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La independencia

María Dolores Arias
15 de septiembre, 2015

Hoy se celebra la independencia de Guatemala y de varios países de la actual Centroamérica que en la época colonial conformaban la Capitanía General de Guatemala. A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, el proceso independentista fue relativamente pacífico y así el 15 de septiembre de 1821 se firma el Acta de Independencia de América Central.

En lo personal siempre me intrigó conocer por qué la independencia de los Estados Unidos –EE.UU.- desembocó en una nación con instituciones republicanas versus los procesos independentistas de los países latinoamericanos donde pareciera haber pasado de monarquías a presidencialismos absolutos. ¿Por qué son tan diferentes los resultados en procesos aparentemente similares? ¿Por qué no se logró limitar el poder de los gobernantes de esas nacientes naciones? ¿Qué hicieron diferente?

Para poder entender los movimientos independentistas, Carlos Sabino en su libro “El amanecer de la libertad: la independencia de América Latina” nos aconseja que: “Para acercarnos a estos momentos cruciales de la vida de nuestros pueblos, para situar los personajes en su justa dimensión y en el entorno en que realmente vivieron, debemos comenzar –nosotros mismos- por ubicarnos en la época y en sus circunstancias, en el punto preciso de la Historia en que se desenvolverán, de allí en adelante, sus acciones.”

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Es decir, debemos conocer el contexto histórico de esos momentos. Empecemos por considerar que la América Latina que hoy conocemos para finales del siglo XVIII no existía ni por asomo. Sólo para darnos una idea, el gran virreinato de la Nueva España ocupaba territorios de los actuales EE.UU, México, Centroamérica y parte de las islas del Caribe, además que no sólo había colonias españolas sino también portuguesas y francesas entre otras. Cada una aislada y en constante lucha por defender sus territorios. Por lo que la idea de nación como la entendemos actualmente no existía en ese momento.

La Declaración de Independencia de EE.UU. en 1776 influye enormemente en el pensamiento de las élites en el mundo. En la Declaración de Independencia se plasman las ideas de la Ilustración que se venían discutiendo con anterioridad y da un paso más allá de la “Revolución Gloriosa” en Inglaterra al elegir a la República como la forma de gobierno.

En esta declaración se reconocen los derechos individuales y la igualdad de éstos para todos, es decir elimina los privilegios. Establece claramente los límites al gobierno al dejar en claro para qué ha sido creado. La Constitución de 1787 –dos años antes de la Revolución Francesa- reafirmó las ideas independentistas. Rechazó por completo la monarquía y estableció un gobierno dividido en tres poderes independientes. Las colonias ahora estados, mantenían una amplia cuota de poder que limitaba al gobierno central –acotado y bien definida sus funciones-. Se cuidaron también de las “tiranías de las mayorías” al establecer un sistema de elección de dos niveles.

La Revolución Francesa en 1789 también impacta en el curso de la historia y sacude a las monarquías absolutistas europeas ante el temor de una rebelión generalizada en ese continente. La Convención establecida en Francia abolió la monarquía y establece la República. En España, la monarquía debilitada por reyes incapaces, el sistema social-económico-político estamental y el mercantilismo que ahogaba a las colonias con regulaciones comerciales estrictas genera el descontento de los criollos –hijos de españoles nacidos en América- . Esto aunado a la imposición como rey de España de José Bonaparte – hermano de Napoleón- como resultado de la invasión francesa.

La Constitución de Cádiz que transforma a la monarquía absoluta en parlamentaria es otro aspecto de la historia a considerar, así como el deseo de Fernando VII -cuando retoma el poder- de eliminar dicha constitución y regresar al absolutismo.

Con todos estos hechos, podemos decir que las condiciones estaban dadas para la independencia de las colonias en Latinoamérica. Las noticias de revoluciones, independencias e ilustración habían permeado en las élites de aquella época. Todos ellos tienen un común denominador, las ideas. Esas ideas que se venían discutiendo desde mucho tiempo atrás y que fueron calando en las mentes independientes de las personas que tenían acceso a esa información –muy poca por cierto en esa época-.

Esas ideas que perseguían un mismo fin, la independencia. Fueron más allá en la independencia de EEUU, ya que no sólo querían la independencia sino también su libertad. Libertad de vivir de acuerdo a sus fines y no por permiso. Mientras que en nuestros pueblos se buscó la independencia pero se quedaron cortos en esa búsqueda al mantener el sistema mercantilista y de permisos propios de las colonias españolas.

Mi reflexión al respecto es que las ideas son importantes y debemos ir a la raíz de las mismas. Reconozco el esfuerzo y valor de quienes lucharon por su independencia en la época que les tocó vivir. Celebro la independencia que nos abrió la puerta a conseguir nuestra libertad. Celebro a todos los que día a día buscan “la independencia mental”, la cual requiere el esfuerzo por aclararse las ideas, la valentía para confrontar la realidad con los paradigmas, la honestidad para reconocer la verdad y la disciplina para no apartarse de ese camino.

Hoy celebro “La independencia” más importante, la independencia mental.

@Md30

Facebook.com/mda30

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