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José María Miculax: el asesino serial que aterrorizó a Guatemala en 1946

En los primeros meses del año 1946, José María Miculax generó terror en los guatemaltecos con sus viles crímenes que lo convirtieron en el primer asesino serial en Guatemala.

Isabela Pedraz
10 de noviembre, 2022

Mientras el mundo veía el final de la Segunda Guerra Mundial, en Guatemala inició la Revolución del 44. Por el control que las autoridades intentaban mantener sobre la sociedad revolucionaria, varios crímenes no fueron resueltos y los criminales huían. Entre los asesinos que pasaban desapercibidos se encontraba José María Miculax.

En su prontuario criminal a Miculax se le llegaron a comprobar 15 víctimas, la mayoría encontradas en Chimaltenango, Guatemala y Sacatepéquez.

Vida antes de sus crímenes

Los padres de Miculax llegaron a Ciudad de Guatemala desde Patzicía, Chimaltenango y trabajaban en el campo, eran personas muy sencillas y analfabetas. Se sabe poco de la vida temprana de José María, pero se sospechaba que fue producto de un embarazo no deseado cuando su madre era una adolescente.

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Lo que se sabe de su infancia es por lo que le comentó a su compañero de celda. Compartió que Miculax no tenía ninguna tendencia o una personalidad que se podría considerar psicótica, y de lo que le contó el asesino serial, durante su niñez no parecía mostrar ningún tipo de comportamiento irregular. Creció en un hogar donde su padrastro, quien era un alcohólico, abusaba de toda la familia. Se cree que eran abusos físicos y sexuales.

Miculax se identificaba como homosexual, lo que lo expuso a discriminación y lo llevó a esconder esa parte de su personalidad. Por años no tuvo ninguna figura de autoridad en su vida que le enseñara a diferenciar entre el bien y el mal, en especial porque nunca recibió ningún tipo de educación.

Es por ello que durante su adolescencia, cuando empezó a tener fantasías sexuales, no sabía cómo actuar, por lo que su descontrol emocional y psicológico causado por los abusos de su padrastro, lo habrían llevado a deseos sexuales fuera de lo aceptado en la sociedad.

Por varios años intentó reprimir sus deseos y acciones, pero sus tendencias violentas llegaron a causarle un descontrol que lo condujo a convertirse en ladrón para sacar sus frustraciones de alguna manera. Se cambiaba nombres para no ser identificado, y llegó a ver el crimen como algo natural y normal en la sociedad, ya que no tenía consecuencias por la falta de intervención de las autoridades.

Las primeras víctimas

Una de las únicas relaciones cercanas que tenía Miculax era con su primo Mariano, con quien compartía sus ideas perversas. A los 15 años, empezó a abusar de niños y llegó a ser arrestado cuando tenía 16 años por abuso y secuestro de niños, al igual que robos. Se le sentenció a cuatro años de prisión.

En la cárcel no actuó de forma ‘maligna’. Se comportaba de buena manera y no acudió a la violencia física ni sexual. Se supone que la verdadera razón era porque era una prisión de mayores, por lo que no tenía su tipo de víctimas al alcance.

En enero de 1946 Miculax terminó su sentencia, y nomás salió de la cárcel, sus acciones de violencia sexual y física regresaron. Su primo Mariano fue quién lo recogió, y de inmediato empezaron a planear sus acciones criminales. Pronto se empezaron a escuchar noticias de desapariciones y el hallazgo de cuerpos sin vida de menores. Entre enero y abril de 1946 se encontraron los cuerpos de hasta 15 niños entre 8 y 15 años.

El primero encontrado fue el 23 de febrero de ese año. Se trató de Enrique Sactic Cuyuch. Fue encontrado en la finca de El Naranjo. Estaba sobre la arena con ambos brazos amarrados al cuerpo. El expediente dice que el niño tenía marcas como si le hubieran pasado un automóvil encima. En la autopsia se supo que el menor murió por sus heridas.

El 30 de marzo a las 11:30 horas, un joven encontró a su hermano sin vida. El padre de ambos había mandado al hijo menor, Francisco Juárez Ajvix, a visitar a su hermana, pero nunca regresó. El mayor de los hermanos fue a buscarlo, solo para encontrar el cuerpo en un bosque a varios kilómetros de la carretera más cercana. La descomposición de su cuerpo estaba al nivel que partes estaban dañadas por animales que habían comido de su cuerpo putrefacto. Tenía una soga atada al cuello, y la autopsia mostró que su causa de muerte fue la asfixia.

El sobreviviente

El 23 de enero de 1946, Miguel Ángel Valenzuela le dijo a su madre que dos hombres le dijeron que tenían unos conejos que enseñarle. Cuando lo tenían solo, le dijeron que si se quejaba o hacía algún ruido, lo matarían. Abusaron de él, y el joven logró escapar cuando le dieron por muerto y los atacantes se retiraron.

Esta era una de las tácticas más comunes que utilizaban para atraer a los niños sin crear sospecha: les decían a los que tenían conejitos de colores, y así es como llevaban a los niños a un lugar donde podían abusar de ellos. Cuando su víctima se encontraba distraída, le ataban los brazos, le ponían una soga en el cuello, y abusaban del menor. Miculax, en su juicio, dijo que terminaba su abuso cuando sentía al niño dejar de respirar, por lo que se llegó a decir que lo que le excitaba no era el acto sexual, sino ver a los niños morir.

