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Conceptos equivocados

Redacción
14 de septiembre, 2015

Procuro hacer abstracción, poner aparte, los acontecimientos de la semana pasada y pasar por alto la ingenuidad de mis coetáneos al calificar como cambio de paradigma, participación ciudadana o despertar de la conciencia los hechos sociales vinculados a la destrucción del gobierno en todas sus manifestaciones. Una Corte Suprema de Justicia sumisa, un Congreso de la República sin teorías claras que le sirvan de punto de referencia para las decisiones que toman y un gobierno ejecutivo inconciliable con el pueblo pero sí enraizado en la dura cerviz de los intereses geopolíticos del país de América, el mercantilismo del poder económico y el poder de los militares mediatizando al pueblo a través de los medios de comunicación.

Hay una conducta consciente del Ministerio Público y de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala homogénea a las aldeas estratégicas de la época de la guerra Fría para transformar la realidad que se vive en otra que se desea usando como conejillo de indias la interacción de la dinámica de los ciudadanos en un concepto oscuro llamado civismo.

Es ingenuo creer que fue un cambio propiciado por los guatemaltecos. No hay una constitución de un plan de acción, como tampoco una conciencia clara de lo que se pretende construir. Por qué debe hacerse. Las manifestaciones violentas de las elecciones evidencian la barbarie y el salvajismo que pretende disfrazarse de vida civilizada en las urbes.

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La muestra más clara es la reelección del Alcalde de la Ciudad de Guatemala, la del Alcalde de Villa Nueva y la no reelección en Mixco del alcalde actual o de los favoritos. Los partidos políticos no responden a teorías políticas y los guatemaltecos no leen los signos de los tiempos. Es una terrible irresponsabilidad decir que en Guatemala se ha producido un cambio debido a la participación ciudadana.

Aunque los procesos de estas elecciones fueron más dinámicos y el circo montado de combate a la corrupción no implica un plan de acción que transforme instituciones o gobernabilidad en el país ni que los ministros que abandonaron al ex presidente Otto Fernando Pérez Molina sean dechados de virtud es algo que pueda sostenerse.

Ese intento de civilidad y urbanidad terminará en venganzas y grotescas manifestaciones de odio sirviendo a intereses mezquinos que tiran la piedra y esconden la mano. Ni la Cicig, ni el ministerio público tienen una demanda ética o cognitiva sino una instrumentalización de la tecnología, la justicia sin verdaderas bases teóricas de cambio para Guatemala.

Creo claro una función de utilidad en la concentración del poder y en esos malos ejemplos de participación ciudadana se elige entre aquellos que están acordes a las demandas deseadas por planes personales que incluso han cometido un crimen más grande que la corrupción como lo es la manipulación de la verdad pues en última instancia no importó soltar un alfil o perder un caballo para realizar un jaque mate con el pueblo de Guatemala a través de la figura de su Señor Presidente.

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