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Verdades sobre la guerra

Betty Marroquin
13 de agosto, 2015

¿Cómo sería su vida si en lugar de vivir en una Guatemala libre, hubiera transcurrido los últimos treinta años en un régimen comunista? ¿Se ha hecho esa pregunta? Imagínese este hermoso cuadro: Su casa no es suya, es del Estado, y si tiene más de una habitación puede ser compartida con otras familias extrañas a la suya. Su carro no es suyo, su empresa tampoco. Todo es del Estado. Lo que compra lo adquiere con cupones, racionado, conforme lo estipule el Estado. Sus hijos no son syos, son del Estado.   Rezar, está prohibido. Sólo existe un credo, el del Estado. Medicina, educación, ocupación, arte, deporte, todo regido, seleccionado, decidido por el Estado. Usted únicamente debe obedecer.   Y que ni se le ocurra opinar en contra del Estado. Chistecitos, ¡ni ce chiste! Se le antoja un heladito, aguantese. Quiere tener más de un cierto número de hijos, pida permiso, a ver como le va. Y aquí estoy sólamente rascando la superficie de lo que hubiera sido su vida bajo un régimen totalitario. Todos esos jovenes idealistas que creen que el comunismo es la respuesta a las limitaciones que afrontan hoy dia, a lo que consideran injusticias sociales, debieran leer un poco de Historia y pasar menos tiempo en las redes sociales. Con repartir lo ajeno no se resuelve nada. Que tal sería vivir sin sus tenis, sus iPods, sus iPads, sus juguetes, su música, su ropa, sus gustitos. ¿Se imaginan la vida sin Whatsapp, sin Facebook, sin Twitter, con limitado o no acceso a Internet? Sin salidas a tomar los tragos, sin salidas de ninguna especie, porque además, no habría ni a donde ir. ¿Será que les hubiera gustado vivir así? Bueno, como todo en la vida, tiene su uno ladito positivo ya que quizás serían menos materialistas, menos ingratos, menos vacíos, y dejarían de creer que lo merecen todo sólo porque sí.

Gracias al sacrificio de algunos que hicieron lo que ni usted ni yo hubieramos tenido el coraje de hacer, vivimos en una Guatemala con quinimil problemas, pero libre. En una sociedad donde tenemos el privilegio de opinar cualquier sandéz que se nos cruce por la mente, de expresarnos en la forma que prefiramos. Vivimos en una nación bella, privilegiada por la Naturaleza, una nación fértil, frondosa y rica. Nos quejamos en voz alta, escribimos, posteamos, compartimos lo que se nos da la gana, sin temor a controles gubernamentales y sin mordaza. Si Guatemala hubiera caído en manos de la guerrilla, dudo que hubiera salido del agujero como lo está haciendo Nicaragua. Guatemala hubiera caído mucho más profundo y la espiral descendiente no tendría fondo. Una masa analfabeta y manipulable, como se ha demostrado que es ese porcentaje indígena que constituye aproximadamente el 60% de la población, hubiera sido terreno fértil para que esos parásitos se asentaran en el poder saecula saeculorum.

La guerra es siempre horrible, sanguinaria, cruel. Pero existe una enorme diferencia entre guerra convencional y guerra de guerrillas. La guerra convencional se rige por Reglas de Enfrentamiento establecidas, que determinan que métodos no son aceptables. Las reglas de la guerra convencional definen circunstancias, condiciones, directrices y maneras en las cuales se puede proceder en combate, estableciendo límites al uso de la fuerza y por ende, a la estrategia que se pueda aplicar. Las reglas de la guerra o jus ad bellum, son el criterio que viene consultado antes de proceder a un acto de guerra por Estados Democráticos adscritos a la Convención de Ginebra. Se deriva de multiples tratados establecidos en el Siglo XX con restricciones sobre las reglas de enfrentamiento. El jus ad bellum busca siempre la resolución del conflicto por la vía de la negociación, pero una vez iniciado el combate, aplican las reglas de la guerra convencional. Establecen la protección de civiles durante el enfrentamiento, el uso proporcionado de fuerzas y conductas de guera. Es importante resaltar que proporcional significa que el uso de la fuerza de defensa es en proporción al ataque sufrido. Paralelamente, el Derecho Internacional Humanitario (DIH) protege a las personas que se encuentran en zonas de guerra, o a quienes deciden desertarla. Regula los medios y métodos de combate y regula la conducta ligada al jus ad bellum. Deriva de diversos convenios tan antiguos como el Tratado de Regulatización de la Guerra de 1820, y está contenida en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y protocolos adicionales. Todo esto, NO aplica en una guerra de baja intensidad. Todo ésto no aplicó al conflicto armado en Guatemala.

