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Funciones del estado

Redacción
11 de septiembre, 2016

En las últimas semanas he estado analizando las ideas que se plantean para “sacar al país adelante”. Creo que todas llevan buenas intenciones, pero padecen del mismo mal. El rol de “ejecutar” se coloca en el Estado.
El fracaso de ese tipo de ideas viene implícito, principalmente, porque ignoran la naturaleza humana. No obstante, no es la única razón. Adicionalmente, las consecuencias no intencionadas pueden ser peores o bien, los nuevos incentivos pueden hacer que la situación analizada para la creación de los planes específicos a implementar cambien de tal manera el comportamiento social, que el plan de de imposible ejecución.
En el primer punto, las personas en puestos de poder no pueden actuar “por el bien común” como regla, pues siempre actúan con sus concepciones propias y sus intereses propios, aunque sean nobles y no espurios como la corrupción. ¿Qué quiere decir? Que es esa persona, en el poder, cree que es “el bien común”, si tenemos la suerte de tener a un honrado en el puesto. Eso automáticamente implica que no esas versiones de bien común vienen dadas desde arriba y pueden chocar, profundamente, con el “bien” y “bienestar” que cada uno de los ciudadanos cree merece.
Ese problema es lo que origina los siguientes mencionados.
Una consecuencia no intencionada es que ese programa o plan interfiere con las actividades que realizan las personas. Unas verán la oportunidad de hacer negocios, aún ilícitos, con los bienes y servicios que el gobierne preste y otros, dejarán de y verán impedido su medio usual de subsistencia.
Si el plan no es considerado “mi bien” y tampoco es compatible con “mi escala de valores”, el resultado será que buscaré como evitar sufragarlo. No importa que mi perspectiva esté “técnicamente” equivocada.
Es así los planes de gobierno implican muchas cosas que no se contemplan necesariamente en su diseño y ejecución. Todos llevan la semilla de la corrupción, el mercado negro, el fracaso y el abuso inmersos y no necesariamente serán de beneficio para el beneficiario, por el simple hecho que no lo considera beneficioso.

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