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Desconfíe del Gobierno

Redacción
24 de septiembre, 2015

Por: Jorge V. Ávila Prera

¡Ay, el gobierno! Esa figura que, a pesar de su naturaleza amorfa, de alguna manera la vemos reflejada en todas las esferas de la vida pública, desde el operador de ventanilla del fisco, hasta el mismo presidente de la república. El gobierno es comparable a una gran sombra perenne en la sociedad, de la que unos quieren formar parte (ya sea con la buena intención de aportar al país o para recibir su tajada del botín), otros la aborrecen y otros demandan su intervención en distintos ámbitos y a distintas escalas. Una de las grandes ventajas de la apertura, con evidencias, de la cloaca pública gracias a la labor de la CICIG y el MP, es que la corrupción rampante y sus nefastas implicaciones son ahora temas comunes en la mesa de un gran sector de la población. Si bien la corrupción siempre ha sido un mal característico de nuestro gobierno, ahora gracias al poder de difusión y convocatoria de las redes sociales y otros medios, los ciudadanos hemos internalizado las dimensiones de este mal y actuado en consecuencia.

En estos días es sencillo despotricar contra el gobierno, está en boga. Sin embargo, necesitamos aprovechar esta coyuntura para invitar a una reflexión un tanto más profunda ¿Alguna vez nos hemos planteado si el gobierno es intrínsecamente corrupto? Y no me refiero exclusivamente al guatemalteco, que a todas luces lo es, sino a la noción misma del gobierno y su tendencia, por su misma naturaleza, a corromper: un grupo selecto de personas a las que, bajo la justificación del Estado, les hemos concedido magnas cuotas de poder en la toma de decisiones, el monopolio de la violencia y los recursos para su sustento y crecimiento. Sin recaer en fanatismos e independientemente del prisma ideológico por el que se le mire, necesitamos reflexionar sobre el Leviatán que hemos creado, del poder que le hemos otorgado y de su tendencia, como un todo, hacia la sustracción de recursos y el tráfico de influencias para beneficio personal. Y esto se lo plantea desde el grupo de rock mexicano Molotov (“Si le das más poder a poder, más duro te van a venir a…”) hasta James Madison en The Federalist No. 51 (“Si los ángeles gobernaran a los hombres, no sería necesario ningún control externo ni interno sobre el gobierno”). Hay para todos los gustos y colores.

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Importante rescatar el tema ideológico porque es fácil caer en interpretaciones erróneas. No importa si usted cree que el gobierno debe proveer educación, salud y vivienda o si cree que solamente debe ofrecer seguridad y justicia, la importancia yace en la necesidad inevitable de establecer mecanismos de pesos, contrapesos y fiscalización ciudadana efectiva. La relación de la dimensión del gobierno versus la necesidad de su fiscalización es directamente proporcional. El debate de qué tantas atribuciones se le quiera otorgar al gobierno es también un debate de qué tanto queremos, como sociedad, involucrarnos en su fiscalización efectiva. No podemos huir de dicha responsabilidad.

Retomando el espíritu de James Madison y sus pensamientos en The Federalist, me permito parafrasear su idea: la gran dificultad de un gobierno de hombres sobre hombres es obligarle a controlarse a sí mismo. Y es que podemos promulgar miles de leyes que establezcan mecanismos internos de control (para los cuales la República como modelo provee ciertas repuestas) pero si la población no acude a su llamado inherente a denunciar los abusos del gobierno y a fiscalizar sus acciones, corremos el peligro de fracasar como sociedad.

No pretendo dejar una sensación pesimista en el lector, sino motivar a la acción. Que la inercia que Guatemala lleva desde abril de este año trascienda hacia un cambio de actitud ciudadana permanente. Que las horas de manifestación pacífica no queden en vano. Y para dicho fin, les dejo el siguiente mensaje: desconfíen del gobierno. Desconfíen de sus formas. Desconfíen de sus integrantes. Pero que sea una desconfianza sana y constructiva. ¿Le tocó ser la contraparte de un contrato social del que no solicitó ser firmante? No hay problema. Fiscalice, cuestione, vigile, denuncie, manifieste. Es el primer paso para generar una conciencia ciudadana.

Post-data: aprovecho la ocasión para agradecer a RepúblicaGT por este espacio, el cual pretendo, jueves a jueves, se convierta en un incitador de debates y un promulgador de ideas y reflexiones constructivas.

@JorgeAvilaPrera

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