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Los “clasemedieros” revolucionarios.

Nicholas Virzi
15 de septiembre, 2015

En la caída del gobierno corrupto de Otto Pérez, y con eso ojalá el Estado corrupto de Guatemala, destaca un factor importante. Un factor determinante en la caída del gobierno corrupto de Otto Pérez Molina es la clase social. La clase social es una dimensión sociológica muy importante para los académicos estudiosos de la construcción de la democracia y otros regímenes políticos liberales.

En Guatemala, a Otto Pérez lo eligieron los ricos y la clase media urbana, los pudientes en la sociedad guatemalteca. Al destaparse el escándalo de corrupción en aduanas, el famoso caso de “la Línea”, la clase trabajadora, tanto dueños, gerentes como trabajadores de empresa privada, abandonaron por completo al gobierno de Otto Pérez Molina. Cuando se destapó el escándalo de corrupción, empezó espontáneamente — y de inmediato de parte de la clase media—el esfuerzo cívico. Sin embargo, la participación de todos no fue igual, ni tuvo impacto igual. Ya que tuvo éxito el movimiento ciudadano contra la corrupción, habrán muchos que se querrán sumar al movimiento. Por eso, es importante dejar claro quienes podrán ser los oportunistas en la lucha contra la corrupción.

Los ricos y líderes empresariales, cautelosos por naturaleza, dadas sus responsabilidades e intereses, tuvieron que esperar para sumarse al barco de los radicales que insistían en la renuncia de la vicepresidente Roxana Baldetti y el presidente Otto Pérez. El sector privado organizado no fue líder en la lucha contra la corrupción en 2015. Sin embargo, se debe de reconocer su papel pionero en el tema de la corrupción y calidad del gasto público en los años posteriores a los Acuerdos de Paz. De esta preocupación nació el muy sonado pero nunca cumplido Pacto Fiscal, que ha estado presente como un tema pendiente en el discurso público guatemalteco en los últimos cuatro gobiernos. No obstante lo anterior, no se puede decir que fue el sector privado organizado que lideró la lucha contra la corrupción, sino la clase media. Aunque la clase media integra de una manera sustancial al sector privado organizado, no son términos y conceptos intercambiables.

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En pocas palabras, Otto Pérez Molina cayó porque su base electoral se desplomó. La base electoral de Pérez Molina fue más que todo la clase media urbana. Este hecho valida la teoría “democrática” de la clase media, que pregona que entre más crece la clase media, más democracia se demandará en una sociedad. Fiel a forma, la clase media urbana guatemalteca abandonó a su binomio elegido cuando se dio a ver que, lejos de ser el idóneo, resultó ser el peor. Ejemplos abundan, en Guatemala y en otros países de cómo otras clases sociales no abandonan a sus representantes en el poder cuando surgen escándalos y crisis de esta naturaleza. Muchos opositores de izquierda del gobierno de Pérez Molina defienden al régimen de Maduro en Venezuela, por ejemplo.

El abandono de la clase media del presidente que eligió es un magno testimonio a favor de su rol indispensable de la vida digna en un régimen político-económico-social liberal. Si fueran solo los ricos quienes eligiesen a los gobernantes, rápidamente harían transas para proteger únicamente a sus intereses. Si fueran solo los pobres quienes eligiesen a los gobernantes, jamás abandonarían al partido político que les prometiera algo a costos ajenos. No les tendría sentido.

Solo los “clase medieros” tenían la solidez económica como para no depender de las promesas políticas falsas, y el mínimo grado requerido de criterio político como para estar inquietos ante el estatus quo, cuando percibían al mismo como corrupto, arbitrario y por encima de la ley, las reglas y las costumbres. Curiosamente, supuestos intelectuales, incluyendo a ex funcionarios de gobierno que nunca reclamaron la corrupción cuando ejercían el poder, suelen salir en las redes sociales atacando a los presuntamente malos “clasemedieros”. Eso no solo es equivocado, es una infamia. Recordemos que los más pudientes se sumaron de ultimo. Los últimos defensores de la corrupción del gobierno “militar” de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti fueron el partido populista por excelencia, Líder, y los sindicatos estatales de educación y salud, fuerzas políticas de izquierda por excelencia.

No señores. A los clasemedieros la Guatemala entera le debe su logro político. A nadie más.

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