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La eterna preprimaria

Redacción
10 de octubre, 2016

Cuando se escucha sobre la educación inicial como la preprimaria, que abarcan las edades de cero a seis años,  se visualiza a los pequeños alumnos en el patio del jardín infantil, gozando de los grupos de compañeros, corriendo con gran risa, en franco juego. Las lecciones compartidas en aulas multicolor, adornados con un variopinto de estímulos visuales, obedecen a jerarquías de adquisición de competencias que funden la base de la estructura del conocimiento, en la metodología más frecuentemente utilizado en las aulas, que se llama constructivismo que como su nombre lo expresa, es una construcción.  Se inicia con el conocimiento previo, se podría llamar un conocimiento inconsciente, por no estar visible en la conciencia como conocimiento, sino que presente y operante, resultado de experiencias que se han acumulado. Desde esa fundación, construido con los hierros de la metaconsciencia, para luego crear la estructura, los pisos, las bigas, los muros solidos del conocimiento. Los siguientes niveles se construyen obedeciendo a los estilos de aprendizaje, la inteligencia emocional, las multiinteligencias, y sobre todo, con la intervención del docente, que con guía firme e idealmente sin imposición, permite el desarrollo natural de la curiosidad, que lleva a la  investigación y la vivencia del proceso de adquisición del conocimiento.

La lúdica característica de estas edades consolida el conocimiento; y mientras se vaya avanzando  en los niveles  educativos superiores, se desvanece ese espíritu que es esencial para la creatividad, la innovación y el aprendizaje indoloro. Se aprende jugando.

Se implementan otras metodologías en las asignaturas superiores; que aparentemente tuvieran más seriedad científica y que estuvieran muy de acuerdo con la temática. La enseñanza se torna árida; el aprendizaje como resultado, más costoso, en todos los aspectos.  El juego se perdió en el camino; y también el sentido de logro, el resultado de resolver el problema o adquirir el conocimiento, o aun mejor, provocar un cuestionamiento profundo.

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¿Cuándo se pierde la curiosidad nata por aprender? ¿Cuándo se vuelve el aprender un momento de tedio, y  de un esfuerzo de tarea, no de indagación?

¡Solo porque el estudiante es un adulto no quiere decir que no pueda jugar! Se pregunta, ¿en cualquier momento, en cualquier tema, si se aprende de manera lúdica, se queda aprehendida desde el inicio? La invitación es de observación .

Todo proceso de aprendizaje es estructural. El conocimiento previo prepara para el conocimiento que continua, y si es vivencial, con actividades sobre todo, provocadoras y lúdicas, se asegura el aprendizaje, indistintamente del nivel académico a que se esta optando.

Al observar a los alumnos del nivel de preprimaria es evidente la felicidad con que asisten a sus clases. No quisieren regresar a casa; y el proceso de aprendizaje es indoloro, pues se adquieren las competencias de pre matemática, pre lectura y destrezas de pensamiento sin preocuparse de los puntos que se les otorga.  Sin duda alguna, una carita feliz o un estrella dorada pudiera considerarse un premio, pero es al esfuerzo, no necesariamente el resultado.  ¿Qué sucede en los grados superiores? Cuándo se desvanece el gusto por la adquisición del conocimiento, y se torna necesidad de un reconocimiento en puntaje?

El libro Porque hacemos lo que hacemos, por el autor Edward L. Deci, delibera sobre la auto motivación. Expone el autor que los niños no están esperando el atractivo de un premio para iniciar el proceso de aprendizaje; el saber más es la motivación intrínseca. Se retan a si mismos por el placer de la experiencia. Los niños por naturaleza son curiosos, lo quieren saber todo.  La motivación es intrínseca; el proceso de hacer una actividad por el simple placer de hacerla, y esa actividad es suficiente recompensa.  Compara el proceso de aprendizaje al proceso creativo del artista; no es la obra final que es el gran logro, es el camino hacia ella, el alcance al estado de ser.

Se sabe que los contenidos, el ambiente, y el docente afectan al proceso de aprendizaje enseñanza. La actitud del estudiante es el detonante del éxito o fracaso; y esa actitud radica en las dinámicas educativas. Se ha comentado sobre el aprendizaje basado en proyectos, metas y problemas; ¿Qué crean estas metodologías? El cristal del reto, la inspiración del cuestionamiento, el riesgo de experimentar, a fracasar o salir exitoso. La mirada lúdica, el compromiso propio de desear saber, y la tenacidad de continuar aunque pareciera ser un esfuerzo nulo son los provocadores del aprendizaje. Construir sobre lo sabido, investigar con pasión, vivir la experiencia, en todos niveles educativos, aseguran el educación. Es necesario retornar a inicios; indistintamente si se esté cursando Prekinder, Básicos o un Doctorado; construir el propio conocimiento,  viviendo el proceso,  con ilusión, con el gozo de la preprimaria, ¡La eterna preprimaria!

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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