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Joven chapín, ¡anímate a emprender!

Redacción
29 de septiembre, 2016

Ahora que los jóvenes guatemaltecos tienen delante de sí la recta final del período de clases, algunos terminando el ciclo escolar en octubre y otros en noviembre, vino a mi mente aquel año de 1989 cuando estaba terminando el Bachillerato. Y como dicen que contar la propia experiencia es el relato más auténtico para aportar algo positivo al prójimo, pues ahí les va…

Para serles sincero, a septiembre de mi año de graduación no estaba totalmente seguro qué iba a hacer de mi vida. Me llamaba mucho la atención la carrera que finalmente seguí, Derecho, pero no era malo en las mates y varios amigos míos iban a las ingenierías y yo estuve muy tentado a seguirlos. Finalmente me gradué el 20 de octubre y el 2 de noviembre de ese mismo año empecé a trabajar como procurador de abogados. Hasta la fecha no he parado.

Veintisiete años después, prácticamente he visto casi de todo. Al igual que millones de compatriotas, he sido testigo de mirar gobiernos ir y venir, campañas políticas, presidentes, diputados, alcaldes, burócratas aquí, sindicalistas allá. También he visto nacer, crecer, desarrollarse, multiplicarse, triunfar, así como fracasar muchas empresas. De todo tipo de empresas, del agro, del sector industrial y comercial.

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Mientras fui asalariado, muchas veces quise “independizarme”; “poner un negocio”, “tirarme al agua”. Tardé algunos años, y antes de graduarme de abogado me asocié con unos amigos y abrimos la oficina: me sentí libre. Entre mi afición a la política, como contratista (que alguna vez fui) y de asesor de gobierno, nunca he dejado lo que me da de comer día a día, la profesión. Hoy miro atrás y afirmo que ha sido una excelente decisión.

La profesión me llevó a expandir mis servicios y convertir mi alguna vez oficina exclusivamente de servicios legales, en una pequeña empresa de servicios no sólo jurídicos, sino comerciales y políticos, junto a alguna que otra inversión más por ahí.

Muchas veces he tenido miedo de emprender. Miedo de fracasar y así también he dejado ir oportunidades de las que luego me he “jalado los pelos” cuando he visto a alguien más que las agarró y triunfó. En fin, me imagino que son cosas que nos pasan a la mayoría. Y ahora, a mis cuarenta y pico de años, con todo y la actual situación política, económica y social, no quiero perder la chispa de agarrar la siguiente oportunidad, o bien, de crear la siguiente oportunidad para iniciar una nueva aventura empresarial. Tengo claro que el triunfo deseado, aún no lo he alcanzado. Seguro que todavía no.

Sobre cómo emprender hay mucha literatura. Muchos cursos de liderazgo, de ventas, de atención al cliente, etc. Hoy más que nunca, esas herramientas están en el aire, en la nube digital, a toda hora, en todo lugar. No hay excusa para no capacitarse y así emprender con mayores garantías de éxito –una de las grandes claves el éxito empresarial es la información y conocimiento-. El fracaso también es parte del camino. Como muchos, he fracasado de lo lindo, ¿perdiendo tiempo y dinero? Es el precio del aprendizaje.

Joven chapín, para emprender una aventura empresarial seguramente muchos te han dicho que se necesita dinero, que si no lo tienes, mejor que ni te metas. Por mi propia experiencia afirmo que se necesita CONOCIMIENTO, CREATIVIDAD, VALOR, TRABAJO, PERSERVERANCIA y HAMBRE DE TRIUNFAR. Si no tienes eso, por mucho dinero que tengas para arrancar, no creo sinceramente que “la hagas”.

También es cierto que en muchas universidades y centros de estudio hay una falta enorme de potencializar las aptitudes empresariales. Muchos le apuestan más a formar personas obedientes y no beligerantes “ni salidas del guacal”; a convencer al estudiantado de que la “sociedad” es más importante que sus propios sueños, a confundirlos con doctrinas estatistas, colectivistas y ahora llamadas “progresistas”. Joven chapín, no te contentes ni te conformes con eso, sal del redil y vuela “emitiendo tu grito barbárico por los techos del mundo” (como dijo el poeta).

Solamente los emprendedores de la última década han aportado más a la civilización y a la creación de riqueza y fuentes de trabajo, que todas las organizaciones de beneficencia y gobiernos de los últimos siglos. Anímate y únete a crear; tus hijos, tu familia y la sociedad te lo agradecerán. Por favor: ¡EMPRENDE!

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