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Cuando una rama se seca, otra está reverdeciendo

Adriana Lopez
05 de septiembre, 2015

Ojalá que el refrán que ocupa el título de ésta columna estuviera ahí para hacer referencia a la esperanza de un nuevo comienzo, pues se presta para entender su significado como una segunda oportunidad, un renacer, etc. Pero no, hoy no va a leer toda una columna con letritas de ánimo y nuevos anhelos por la “felicidad” que esta viviendo el país en este renacer histórico.

Los guatemaltecos somos optimistas por naturaleza y nos han enseñado desde hace tiempo a explotar de felicidad por cosas mínimas. Éste 3 de septiembre que acabamos de vivir, el presidente de la nación presenta su renuncia y es increíble la alegría que genera. De ajuste, llueve, entonces comenzamos a hincharnos de orgullo y decimos: ¡El cielo está llorando de felicidad por que Guatemala ha recibido una dote de justicia, qué gozo! Pero le apuesto lo que quiera que para el paisano que vive en el barranco en una casa que apenas se sostiene, la lluvia no significa lo mismo.

Todo termina cuando 12 horas después de la renuncia del presidente, media población reacciona y recuerda que aunque el actual corrupto ya renunció, un personaje un poco más descarado aún tiene la posibilidad de convertirse en su sucesor por los próximos cuatro años. Entonces se levanta el movimiento para cancelar a su partido y en esas luchas anda Guatemala, apenas unos días antes de las elecciones.

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Estuvimos todo éste tiempo concentrados en el objetivo equivocado. Era evidente que lo importante no era sacar al presidente sino evitar que llegara al poder uno peor que él. Hicimos las cosas al revés y hasta hoy nos estamos dando cuenta.

¿Cuál era el propósito? Un mejor país. ¿Cuáles eran las opciones? Concentrar todas las fuerzas en la renuncia del presidente o concentrar todas las fuerzas en la aplicación de la ley para los partidos que participarían en las elecciones de éste domingo. ¿Qué opción elegimos? Concentrarnos en el presidente. ¿Y qué significa esto? Que en vez de descartar la idea de un gobierno corrupto en el futuro, nos concentramos en el presente y probablemente dentro de cuatro años vamos a estar quemando cuetes de felicidad porque Baldizón renunció. Y así le abriremos el camino a la presidencia al monopolista ambicioso que querrá sustituirlo, en vez de atacarlo con reformas de ley y así todo un circulo vicioso.

Cuando una rama se seca, otra está reverdeciendo.

Cuando estábamos despidiendo a Otto Pérez Molina, Manuel Baldizón estaba apresurando el paso.

Quiero creer que a pesar de todo, todavía estamos a tiempo para detenerlo.

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