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José Miguez: el español que creó un imperio del cacao en tierras de Suchitepéquez

José Miguez, también conocido como Don Pepe, es el fundador y dueño de Villa Amanda, un hotel ubicado en la finca de cacao más exitosa de Suchitepéquez.

José Miguez, también conocido como Don Pepe, es el fundador y dueño de Villa Amanda. Fotografía: Isabela Pedraz.
Isabela Pedraz
06 de agosto, 2022

En las frondosas tierras de Suchitepéquez, donde las calles y viviendas se encuentran entre kilómetros de caña, se puede encontrar Villa Amanda. Localizada en jurisdicción del municipio de San Antonio, en la orilla de la carretera principal, el español José Miguez ha dado vida a un paraíso con casi 12,000 árboles, entre los cuales el más prominente es el cacao.

Un sueño encontrado por casualidad

La sangre española corriendo por las venas de José, también conocido como Don Pepe, se cruzó con el amor por Guatemala que pronto convirtió en su hogar. Llevaba tiempo viviendo en Quetzaltenango con su familia, cuando complicaciones de salud le obligaron a trasladarse a la costa sur del país. Luego de una operación de corazón, Don Pepe quedó enamorado de los campos sobrepoblados con plantaciones de caña. Logró conseguir una finca de alrededor de 15 manzanas, y al empezar a aprender sobre el terreno y su flora, le llegó a llamar la atención la cantidad de plantas que podrían crecer en un clima como el de San Antonio.

José Miguez, también conocido como Don Pepe, es el fundador y dueño de Villa Amanda. Fotografía: Isabela Pedraz.

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Don Pepe no se dejó limitar por la falta de interés en las universidades a las que había pedido apoyo, y luego de 18 años sin dar fruto a su sueño, decidió actuar por su cuenta y empezó a sembrar las raíces de su proyecto. Fue así como consiguió convertir un terreno lleno de caña, en un paraíso donde colores y aromas florales dominan la naturaleza con una bella intensidad.

Cuando logró expandir la plantación de cacao y la diversidad de la vegetación alrededor del área pública, Don Pepe le pidió ayuda al Instituto Nacional de Administración Pública para abrir una escuela de cacao, donde le enseñaría a estudiantes el proceso de la producción, desde la plantación hasta llevar la fruta ya transformada al consumo. Pero durante varios años no consiguió ninguna respuesta o ayuda de la institución.

Esos obstáculos no lo vencieron. Logró contar con personal especializado en el cacao para empezar una producción más formal. Su pequeña empresa iba tomando rumbo, pero el huracán Stan tenía otros planes, ya que llegó y se llevó gran parte de la plantación.

El huracán Stan causó grandes inundaciones en Centro América, especialmente en el campo.

El carácter de Don Pepe no es fuerte, sino que perseverante, lo que se puede apreciar en cómo no se dio por vencido y empezó su proyecto de nuevo. Brindó apoyo a la comunidad en lo que se recuperaban del huracán, no solo con alimentos que crecían en su terreno, sino que también ofreciendo trabajo a quien lo necesitara. En un futuro su ayuda a los guatemaltecos no se detuvo, ya que en varias ocasiones siguió asistiendo a personas con problemas digestivos, especialmente el reflujo, ya que el cacao regula el sistema digestivo de forma natural.

Su relación con el cacao

La plantación de cacao, que empezó a tomar forma hace 12 años, está localizada en una zona donde el clima y la tierra benefician a los árboles. La tierra húmeda y con alto drenaje ayuda a que los árboles se mantengan frescos, a pesar que en épocas donde la lluvia es muy pesada se llegan a propagar hongos que dañan los árboles. Don Pepe ha logrado aprender todo tipo de remedios naturales no solo para sus clientes, sino que también para sus árboles, por lo que sabe cuándo podarlos, cortarlos, y relocalizarlos para que den el mejor fruto.

El área también es rica en historia, ya que hace centenas de años, los mayas y sus antecesores descubrieron los secretos del cacao. En toda el área de Escuintla hasta Tapachula, e incluso en partes de México, se descubrió los usos de la fruta, algo que ninguna civilización había realizado en ese entonces, según escritos y grabados. En el hotel de Villa Amanda se tiene un mural en honor a la historia de la tierra. Se observa un grabado del dios maya del cacao Ek Chuah, junto con jugo de la fruta, conocido como "la bebida de los dioses".

El mural grabado en honor al dios maya del cacao. Fotografía: Isabela Pedraz.

Don Pepe se mantiene ocupado todo el año, ya que el árbol de cacao da fruto en todos los meses. Las épocas donde la cantidad de producto incrementa es de diciembre a enero, al igual que de mayo a junio. Pero uno de los problemas crecientes son las plantaciones de caña en los alrededores de su terreno, ya que la constante quema y fumigación mata a los principales polinizadores del cacao, las moscas Forcipomyia.

Meta no cumplida

Tristemente, para Don Pepe el sueño no se ha vuelto realidad en su totalidad, ya que su meta de producción no ha sido alcanzada en los 12 años que ha tenido los árboles, incluso con una suma de clientes por haber abierto las puertas del hotel hace un par de años.

Pero no deja que esto lo detenga. Sus productos de cacao lo ha convertido en el mayor productor en una área de Guatemala donde la caña y el hule se mantienen como los principales productos en el mercado externo.

El cacao se recolecta diariamente en Villa Amanda, lo que les genera constante producto.

Su proyecto no lo ha realizado solo, cuenta con el apoyo de su esposa, quien es la encargada de La Casa del Cacao, una sección de la finca donde se puede apreciar el proceso de colecta, secado de las semillas, y la producción de todos los alimentos que ponen en venta como el chocolate con varios porcentajes de azúcar, el jugo de cacao y el vinagre de cacao, entre otros.

José Miguez es un hombre a admirar, no solo por su determinación y paciencia para establecer su empresa, sino que por mantener viva la producción de cacao en un país ajeno, que convirtió en un segundo hogar.

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