Miculax y Mariano eran muy impulsivos, por lo que en momentos los niños lograban escapar. En una ocasión, un hombre conocido como Benaventura González, encontró a un niño golpeado y con huellas de dedos en el cuello. Le preguntó qué le sucedió, y dijo que dos hombres lo atacaron con un cincho y le robaron de lo que llevaba.

Por medio de robos es cómo Miculax y Mariano sobrevivían en las calles. En pocas ocasiones le robaban a mayores, ya que niños y adolescentes eran más fáciles de manipular y atacar.

Intervención de las autoridades

Las autoridades empezaron a ver que todos los asesinatos recientes eran acciones de un solo atacante, o en este caso dos. Por un momento se llegó a crear el rumor que los asesinatos eran orden del presidente Juan José Arévalo. Luego de un accidente de automóvil, el presidente se lastimó la columna y perdió gran parte del líquido que facilita el movimiento vertebral, por lo que se llegó a decir que el mandatario asesinaba a los niños para extraerles el líquido y así facilitar su movilidad. Pero por falta de pruebas, la teoría no tomó camino.

La presión pública fue lo que hizo que las autoridades actuaran y lograran capturarlos. Entre las víctimas comprobadas estaba una de 18 años, dos de 15, dos de 14, cinco de 13, dos de 12, dos de 11, y uno de 10. Eran niños de Guatemala, Mixco, Santa Catarina Pinula, Antigua Guatemala, y San Pedro Sacatepéquez, pero la mayoría de los cuerpos fueron encontrados en Chimaltenango, Guatemala, y Sacatepéquez.

El 27 de abril de 1946 una anciana dio una descripción detallada de los criminales luego de haberlos visto por la calle. No los encontró realizando algún crimen, sino que identificó a Miculax por su forma de caminar peculiar, detalle dado por parte de la descripción de victimas sobrevivientes.

Primero se capturó a Miculax y luego a Mariano. No se tiene información de la operación ni la captura, ya que en realidad los criminales andaban por las calles libremente sin mayor intento de ocultarse. Miculax no dudó en confesar sus asesinatos más recientes, dando las localizaciones de sus víctimas. Así fue como se encontraron los huesos y cuerpos del resto de niños.

Lo que llegó a confirmar que ellos eran los responsables de todos los asesinatos fueron los testimonios de los cuatro niños que sobrevivieron a sus ataques, al igual que el testimonio de la anciana que los reportó a las autoridades.

Caso y condena

Miculax confesó varios de los asesinatos, los cuales contaba de forma clara, detallada, y en apariencia honesta, como si se tratara de un tema cotidiano. Los presentes en el juicio mencionaron que no mostraba ningún remordimiento o pena en su lenguaje corporal y tono de voz. Llegaron a describirlo como un sadista y loco.

No se sabía cómo seguir con su juicio luego de que Miculax había confesado todo, hasta que los padres de las víctimas le mandaron una carta al presidente donde le pedían que fueran ejecutados los dos asesinos violadores ya que ‘solo con su vida pueden pagar sus crímenes’. Pidieron que fueran fusilados públicamente para que el gobierno diera una muestra de autoridad y orden para garantizar la seguridad y vida del pueblo.

Por la tardanza del caso de Miculax, se aprobó el Decreto 235 del Congreso de la República, conocido como la Ley Miculax. Esta normativa abrevió el proceso para enjuiciar asesinos.

El 18 de junio de 1946 Miculax fue condenado a la pena capital por dos de los 15 asesinatos que se comprobaron durante el juicio. A Mariano se le condenó a 30 años de cárcel por ser cómplice, a pesar que habían pruebas que era igual de perverso que Miculax. Pero por no haber actuado de manera directa, o al menos no tener pruebas, no sufrió la pena capital.

Un mes luego de su sentencia, colocaron a Miculax frente a una audiencia en un pelotón del Cementerio General. Cientos de personas fueron a ver su fusilamiento.

Se le dio el derecho a última voluntad, y pidió estar vestido con traje y sombrero, dos octavos de agua ardiente, y recibir asistencia espiritual. Al dar sus últimas palabras, en vez de disculparse o pedir perdón, confesó que él asesinó a cuatro menores y el resto fueron víctimas de su primo. No se logró comprobar este dato.

Luego de su muerte

Después de ser fusilado a los 21 años, la facultad de medicina de la universidad San Carlos pidió por parte del médico y psiquiatra Carlos Federico Mora que decapitaran al criminal para examinar su cerebro. No encontraron ningún tipo de trastorno psicológico, ya que en ese entonces se creía que estos afectaban el tamaño del cráneo y le daba ciertas características físicas, por lo que decidieron realizar estudios físicos adicionales a los psicológicos realizados antes de su ejecución.

No se sabe que sucedió con el cuerpo de Miculax luego de ser decapitado, ya que el gobierno de la época no quería dar a conocer su lugar de entierro ni darle una lápida para evitar que se llegara a sacar el cadáver o a realizar ritos en honor al criminal.

En los años 90 la cabeza desapareció y nunca fue encontrada. Se sospecha que fue robada, pero nunca se lograron comprobar los hechos.

Se llegó a crear una leyenda de la historia de Miculax. Entre los años 40 y 50, se convirtió en tendencia que en vez de decirle a los niños que ‘se los llevaría el Coco si se portaban mal’, un dicho famoso, se decía que ‘se los llevaría Miculax’.

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