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¿Y ahora qué?

Betty Marroquin
07 de septiembre, 2015

Gracias a Dios, pasó la primera vuelta. Quizás usted comprenda y comparta mi sentir, amigo lector, hastiado de ver publicidad política, de la incertidumbre que causaron las benditas elecciones, de los golpes bajos, de los rumores, de las encuestas que asemejan un yoyo, y sobre todo, de la incertidumbre.  Pero miremos el lado positivo, ahora sabemos quienes van a segunda vuelta, quién será Vicepresidente por los próximos cuatro meses y medio, y comienza a disiparse la niebla para que veamos un poquito más claro hacia donde vamos.  Creo que la mayoría de guatemaltecos no deseamos más Líneas, cables ni conexiones exóticas de ninguna especie, es hora de tener substancia y honorabilidad.

Guatemala necesita urgentemente funcionarios públicos que se sientan orgullosos de servir al país, que comprendan de corazón, que como dice Von Mises, su función es digna al velar por el bien público, y que tengan presentes que no son superiores al pueblo que paga sus salarios.

Sin embargo, para lograr algo semejante, debemos arreglar las reglas del juego. Son indispensables Leyes sólidas, reglamentos claros, y un sistema de control de responsabilidades efectivo y eficaz. Gracias a Dios que tenemos a la CICIG (si, doy gracias a Dios aunque hace 5 meses los atacaba luego de como se comportaron los dos Fiscales anteriores), ya que hoy por hoy los funcionarios públicos y los empresarios tienen claro que cualquier negocio dudoso, cualquier movida turbia, cualquier acción al margen de la Ley puede ser fiscalizada por este sherif y por ende, terminar muy mal para ellos. Si el Presidente Constitucional de la República, democráticamente electo, terminó esposados, todos podemos terminar tras las rejas si procedemos incorrectamente.

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Es importante destacar un punto fundamental de todo este desmadre de escenario político que hemos vivido y estamos viviendo. Las quejas sobre la calidad de nuestros líderes, sobre la calidad de nuestros políticos, obedece al hecho de que gente idónea no suele lanzarse a la política.  Por lo general, son personas que quieren dinero fácil y poder.  Personas que tiene deudas que pagar, y las pagan cuando llegan al cargo.  ¿Queremos continuar así?  Creo que la respuesta es un rotundo NO.  Debemos limpiar, lustrar y sacarle brillo a la clase política. Pero para hacerlo, amigo lector, debe participar Usted o dejar que lo hagan sus hijos.

Mi reflexión de hoy es por consiguiente, enfocada hacia el futuro.  ¿Queremos mejorar el clima político, mejorar el gobierno, mejorar Guatemala? Gente nueva, porque lo viejo ya vimos como es, personas de calidad superior se deben involucrar en política.  Necesitamos que profesionales preparados académicamente, con comprobado sentido ético, personas intachables, ocupen los cargos. Es imperante que entren en política personas que no necesiten ir a hacer dinero con el cargo público, que realmente quieran SERVIR a Guatemala.  De algún modo, debe ser posible reformar la Ley para atraer ese tipo de ciudadanos hacia el mundo político y burocrático.  Es más, diría que inclusive, el hacerlo nos podría finalmente llevar a reducir ese espectro partidista absurdo que actualmente tenemos.  Reduciría la ambición de esos que se lanzan al ruedo por lanzarse, sabiendo que no llegan ni a primera base.  Concentraría la atención en tres o cuatro partidos serios, que lancen candidatos igualmente serios.  Mire como quedaron los de la cola y dígame usted, amigo lector, si le parece lógico que se lancen a una nueva contienda en las próximas elecciones.

Por ende, queremos calidad, ¡mejoremos la oferta!  Exigimos mejores funcionarios, cuyos sueldos derivan de los impuestos que pagamos.  Entonces amigo lector, ofrezcamos mejores personas para que sirvan al país. Anímese! Tiene algo que ofrecer a Guatemala, tiene de que vivir y no necesita robar, quiere dejar un mejor país para sus hijos, lo invito a que participe en política, a servir al país, con la frente en alto. ¡Juntos podemos lograrlo!

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