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¿Y ahora que sigue?

Redacción
04 de septiembre, 2015

Regenerar el Estado es dar nuevo ser, reformar o mejorar algo que se degeneró. Se pudrió en las narices y la complacencia de todos los sectores con algún nivel de influencia. Se habla mucho de las élites del país y pienso ¿Dónde han estado? Hasta hace cuatro meses la sociedad de nuestro país estaba acomodada, sabía que íbamos de nuevo al matadero como ganado en manga a votar por el continuismo de ese sistema de privilegios y atraco a nuestros recursos. “El que calla otorga” reza el dicho. Como no voltear a ver a todos lados y cuestionarse, ¿donde había quedado perdido el compás moral de nuestro país? Lo que nos ha costado que tantos y tantos sin moral nos gobiernen.

Hoy la institucionalidad ha quedado salvada pero en ruinas y los estrechos vínculos entre funcionarios y criminales ha sido puesto en evidencia pública, así que no se necesita estar parado sobre ningún pedestal moral para señalarlo. En nuestro país operan redes de criminalidad, drogas y violencia que se alimentan de una población que en su mayoría ha sido privada de sus derechos, un territorio abandonado y sin control. En un período de crecimiento económico sin precedente, innovación y conectividad, muchas personas viven sus vidas en la pobreza, sin ninguna participación de las decisiones del país o certeza, y mucho menos control, sobre su propio futuro. Todos los días los medios de comunicación, radio, tv, internet móvil, prensa, pasa frente a sus ojos los beneficios de la buena vida. Cuatro millones de jóvenes ven pasar el mundo lleno oportunidades y prosperidad, y esto define sus expectativas o sus frustraciones.

Primero todos los guatemaltecos que formamos esta sociedad, con la ayuda de actores catalíticos como los gobiernos de los Estados Unidos, varios países Europeos y de la CICIG, fueron piezas fundamentales para abrir un hueco en esa muralla que hasta hace apenas cuatro meses parecía impenetrable. Todo estaba fraguado para que el “status quo” en el gobierno continuara intacto y se extendiera el modelo rentista y corrupto cuatro años más.

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¿Y ahora que sigue? Me gustaría ver en el Congreso de la República a los nuevos diputados, esos beligerantes en campaña, porque se espera de ellos y ellas muchísima vehemencia para demostrar que de esta ruina se puede regenerar la política y las instituciones. Pero sobre todo porque pese a que creemos que anhelan la construcción de un Estado con instituciones fuertes, será un campo de batalla de igual manera, porque lamentablemente quedará algo de carroña de esos malos diputados que se reelegirán inevitablemente porque están en el listado nacional.

El abordaje que sueño es uno de ciudadanía. La regeneración de la política como un oficio noble y honorable, hacer de lo imposible, lo posible, y la construcción del Estado organizado alrededor de un “contrato doble”: entre los líderes del país y la comunidad internacional, por un lado, y los líderes nacionales y la ciudadanía, por el otro. Un Estado soberano require del trabajo y compromiso de todas las partes de esta gran nación. Pero si seguimos delegando el gobierno en operadores y en terceros que no nos representan, el resultado será igual o peor.

También necesitamos asumir con responsabilidad que sí necesitamos la continuidad de la CICIG y de la ayuda internacional, pero que debe haber una estrategia de salida si ahora de verdad lo hacemos bien y asumimos la responsabilidad de la lucha contra la impunidad y la corrupción. La soberanía en papel no existe, ser soberanos y libres, implica ser responsables de nuestras acciones, incluir a la mayoría en estas decisiones (por eso lo de Estado de Derecho y de derechos), y que los beneficios alcancen a las mayorías.

Soberanía, que palabra tan maravillosa, quiere decir que nos podemos gobernar, entonces elijamos bien a nuestros próximos gobernantes. La ciudadanía activa, participativa, observante y beligerante se necesita hoy más que nunca.

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