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Reflexionando los fracasos

Redacción
16 de agosto, 2015

En un debate universitario, donde se enfrenta la ley contra la moral, la mayoría de las personas tienden -a simple vista- a apoyar la moral, ya que coincide con los principios básicos y reglas de orden ideal, que son parámetro de criterios, de lo que es correcto o incorrecto para justificar o condenar la conducta de un ser humano. Por otro lado, esta la ley, que procura la ordenación del comportamiento

Dentro del tiempo humano, prescrita por una autoridad, cuyo incumplimiento puede llevar a una sanción, dicta tanto derechos, como obligaciones.

de mi exposición, enfaticé que, en Guatemala, ya no alcanza identificar las redes de corrupción y presentar únicamente denuncias, se necesita urgentemente, que a las personas corruptas se les ligue a proceso y que el sistema de justicia comience a juzgarlos, de una forma rápida y firme. Ya que hoy, se investigan a candidatos corruptos, que posiblemente lleguen a gobernar este país. El poder judicial y la autoridad suprema electoral tiene la oportunidad para oxigenar nuestro sistema. Pero, para que se logre esto, es necesario que se tomen acciones enérgicas y contundentes.

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Yo defendía la posición de revocar la candidatura de Edgar Barquín, por no ser una persona idónea, ya que fue privado de la inmunidad que provee la Ley electoral y de Partidos Políticos y porque se encuentra sujeto a investigación por parte de un juez pesquisidor, como requisito previo a iniciar un juicio penal, por la comisión de varios delitos dolosos.

Desde mi punto de vista, el sistema pareciera permitir que las personas que carecen de principios y valores puedan optar a altos cargos públicos; poniendo en riesgo el futuro de la nación y comprometiendo el bien común, que esos cargos debieran garantizar. Dándonos a entender que se está premiando a los funcionarios públicos corruptos y a candidatos ineptos, que se han enriquecido de manera ilícita y que promueven el incumplimiento del Derecho.

Mi contraparte se apegó a la ley, a la presunción de inocencia, argumentando que él no ha sido declarado responsable judicialmente, en sentencia debidamente ejecutoriada. Además, mencionó que Barquín sí cumple con los requisitos para ser Vicepresidente de la República. Mi postura se acentuaba en el simple hecho de que, al retirarle la inmunidad a un candidato, se cuestiona su integridad y honorabilidad y que, estas razones, debían ser razón suficiente para revocar la inscripción del vice-presidenciable. No existe ningún precepto que indique que no se le puede revertir la candidatura al candidato señalado de corrupción.

El debate terminó y el jurado, al final, se decidió por la ley y, por ende, de no revocar la candidatura. La experiencia fue muy enriquecedora a pesar de la derrota. Se nos presentan dos alternativas a lo largo de nuestras vidas: aprender de los errores, así como de la historia política de nuestro país o, simplemente, omitir -olvidar- los fracasos y resignarnos a vivir negando la realidad.

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