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La sabiduría de los filósofos de la educación

Redacción
17 de marzo, 2015

Las nuevas modalidades, tendencias, metodologías y maneras de acompañamiento involucradas en el proceso educativo aparentemente gozan de innovaciones, cambios, adaptaciones y novedades constantes. Se aprende y se aprehende una nueva ruta de entrega del conocimiento, conscientes que los estudiantes son individuos distintos, con capacidades propias sui generes, retos personales únicos, en ambientes variados, entornos múltiples, aunados con la velocidad de las comunicaciones, la necesidad de poder trabajar colaborativamente, con creatividad e imaginación, resolviendo problemas. Prueba y error, modalidad vivencial que enseña muchas veces más que un contenido académico a secas.

Se sabe que desde el momento de la concepción del ser humano inicia el proceso educativo; en el vientre principia la percepción, la audición, el conocimiento del entorno. Al arribar al mundo, los estímulos oportunos fortalecen el andamiaje de los conocimientos de manera práctico. El instante que no se aprovecha quedará irrevocablemente perdido, y es irrecuperable. Este estimulo, en conjunto con la alimentación adecuada y el entorno afectivo necesario para establecer la seguridad personal, establecen el contexto perfecto para el desarrollo integral de la persona.

Es continuo en el transcurso de toda la vida; el aprendizaje es incesante y constante.

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Los próceres de las metodologías educativas, Sócrates, Piaget, Vigotsky, Comenio, Montessori, Froebel; los más recientes, Goleman, Ausubel, y demás, se fortalecen en la individualidad de cada persona, y la búsqueda de sus habilidades y talentos.

El filósofo Jaques Maritain, en una conferencia dictada en la Universidad de Yale en 1943, expuso conceptos universales y aplicables en cualquier momento temporal. Fue de avanzado en su momento; en éste, es de actualidad, exponiendo conceptos precisos y válidos.

De las primeras oraciones dentro de la obra de veintisiete páginas, se encuentra una proposición de seis palabras que puede resumir la educación inicial y preprimaria. “El niño no es un enano”. Continua….”el niño no es simplemente un hombre en miniatura”, que por siglos de educación tradicional, el trato hace el educando fue ese, como su fuera un adulto en cuerpo pequeño, y con esa visión se trasladaba el conocimiento, con metodologías memorísticas que no permitían el desarrollo del pensamiento, ni la comprensión de los procedimientos del cómo.” Continua el filósofo, “…..hemos olvidado que la ciencia y el conocimiento no son un conjunto autosuficiente de nociones existentes por cuenta propia en estado de abstracción y separados del hombre. La ciencia y el conocimiento no existen en libros sino en los espíritus; son energías vitales e internas ….deben desarrollarse de acuerdo con la estructura espiritual del sujeto en que tienen su existir.” Observa “…nos hemos esforzado en atiborrar a la juventud con un caos de nociones adultas simplificadas……Cómo resultado, corremos el riesgo de producir un … intelectual instruido y despistado, o un ignorante que juega…. a la ciencias.”

Comenta sobre la necesidad de desarrollar la creatividad y la imaginación en el niño de la edad de primaria; la cual llevará al proceso del razonamiento, por medio de la prueba y error, afianzando las intuiciones, y como resultado, su seguridad en su mismo.

Estas proposiciones son de las primeras cuatro páginas del ensayo. Y se pregunta, si los visionarios del siglo pasado, de hace setenta y dos años observaron el desarrollo integral del ser humano, ¿En dónde se ha perdido el camino de la educación? ¿Cuál es el razonamiento de una educación tan estructurada que frena el desarrollo de la persona como persona?

El conocido orador , Sir Ken Robinson, ha comentado que el actual sistema educativo aburre a los estudiantes, y que en vez de provocar la curiosidad que lleva a la investigación y la experiencia del aprendizaje, lleva al desdén educativo, la falta de inquietud intelectual.

Todo sistema educativa debe hacer un alto, observar la ruta metodológica, revisitar a los ancianos filósofos, educadores, y aplicar sus acertados comentarios a lo que necesita la educación del siglo veintiuno, en el entorno propio, enfocado en el eje del proceso, el educando.

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