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Zopilotes en el cementerio

Redacción
08 de septiembre, 2016

Hace unos días me comentaban que el Cementerio General es un caos. Nada nuevo, excepto los robos “de moda”: en búsqueda de dientes de oro, joyería fina y otras pertenencias con las que se supone enterraban a los familiares en épocas pasadas, los ladrones ahora rompen el sello de cemento, abren las cajas y sacan los restos del difunto. Si encuentran algo o no, no lo sabemos. Lo cierto es que dejan los restos tirados en el piso. Los trabajadores del cementerio, al percatarse de este ultraje, recogen los restos y los devuelven a su lugar. Me parece patético que el deseo de “hacerse de unos centavos”, haya despojos humanos que cometan estos ultrajes.

Pero así es la vida en nuestro país. Hay de ese tipo de personas. Últimamente hemos visto los excesos de abusos que los vividores de la conflictividad están haciendo en el Valle del Polochic. Hasta un video circuló en YouTube, tirando por la borda cualquier excusa de “búsqueda de unos sus centavos porque no tienen nada”. Gente armada, con pasamontañas para esconder su identidad, irrumpieron en una finca para invadirla. Ya van 33 invasiones, más de 3,000 empleos directos perdidos (ellos seguramente no tienen nada), siembras arrasadas por el fuego. Estos invasores serán ahora los zopilotes en un cementerio de tierras improductivas, ajenas, donde no tendrán más que meter los restos en un hoyo pues allí no quedó nada.

Otro ultraje: una noticia reciente dice que fallecieron nueve bebés en un hospital regional, en una semana, pues no hay insumos para atenderlos. Mientras tanto, los dirigentes sindicales se bañan en dinero, los empleados reciben mucho más de lo que su capacidad les permitiría ganar, el robo de insumos, medicamentos, alimentos, ropa, y todo lo que puedan llevarse, es extremo. Además, más de 22,000 nuevos contratos en los últimos dos períodos de gobierno. Agregamos la declaración de la ministra diciendo que no tiene idea si son 30,000 o 55,000 empleados en el Ministerio de Salud. Un millón de niños desnutridos y, como dice César García, descerebrados (no tendrán capacidad de aprender, nunca). Y las “consecuencias no intencionadas”: los que mueren en los intentos de asesinato de mareros cuando el Sistema Penitenciario los lleva al hospital para recibir un tratamiento médico. Los pacientes son los zopilotes en un cementerio, pues la muerte es lo único seguro. Salir aliviado de la dolencia que llevó a las personas a ese centro asistencial, es cuestión de suerte.

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Hace unos días, un grupo de inconformes bloqueó, nada más y nada menos, que el puente Belice. No están de acuerdo con que la Conred los desaloje por considerar que el área donde viven no es segura. No puedo ni pensar lo que estas familias sienten. No tienen a dónde ir. Deben dejar su vida entera y moverse a otro lugar. Pero, ¿qué culpa tienen los que transitan por allí? ¿Acaso pueden ellos resolverles el problema? Vimos imágenes de miles de personas caminando por el puente. Uno de ellos llevaba a su hijo pequeño en brazos. Era de noche, con lluvia y frío. Eran como los zopilotes en el cementerio, donde sus almas eran despojos ultrajados sin razón.
Este cementerio lleno de nuevas propuestas, ideas creativas, negocios pujantes, clientes con capacidad de compra, generación de nuevos empleos, pareciera crecer cada día. Ofrecimientos de incrementar impuestos, imposición de ideologías con financiamiento internacional, “superioridad” intelectual de extranjeros que creen saber qué es lo mejor para nosotros los chapines, locales queriendo imponer su versión de seguridad alimentaria para empobrecer a los agricultores, “genios” de capa caída queriendo vivir del gobierno creando nuevas dependencias estatales, consensos que nunca lo fueron y que pretenden modificar la esencia de la legislación guatemalteca, y un largo etcétera. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que todos seamos los zopilotes en un cementerio llamado Guatemala?

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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