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Literalmente el DIH prohibide matar o herir a un adversario que haya depuesto las armas o que esté fuera de combate, así como el mutilar o mancillar los cuerpos de los soldados caídos. Es decir, no permite el muy usado tiro de gracia ni la ejecución. Los heridos y los enfermos deben ser atendidos y asistidos por la parte contraria si caen en su poder. Incluye el respeto al personal y material médico de todo tipo, regula las condiciones de detención de prisioneros de guerra y el trato a civiles bajo autoridad de la parte contraria. Inclusive, contempla el derecho de correspondencia o contacto de los prisioneros de guerra con sus familiares, en la medida en que sea posible. Los emblemas de la cruz roja y de la media luna roja, así como los signos distintivos específicos de los bienes culturales y de la protección civil son indicadores de entes bajo protección y amparo de el DIH.

La guerra de baja intensidad, como la vivida en Guatemala durante los 36 años del conflicto armado, no respeta NINGUNA de esas reglas. Empecemos por el huevo, porque en este caso, el huevo está claramente antes que la gallina. ¿Porqué inició la guerra? Inició por un grupo de oficiales que se auto denominaron la “Logia del Niño Jesús” rebelandose contra lo que percitbían como una severa corrupción en el sistema y una serie de problemas institucionales. El grupo se desmembró porque no todos concordaban con las utopías del comunismo. Fué entonces que Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel, Rodolfo Chacón, Zenón Reina, Augusto Loarca, Alejandro de León etc, fundaron el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre en 1961, que por cierto, algunos historiadores denominan de corte Trostkista. Algunos de éstos personajes entablaron amistad con el Che Guevara durante su visita a Guatemala. Luego de una serie de eventos que no voy a enumerar por falta de espacio, nació el Partido Guatemalteco de los Trabajadores (PGT) en 1962. En diciembre de ése mismo año surgieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de la fusión del MR-13, del Movimiento 12 de Abril (que ya incluía San Carlistas) y del Movimiento 20 de octubre. Se les une el PGT y así inició formalmente la guerrilla en Guatemala.

Esa gente, jamás aplicó las reglas de enfrentamiento, ni el DIH, ni las reglas de la guerra. Esa gente aplicó tácticas de guerra de guerrilla (de baja intensidad, también llamadas contrainsurgencia, o subversivas), basadas en la inteligencia (curso de acción para operaciones cubiertas o encubiertas), emboscadas, engaño, sabotaje y espionaje, atacando la autoridad establecida con la confrontación de baja pero larga intensidad. Aplican técnicas de terror y sabotaje combinandolas con batallas quasi convencionales. Tratan de desmoralizar al enemigo, muchas de las técnicas usadas son inspiradas en el libro “Guerra de Guerrillas” de Mao Tse Tung. El ataque sistemático a los medios de producción del país, logística, comunicaciones, instalaciones y estructuras, empresa privada, secuestros a granel, chantaje, impuesto de guerra. Sobre todo, el uso del terror y la tortura.

Sabiendo esto, como pretenden los ahora defensores de derechos humanos, la izquierda, que los ciudadanos normales nos traguemos el cuento de los abusos del ejército como si no hubieran cometido excesos de ambos lados. Y los que atacan al ejército, ¿como hubieran actuado ustedes en su lugar ante un enemigo que aplica semejantes tácticas? Basta hablar de genocidio. La guerra fría terminó. Ya firmamos los Acuerdos de Paz, basta con el disco rallado de la guerra. El General Ríos Montt ganó en el Triangulo Ixcil, les guste o no, pongamos punto final a este grillete psicológico que sólo busca venganza, divisionismo y reconcor, para lograr alcanzar el poder que esos malos perdedores no obtuvieron con el uso del terror. Que dice usted, amigo lector, ¿se los vamos a permitir, o defendemos nuestra libertad con todas las armas democráticas y progresistas que tenemos? ¡La decisión es nuestra!

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