA calla, entonces el Estado mismo ha permitido uno de los actos racistas más atroces en Guatemala.

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Los judíos, tanto como los Neo Mayas, o los ladinos, o los mestizos, o los extranjeros, o los mulatos, todos tenemos el mismo Derecho a vivir sin el temor de ser expulsados por nuestra etnicidad, nuestra fe, o nuestra identidad.

El silencio de los agentes del Estado permitiendo que un Alcalde y su Corporación expulsen a una comunidad en cuanto su religión, su etnicidad, o su origen, es un crimen todavía más grande el cometido por los sanjuaneros.

Ninguna causa, ninguna razón, ningún argumento puede ser considerado como válido cuando se trata de presentar como base para un acto racista.

Es una paradoja, una contradicción, un sinsentido que los líderes “sanjuaneros” argumenten que están defendiendo su “identidad” expulsando a un grupo precisamente también por su ‘identidad”.

Sabemos dónde inicia el racismo, pero no podemos conocer todas sus consecuencias, sus maldades, sus vicios, y menos aún su impacto a largo plazo. No podemos saber dónde termina.

Pero mi pregunta es directa a todos los comentaristas que con vehemencia han peleado, muchas veces con razón, contra el racismo, el cual según ellos se ha ejercido contra los indígenas guatemaltecos. ¿Por qué el doble estándar? ¿O es que ven “bueno” el racismo cuando es contra judíos, pero malo cuando presuntamente es contra indígenas? 

Veo también mucha hipocresía en esos defensores de los derechos humanos. Casi puedo asegurar que como no hay DINERO de la comunidad internacional que los premie por defender alguna causa –que para ellas y ellos es un negocio—entonces no se pronuncian en el caso de San Juan La Laguna. Con dinero hacen bulla, sin dinero callan. Otra irrefutable prueba que la “industria” de los derechos humanos, mejor dicho los vividores de los derechos humanos sólo actúan cuando hay una ganancia monetaria, y por eso en un caso tan obvio de racismo como el de la expulsión de judíos por ser judíos, ellos callan.
Pero de esos “defensores” no podría esperarse menos.

Insisto: si los entes del Estado permiten un flagrante acto de racismo como el perpetrado en San Juan La Laguna, habrán entonces aplicado el mismo doble estándar de los indígenas activistas, de los hipócritas defensores y pisteros “defensores” de los derechos humanos, y si no aplican la normativa vigente entonces serán agentes del racismo mismo.

La “autonomía” municipal no puede utilizarse para un acto racista. Ni los cabildos, ni las “consultas” populares, ni la religión, ni nada puede justificar expulsar a un grupo de personas por su identidad.

Pero está sucediendo y no debemos callar. Y por parte de la sociedad guatemalteca voltear la vista hacia el otro lado también es complicidad.

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