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Los que multiplican, los que entierran y los que malgastan

Redacción
20 de agosto, 2015

En Mateo 25:14-30 hay una parábola que cuenta de un patrono que da talentos a sus sirvientes. Un talento en ese entonces se refería al peso de una moneda y usualmente era la paga diaria de un trabajador. El patrono tenía tres sirvientes, al primero le dio cinco talentos, al segundo dos y al tercero uno; a cada uno le dio conforme a sus habilidades. El patrono se fue, y al regresar descubrió que tanto el primero como el segundo empleado habían duplicado sus talentos, pero el último decidió enterrar el suyo para no perderlo. El patrono felicitó a los primeros empleados pero se enfureció con el tercero, indicándole que de tan solo ponerlo en el banco hubiera podido por lo menos ganar intereses.

El talento era una metáfora y hace referencia a las cualidades conferidas al hombre; independiente de si somos creyentes o no la parábola es una excelente reflexión que podemos hacer acerca de nuestras acciones y las circunstancias por las que está pasando el país hoy en día. Quisiera agregarle a la parábola, sin embargo, un cuarto sirviente que ni multiplica ni entierra sus talentos, si no que los malgasta. El gobernante que llega a servir a su pueblo, utiliza los recursos y las capacidades de él y de sus funcionarios públicos para multiplicar trabajos, salarios, escuelas, institutos de salud, medicinas, carreteras y mucho más. El fruto de su trabajo va a generar más de lo que pone, atrayendo mayores inversiones, avalo nacional e internacional y poniendo en alto a su país.

El gobernante que se postula, pero es cobarde, está más preocupado por quedar bien con los sectores, amigos y financistas que por el bienestar de su país. Al ser nombrado se acomoda y se echa para atrás con sus propuestas, dejando así en manos de terceros el control y enterrando al país. Por no dar marcha atrás tampoco empuja para adelante y se convierte en un líder negligente. Por último, el gobernante que malgasta, que roba y que es corrupto, destruye lo que se ha logrado con el sacrificio y trabajo de otros. Al contrario que con el buen gobernante, los inversionistas se alejan, la reputación del país queda manchada y el pueblo se queda pagando las consecuencias por mucho más tiempo de lo que dura su gobierno.

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Todos deseamos un gobernante como el primero, uno que multiplique lo que tenemos, que no nos estanque y mucho menos que nos retrase. Pero tratemos también de aplicar la misma filosofía a nuestras vidas. Si hemos tenido la dicha de tener una buena educación, una vivienda digna y hasta un trabajo, aprovechémoslo poniendo en alto a aquellos que se han sacrificado por nosotros, y permitiéndoles a otros tener las mismas oportunidades. No seamos mediocres, ni haraganes, ni conformistas, ni desperdiciemos lo que otros han construido y nos han compartido; no enterremos la educación que tenemos si no que utilicémosla para generar empleos, ideas innovadoras y para enseñarle a los demás.

Si el patrono es Guatemala, y nosotros los sirvientes no podemos perder de vista que a quien queremos generarle y multiplicarle principalmente es a nuestro país. Esto incluye nuestra responsabilidad de apostarle a gobernantes honestos y calificados con la capacidad de sacarnos adelante, para lo cual debemos informarnos bien de quienes son nuestros candidatos. Lo previo lo logramos evaluando la experiencia y los antecedentes de quienes se postulan, cuestionando y estudiando sus propuestas y exigiendo transparencia en el financiamiento de sus campañas. Hay tres tipos de gobernantes y hay tres tipos de personas; los que multiplican, los que entierran y los que malgastan. Hoy a tan solo 18 días de las elecciones y en medio de un despertar social, es hora de reflexionar y decidir quién vas a ser tú, y a quien le vas a conferir tu voto; decide bien.

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