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La verdadera independencia, llegará con desarrollo

Marina Martínez
12 de septiembre, 2016

Con motivo de la semana de nuestras fiestas patrias, además del amor y todo ese fervor que llena las calles con blanco y azul, también nos llega con él, muchas dudas sobre si el país es verdaderamente independiente o todavía tiene mucho camino por recorrer.

Si hacemos la comparación de nuestro país con una persona, pocos estaríamos en desacuerdo que la verdadera independencia de una persona sucede después que ésta logra tener una base de educación, nutrición adecuada, aprendizaje técnico, experiencia laboral, contar con herramientas que le permitan hacer un plan de vida, que en pocas palabras, le permitan gestionar y decidir sobre su propio futuro.

Si ese “desarrollo de la persona” lo trasladamos o lo comparamos con la de Guatemala, muchos sectores del país, sino es que todos, estamos conscientes que para que ese desarrollo se logre, todavía hay muchas áreas pendientes por trabajar pero sobre todo por construir. Es entonces cuando surgen los criterios, muchas veces ideológicos que comienzan a desarmar la visión de construcción y destruyen lo poco que se construye y en el desgaste de esas discusiones, en pocos temas se avanzan.
Desnutrición, pobreza, mortalidad materna, poca calidad en la educación, deserción escolar, desempleo y ausencia de oportunidades, es el denominador común en los 22 departamentos de nuestro país, y sin embargo tanto se ha trabajado en cada uno de los temas, que es inconcebible como “si la izquierda quiere desarrollo y la derecha también” todavía tenemos grandes discrepancias entre el método, pero no en el objetivo.

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Estas discrepancias muchas veces, suceden por las ideologías radicalizadas que convierten los objetivos en la última prioridad y predominan argumentos de antaño donde pareciera que no hay personas con capacidad de razonamiento y análisis propio, sino que en la universidad aprendieron un discurso ideológico y de ahí, no se separaron nunca más. De estos discursos que no buscan el diálogo ni la construcción de puentes, es donde resultan sindicatos enraizados en el poder, departamentos con índices sociales por los suelos, lideres sin representatividad pero sobre todo poblaciones que nunca podrán salir del subdesarrollo hasta que no haya un verdadero interés en los objetivos primarios, antes que predomine el lenguaje político o ideológico.

El verdadero amor patrio surgirá entonces, cuando logremos anteponer nuestros deberes ciudadanos antes de buscar nuestros derechos como habitantes de un país, el ciudadano construye, genera dialogo, si algo no le parece presenta soluciones a su inquietud; en cambio el ciudadano se limita a vivir en el espacio de tierra que tiene la oportunidad de utilizar, critica en todos los espacios posibles y por haber (hasta en columnas de opinión) lo que va en contra de su ideología y pone obstáculos para toda propuesta de desarrollo, nunca busca comprender cuando alguien de otro sector está tratando de hacer bien las cosas y se queda callado si alguien de su mismo sector está rompiendo cualquier decálogo mínimo de la decencia.

Este 15 de septiembre, busquemos empezar a construir la verdadera independencia, esa que cuenta con desarrollo, infraestructura, escuelas más equipadas y maestros con mejores aptitudes para enseñar, una Guatemala donde los índices de nutrición permitan contar con niños y niñas con plenas capacidades para aprender y estudiar, en un país donde las oportunidades de empleo son apreciadas y se generan condiciones para la inversión, en un país donde se puede vivir sin conflictividad social promovida por líderes sin representatividad donde solo buscan atender los intereses propios, en un país donde se construyen puentes de entendimiento entre los extremos ideológicos y se dejan a un lado por el bien de la población. Pasemos como decía Moisés Naím de ser meros habitantes de Guatemala, a convertirnos en verdaderos ciudadanos.

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