Política
Política
Economía
Economía
Finanzas
Finanzas
Emprendimiento
Emprendimiento
Premium
Premium
Vive
Vive
Internacional
Internacional
Opinión
Opinión
Inmobiliaria
Inmobiliaria

¡A votar!

Redacción
02 de septiembre, 2015

A veces el paso del tiempo nos hace olvidar la Guatemala a la que ya no queremos volver. Una Guatemala de violencia política, de guerra fraticida, de apagones de electricidad, la de los servicios deficientes de telefonía, la de las licencias de cartón y de las colas para los pasaportes. Pero también no queremos retornar a aquella Guatemala, la de las elecciones en las que las urnas se contaban en los cuarteles, los resultados los recibíamos a cuenta gotas a golpes de telegrama, cuyos verdaderos resultados nunca nos enterábamos y que derivaban casi siempre en violencia política.

Como la amnesia colectiva es enemiga de las democracias, es bueno señalar con precisión algunos síntomas de esa enfermedad, la del eterno retorno a las viejas cosas, que permanece aún latente en nuestra sociedad. Los constantes llamados a aplazar elecciones, a suspenderlas, a llamarlas ilegítimas o fraudulentas o a desconvocar a quienes con deber cívico participan en las juntas receptoras de votos es una de las modalidades contemporáneas dirigidas a desfundar nuestros procesos. Cierto es que hay acusaciones muy serias sobre partidos políticos y sobre candidatos; también es cierto que probablemente no todas la opciones sean ideales o recomendables, o que quizá quienes tienen el chance de ganar sean alternativas políticas que se juzguen peligrosas o impresentables. Pero de ello a desmontar toda la institución de las elecciones, me luce muy grave. Si hay serios señalamientos serán las instituciones, en este caso las de justicia, las que tienen que funcionar. No es tomando atajos políticos, no es abandonando procesos como vamos a resolver las cuestiones de fondo. Más aún si las personas que hoy llaman a estos actos de resistencia, no tienen la más mínima idea de cuál es el siguiente paso. Es una especie de salto al vacío.

¿Qué queda por hacer entonces? Preservar nuestro servicio civil electoral, es decir, aquella ciudadanía que es activa en temas de participación y presencia electoral, es fundamental. Los guatemaltecos, de distinta condición y procedencia, con un gran ánimo cívico han contando los votos desde nuestra incipiente democracia y ello ha ayudado dar un carácter transparente a los procesos electorales. Lejos de mandar mensajes de desánimo deberíamos continuar fomentado este acto de amor al país. Luego, hacer acto de presencia el domingo en las urnas. Ejercer el sufragio en forma consciente y válida, es otro elemento que podemos dar como contribución a Guatemala. No sabemos si nuestra opción será la ganadora. Quizá no. Pero con ello nos hemos pronunciado. Hemos hecho un acto de expresión ciudadana que se nos concede apenas cada cuatro años. Me decía un buen amigo: “hay sociedades que aspiran a tener elecciones desde hace años, y pareciera que nosotros, que las tenemos, las queremos perder”. Eso debería ser motivo de reflexión.

SUSCRIBITE A NUESTRO NEWSLETTER

Cuidar de las instituciones electorales es también una tarea primordial. A veces quisiéramos que las autoridades emitieran sus juicios en el sentido de nuestra opinión. No siempre será así. Tampoco podemos asegurar que las instituciones estarán siempre en las manos más calificadas. Pero son nuestras instituciones, y nos vemos en ella ciertamente reflejados. Luchar por su independencia y no contribuir a desgastarlas es un reto muy importante en nuestro tiempo.

Y finalmente la garantía de que todos los involucrados aceptemos los resultados. Es muy difícil a veces tomar como propia la decisión de la mayoría. Pero esas son las reglas del juego. Si no me parece la orientación de los votantes es mi deber ayudar a construir mejores opciones y una mejor calidad de debate. Si cada vez que la mitad perdedora descalificara por ilegítima a la otra mitad, apaguemos la luz y a otra cosa. Pero no es como una sociedad moderna zanja sus diferencias. La democracia se basa en la alternabilidad y en el respeto a las decisiones.

Es cierto. En Guatemala tenemos pocas instituciones que han sobrevivido los vendavales políticos. Nuestro TSE y las elecciones son dos de ellas. Luchemos por preservarlas. Si hoy no estamos participando activamente en política, al menos premiemos a aquellos guatemaltecos que orgullosamente hacen ciudadanía en los distintos aspectos de la organización del evento con nuestra presencia entusiasta en las urnas, pero por sobre todo regalemos al país también el obsequio invaluable de nuestra opinión, a través del voto válido y consciente. Este 6 de septiembre, ¡a votar!

SÍGUENOS EN
TE PUEDE INTERESAR