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Juntas escolares: participación comunitaria en la escuela

Redacción
22 de septiembre, 2015

En Estados Unidos de América del Norte, el sistema escolar se organiza por las gestiones de los gobiernos de los estados. Siguiendo la jerarquía, se arriba a las comunidades, y se organizan por juntas escolares, School Boards, las cuales tienen como su fin, velar por el bienestar del estudiante, en conjunto con la misma comunidad. Toda esta organización es para el sector público. Cuentan con apoyo de las legislaciones estatales y federales, y pueden establecer las normativas que rigen el funcionamiento de las escuelas.

Las responsabilidades de las Juntas Escolares son de importancia en la gestión: contratan el supervisor educativo, desarrollan y adoptan políticas educativas, la currícula y establecen y manejan el presupuesto. Supervisan la operación del centro educativo y tienen potestad para llegar a acuerdos colectivos.

Generalmente las personas que sirven en las juntas trabajan ad honorem; un pequeño porcentaje recibe reconocimiento monetario. Y la gran mayoría se entrega a la estrecha observación del logro; la meta de las juntas es velar por la preparación de los alumnos para la vida, para el ingreso a la universidad o a la fuerza laboral, pero sobre todo, a que alcancen una vida feliz y productiva.

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Las juntas escolares son de tradición histórica ; las primeras nacieron en 1647, en Massachusetts Bay Colony, estableciendo que la comunidad debiera fundar y mantener la escuela de la localidad. Las juntas municipales supervisaban a las escuelas; y en cuanto se volvía más compleja su dirección, se establecieron comités de ciudadanos, quienes a través del tiempo, fundaron su autoridad sobre todas las escuelas de la comunidad, así asegurando que la ciudadanía tuviera una voz permanente en cuanto a la educación de los niños.

Su efectividad se mide en el cumplimiento de las expectativas del logro de los alumnos, se esfuercen para que la educación esté al alcance de todos los alumnos; su gestión es regida por una rendición de cuentas; se trabaja en equipo con el supervisor para lograr las metas de la institución y de la comunidad. Se han establecido ocho características de juntas escolares efectivas: se entregan a la visión de una alta expectativa de logro estudiantil, una educación de calidad definiendo las metas para llegar a esa visión; sostienen la afirmación que todos los alumnos pueden aprender; se enfocan en las políticas educativas que mejoran el logro estudiantil; establecen una estable y fuerte red de comunicación interna y externa para el logro de las metas; aunque la información sea negativa, la incluyen en sus análisis; si la escuela sufra reducciones presupuestarias, siempre se continua con los programas de desarrollo profesional para asegurar los estándares altos; la relación de la junta con la supervisión es de mutua confianza; y muchas de las juntas escolares reciben las capacitaciones en compañía de los supervisores para compartir el compromiso de continua excelencia.

Existen asociaciones estatales de juntas escolares que a su vez velan por los altos estándares en nivel macro.

Esta estructura de participación comunitaria ya existió en el sistema escolar guatemalteco. En 1992 se estableció el Programa Nacional de Autogestión para el Desarrollo Educativa, PRONADE, y se manejaba por medio de Comités Educativos, COEDUCAs , los cuales administraban las escuelas, manejando los recursos oficiales del Ministerio de Educación, a nivel de comunidad. Esta gestión comunitaria duró relativamente pocos años; y dejó beneficios importantes. Las comunidades se fortalecieron por el ejercicio de la gestión administrativa; se observó una aumento general en la cobertura; un aumento en el éxito escolar y la permanencia en la escuela; también se observó cumplimiento en los días efectivos de clases, y las horas de permanencia dentro del aula.

Por las razones que fueran, no se le dio continuidad al programa. El modelo de participación comunitaria está comprobado tanto localmente como internacionalmente. Ahora en estos momentos de cambios permanentes, y en la esperanza que el último cambio de Ministro será, valga la redundancia , el último y para los siguientes cuatro años, se insta a que se retome el modelo con aires frescos y el reconocimiento que compartir la mejora educativa con las comunidades y los padres de familia asegurará la añorada calidad que no se alcanza; para el bienestar del alumno, la comunidad y la nación.

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