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¿Qué impulsa al ser humano hacer lo que hace?

Redacción
08 de septiembre, 2015

El libro Porque hacemos lo que hacemos, por el autor Edward L. Deci, delibera sobre la auto motivación. Si se juzgara por su portada, se dejaría a un lado, pues pareciera ser un simple libro de auto ayuda. Pero no es así, es un libro de auto comprensión, la cual abre puertas y ventanas al entendimiento por la motivación en el aula, y por la motivación per se, en la vida de cada persona.

El autor relata un simple experimento empírico que abre el cuestionamiento del porqué la persona humana hace lo que hace. ¿Es por una recompensa? La que fuese, o ¿Es por el simple gusto de hacer bien las cosas? En el aula, ¿se estudia para alcanzar una nota, sea numérica o de posicionamiento.? O por el simple gusto de saber e ir aumentando el aprendizaje?

Al observar a los alumnos del nivel de preprimaria es evidente la felicidad con que asisten a sus clases. No quisieren regresar a casa; y el proceso de aprendizaje es indoloro, pues se adquieren las competencias de pre matemática, pre lectura y destrezas de pensamiento sin preocuparse de los puntos que se les otorga. Sin duda alguna, una carita feliz o un estrella dorada pudiera considerarse un premio, pero es al esfuerzo, no necesariamente el resultado. ¿Qué sucede en los grados superiores? Cuándo se desvanece el gusto por la adquisición del conocimiento, y se torna necesidad de un reconocimiento en puntaje?

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Expone el autor que los niños no están esperando el atractivo de un premio para iniciar el proceso de aprendizaje; el saber más es la motivación intrínseca. Se retan a si mismos por el placer de la experiencia. Los niños por naturaleza son curiosos, lo quieren saber todo. La motivación es intrínseca; el proceso de hacer una actividad por el simple placer de hacerla, y esa actividad es suficiente recompensa. Compara el proceso de aprendizaje al proceso creativo del artista; no es la obra final que es el gran logro, es el camino hacia ella, el alcance al estado de ser.

¿Cuál es la recompensa? El sentido de logro. Cuando se presenta un problema, un rompe cabezas, un procedimiento nuevo, una inquietud, la curiosidad reina; y cuando existe la libertad de encontrar el resultado, para descubrir el fin sin presión de un resultado, el gozo promueve una solución veloz, y una enorme satisfacción.

Se traslada la contemplación a la fuerza laboral, y las personas que trabajan únicamente por la recompensa del dinero. Claro está, el dinero es una fuerza poderosa en cuanto a iniciativa, pues es el medio de poder vivir una vida digna. Pero si el fin de la labor es únicamente la recompensa, el salario, será un esfuerzo devastador, sin motivación intrínseca de logro.

Richard de Charms expuso que la motivación intrínseca es ser el origen propio de la acción, no ser una respuesta a fuerzas externas, sino que ser impulsado por fuerzas internas.

La necesidad de autonomía, ser la propia fuerza creadora de las acciones, y no dependiente del control de terceras. Autonomía versus control; proveer la posibilidad de elección, y por ende la voluntad de buscar con ímpetu y resolver con satisfacción. Y esta satisfacción es la recompensa propia.

¿Cómo trasladar el proceso de motivación intrínseca, la autonomía, y el sostenimiento de la fuerza de la causa personal al aula? ¿Cómo promover que la curiosidad sea la energía provocadora para resolver los retos y crecer en aprendizaje? El sistema escolar como se conoce opaca, si no erradica, la motivación intrínseca, con competencias numéricas, tareas forzadas y limitaciones al tiempo. Claro está que son hábitos necesarios para la vida; pero no sería más provechoso invertir el sistema educativo, cambiar las metodologías a las que instan a la motivación, autonomía y el ímpetu de la causa personal? Se ha hablado del aprendizaje basado en proyectos, y otras metodologías semejantes que sostienen la curiosidad innata del ser humana, y esa es el combustible para mantenerse en el camino del continuo aprendizaje. Un cambio necesario.

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