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El Ché en la Casa Rosada

Redacción
08 de agosto, 2014

Estos días atrás, a propósito de los problemas
del gobierno argentino con esa Deuda de NML Capital y la sentencia judicial
estadounidense, he visto en la prensa una foto de la presidenta Cristina Fernández
de Kirchner en una especie de patio interior, dirigiéndose a unos seguidores
entusiastas. Se la ve en el segundo piso, asomada a una barandilla donde, en la
planta baja, de distinguen varios retratos de políticos contemporáneos: de izquierda a derecha están el Ché
Guevara, Juan Domingo Perón, Salvador Allende y luego una señora que no soy
capaz de identificar.

Desconozco si habitualmente se encuentran
allí, o se trata de alguna exposición temporal quién sabe con qué motivo. El
caso es que me quedé bastante sorprendido, seguramente por exceso de ingenuidad,
sobre todo por esa fotografía de un guerrillero en la sede que representa (o
debería hacerlo) la soberanía popular y democrática. Tampoco me parecen
excesivamente acertados sus acompañantes… pero no dejo de sorprenderme por la
presencia de un terrorista asesino en ese edificio. He podido escuchar algún
relato de amigos cubanos sobre la sangre fría con que Ernesto Guevara
descargaba su revólver contra cualquier individuo que pasara por delante suya;
y no digamos si pensaba distinto de él. Valiente ejemplo para una sociedad que
a duras penas trata de conseguir una convivencia pacífica a través del diálogo
y la búsqueda de entendimientos.

Aunque parece que a los inquilinos de la Plaza
de Mayo no les importa demasiado ese acompañamiento. Vale que te encuentres el
famoso retrato del Ché en la camiseta de jóvenes postcomunistas, o en algún
rancio despacho universitario. Pero no encuentro ninguna justificación para ese
cuadro en la sede del gobierno de ese querido país de la Argentina.

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Definitivamente, los políticos necesitan una muy
seria katársis en el ejercicio de su
profesión. Leo noticias preocupantes sobre este país de Guatemala en la prensa,
y recuerdo también la situación actual de muchas instituciones españolas: este
verano añadimos a las corruptelas de alcaldes, sindicalistas o gestores de
partidos políticos una lamentable constatación de las irregularidades
económicas de la familia de Jordi Pujol, President de la Generalitat de Catalunya
durante bastantes años. Hay un recorrido muy corto entre la pérdida de la
responsabilidad moral de las personas y la transgresión de la normativa legal.
El problema es que resulta mucho más lento y complicado recuperar el sentido
ético de toda una sociedad.


*Universidad Europea de Madrid

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