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Yo sí tengo presidente

Adriana Lopez
29 de agosto, 2015

Yo si tengo Presidente, nació hace 64 años. Es militar, hombre casado con dos hijos y su amplia experiencia política lo llevó a ser diputado y jefe del estado mayor presidencial antes de asumir la presidencia. En su tiempo de gobierno ha hecho y deshecho, ha puesto y ha quitado, ha ido y venido. Todos sabemos bien la historia.

Por lo que más lo reconocemos es por su desfachatez, su incapacidad de aceptar lo evidente y su descaro. Otra característica para reconocerlo es la dureza de su aspecto y su terquedad: ve la tempestad venir y no se hinca. Hay que aceptarlo, nuestro presidente arruinó algo de nuestra primavera, se robó bastante de nuestro futuro y concordando con Benedetti tengo que aceptar que: “Pobre señor presidente, ya no hay nadie que lo aguante

No me gusta mi presidente, no lo apoyo y no lo defiendo. Pero, tampoco me gusta negarlo. ¿Sabe por qué? Por que no me sirve de nada. Negar no desaparece, ni elimina, ni arregla. Ya todos sabemos como funciona: negación, ira, negociación, depresión y aceptación; son las fases por las que pasamos cuando estamos ante una tragedia y todos hemos escuchado de ellas más de alguna vez. Por ende, negar es abrirle paso a la tragedia.

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La cosa está en que yo no quiero terminar negociando o aceptando las micadas de mi Presidente. Yo lo que quiero es que le quiten la inmunidad, lo juzguen y lo hagan responsable por lo que hizo. También quiero que me den la oportunidad de elegir a su reemplazo, que me informen de mis opciones para elegir y que me dejen votar en paz. ¿Pero negarlo? Eso no me sirve. Lo que me sirve es usar mi tiempo para reflexionar en mi voto y trabajar por que otros tengan conciencia de la importancia de su voto también.

Sé que en éstos días decir que yo si tengo presidente es un atentado, pero seamos sinceros: lo tenemos, porque el señor sigue en su puesto. Que conste que aceptar que lo tenemos no quiere decir que estemos orgullosos de él ni de acuerdo con sus acciones. Pero para qué lo vamos a hacer más famoso diciendo “Yo no tengo presidente”, mejor dejemos eso por un lado y busquemos maneras más eficientes de entregarlo a la justicia.

En un futuro próximo quiero tener un presidente digno y honesto. No perfecto, pero por lo menos inteligente. Y anhelo que llegue el día en el que pueda gritar: ¡Yo sí tengo presidente! – y de hecho, me sienta afortunada de tenerlo.

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