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Guatemala despertó, ¡ahora a despabilarnos!

Betty Marroquin
31 de agosto, 2015

En la Rebelión de las Masas, Ortega y Gasset nos dice que “la obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral.” Siento que lo que estamos viviendo en nuestra Guatelinda es verdaderamente sin precedentes, en alguna medida inesperado, y en otra tan necesario. Los Chapines de todas las étnias, estratos sociales, diversas agrupaciones de ambos lados del espectro, y en todos los rincones del país se pronunciaron el jueves nuevamente, claro y tondo. Más allá de pedir que Pérez se vaya, que se aprueben las peor que mediocres actuales reformas a la Constitución, que se forme la Asamblea Constituyente que saliva la izquierda, o que sigan o no las elecciones, lo que queda claro es que los chapines queremos un cambio substantivo.

Ahora bien, que tipo de cambio substantivo deseamos. Y aquí es donde me vino en mente Ortega y Gasset. Los extremos no conducen a nada, sin duda. Guatemala no necesita más polarización con un gobierno de extrema derecha, ni que entre la izquierda con su retórica demagógica de siempre. Necesitamos un termino medio que funcione acorde a nuestra realidad. Una democracia republicana creo sea el mejor sistema, pero ojo debe incluir de alguna manera, la inversión social. Así que en estos momentos, los guatemaltecos debemos aguantar los corcoveos para finalmente domar al potro, y que cabalgue como debe de cabalgar. Es decir, seamos realistas. Que este Congreso de pacotilla apruebe las actuales reformas Constitucionales es ilusorio y contraproducente, ya que por lógica estos padrastros de la patria no aprobarán nada que vaya en detrimento de como ejercen sus funciones y de sus pseudo partidos políticos. Eso es evidente. Ellos no aprobarán nada substantivo de lo que usted y yo deseamos que cambie, amigo lector. Quitése eso de la mente, por ahora. No es el momento. Dejemos esa batalla para el 2016, y creame que seré de las primeras en lanzarme a la calle a bociferar de todo si no aprueban las reformas deseadas, substantivas y de calidad.

Que se suspendan las eleciones para que aprueben una Asamblea Constituyente, he repetido hasta la saciedad que no nos conviene. No conviene porque salta a la vista que aunque digan que no es verdad, la izquierda ve en ello la oportunidad idónea de caerle al hueso del poder. Sería la puerta más directa para que entre en la terna alguno de las cabezas del Movimiento Semilla (Edgar Gutiérrez, Fuentes Mohr o similar), gentes que de sobra se sabe la agenda que traen. Por eso, debemos estar atentos a no caer en el juego de esos grupos de lobos con piel de oveja. Le suplico amigo lector, que no caiga víctima de los demagogos. Recuerde, Roma no se hizo en un día, y reconstruír lo roto y lo inexistente en cuatro años es casi imposible, así que veamos quien ofrece cimentar como Dios manda, no quien ofrece edificar castillos en el aire.

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En cuanto a las elecciones, señores, a votar se ha dicho. Ya se que mal de muchos consuelo de tontos, pero si analiza, la crisis política es mundial. En estos dorados tiempos, son pocos los países con casta política de altura. Así como nosotros estamos mal, con mas politiqueros que políticos serios, con opciones cuestionables para todos los ámbitos, lo están los gringos con su Donald y su Hillary, por no hablar de Europa donde siento que sólo Alemania e Inglaterra se salvan. Pero tenemos lo que tenemos, y debemos elegir lo menos peor porque eso es lo que tenemos. Lo que nos debe consolar es la certeza de no romper lo poco que ya tenemos ganado institucional y democráticamente, y el saber que ahora los políticos tienen claro, a menos que sean perfectos idiotas, que el pueblo no los dejará escapar con las manos llenas sin hacerlos morder el polvo psicológica y legalmente, y que tendrán que enfrentar las consecuencias de sus acciones, les guste o no. Segundo, saber que el pueblo no dudará en lanzarse a las calles en manifestaciones pacíficas y ordenadas, realmente de altura, para defender sus intereses, su libertad, y su dignidad.

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