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Que no nos roben nuestro derecho a elegir

Redacción
26 de agosto, 2015

La izquierda guatemalteca, que admira al socialismo del siglo XXI venezolano y al comunismo castrista de Cuba, quiere refundar el Estado. Pretende, según sus propias declaraciones, instaurar un gobierno provisional con participación del “pueblo”, o sea, sus correligionarios. Nada de partidos políticos, dicen, sino que con personas con “años de lucha”, o sea, los del grupo Semilla, los del CUC, WINAQ, URNG, los del Frente de Lucha, CODECA, CNOC, MUPP, UVOC, Rigoberta Menchú, Helen Mack, Iduvina Hernández, Daniel Pascual, Edgar Gutiérrez, Miguel Ángel Sandoval, Cesar Montes, Frank La Rue, y demás conocidos activistas, que según ellos tienen la capacidad para llevar a cabo la fiscalización y preparación de los espacios, para luego establecer la Asamblea Nacional Constituyente de su conveniencia.

¿Pero son realmente estos admiradores del rosarino Che Guevara los que verdaderamente tienen la capacidad y legitimidad para refundar el Estado?

Ellos nunca se han caracterizado por respetar los derechos de los individuos. Más bien han evidenciado lo contrario: cuando protestan bloquean las carreteras, violando el derecho a la libertad de circulación de los demás ciudadanos, a veces con consecuencias mortales para aquellas víctimas con urgencia de ser atendidas en un hospital –lo que implica la violación al derecho a la vida; cuando hacen marchas, destruyen monumentos y hacen pintas en la propiedad pública y privada –violación al derecho de propiedad; algunos de ellos se roban la electricidad, y todos pretenden robarse las empresas de electricidad, violando, sin tapujos, el derecho a la propiedad privada; mienten con el propósito de beneficiarse de sus mentiras, para ganarse un premio Nobel por una pretendida historia que resultó ser ficción escrita por una revolucionaria de izquierda venezolana residente en Francia, o reescribir la historia del conflicto armado e inventar un genocidio que nunca se dio como tal, para robarnos, a los guatemaltecos que pagamos impuestos, una millonada en pretendidas indemnizaciones. No, estos violadores de nuestros derechos, ciertamente no parecen ser los más idóneos, los más probos para refundar un Estado que vele por la protección de los derechos de todos y cada uno de nosotros.

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Sus nociones de ética son de lo más perversas y torcidas. Consideran que no es ético el intercambiar valor por valor, donde ambas partes ganan, o sea condenan como inmoral el comerciar, como lo indicó Miguel Ángel Sandoval en el Foro Presidencial de ASÍES. Por el contrario, consideran moral y aplauden el latrocinio, como se evidenció cuando celebraron las acciones del ladrón Chávez que decía: “Exprópiese esto, exprópiese aquello.”

Afirman representar a la ciudadanía, pero saben bien que esa es otra de sus mentiras. Cuando han participado en elecciones populares no han conseguido respaldo popular de más del 3%. ¡Vaya representación!

Por eso, para hacerse del poder que no consiguen por sufragio popular, exigen la suspensión de las elecciones, descalificando a todos los contendientes políticos –incluyendo a su representante: Miguel Ángel Sandoval, cuyo discurso también es la refundación del Estado. Para eso pretenden nombrar a dedo un “gobierno transitorio” a todas luces ilegítimo. Pero ya sabemos cómo son las ofertas de estos admiradores de Marx y Lenin. Ese supuesto gobierno transitorio será perpetuo. Sus otros camaradas ya nos han mostrado como actúan: Fidel Castro dijo en 1959 que no era comunista y que convocaría a elecciones –cincuenta y seis años después aún siguen los Castro como monarcas dueños de Cuba. Hugo Chávez aseguró en 1999 que respetaría la propiedad privada, la libertad de prensa, y la voluntad popular –todavía siguen los Chavistas empobreciendo y saqueando Venezuela. Todos sus ofrecimientos fueron mentiras con el propósito de hacerse del poder político y expoliar a sus forzados súbditos. Los derechos de los ciudadanos les importan un comino.

Por eso insisten que “en estas condiciones no queremos elecciones”, porque en las elecciones no tienen ni la más mínima posibilidad de llegar al poder. La mayoría de guatemaltecos no somos estúpidos. Sabemos que lo que pretenden es convertirnos en una Venezuela o una Cuba. Pero nadie arriesga su vida para emigrar a Cuba o a Venezuela –si es evidente que ese sistema que tienen es creador de miseria. Por eso quienes se aventuran, emigran a Estados Unidos en busca de las oportunidades que aquí hacen falta.

Insisten en que el Estado está en crisis, pero en realidad nunca estuvo mejor. Nunca antes vimos que el Ministerio Público persiguiera a los ladrones en el poder. Ahora por fin vemos la independencia de poderes actuando para hacer justicia. Esto es imposible en la Venezuela de Maduro o en la Cuba de Castro.

Por eso debemos insistir en no violar el orden constitucional, ni atender a los llamados de rebelión de la izquierda que pretende destruir la poca constitucionalidad que hemos logrado, y comprender que ya estamos en el proceso de mejorar nuestro Estado, y que este proceso requiere deliberación sensata y que no se hace en pocas semanas. Por eso las elecciones se deben celebrar, para que el pueblo tengamos la oportunidad de castigar a aquellos que consideremos corruptos, y de elegir a aquellos que merezcan nuestra confianza para hacer los cambios que se requieran. Sólo así se garantizará la legitimidad del próximo gobierno.

Que no nos roben nuestro derecho a elegir.

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