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La creciente proporción de migrantes de fuera de México y Centroamérica representa un desafío para Biden

Redacción República
25 de agosto, 2021

Casi tres de cada 10 detenidos en la frontera sur en julio procedían de América del Sur, el Caribe o más allá.

WASHINGTON — Migrantes de América del Sur, el Caribe y Europa del Este están cruzando ilegalmente la frontera entre Estados Unidos y México a un ritmo sin precedentes, una tendencia acelerada por la pandemia del Covid-19 que está generando una nueva consternación dentro de la administración del presidente Biden.

Hasta hace unos siete años, casi todas las personas que cruzaban a Estados Unidos eran mexicanos en busca de trabajo. En 2014, por primera vez, la mayoría de los que cruzan la frontera sur se convirtieron en niños y familias de los países centroamericanos de Guatemala, Honduras y El Salvador que llegaron a solicitar asilo, dinámica en torno a la cual la actual administración ha formado su respuesta de política migratoria. 

Pero la reciente agitación política en América Latina y el Caribe, junto con las continuas consecuencias económicas de la pandemia, han hecho que la gente huya a la frontera de Estados Unidos en mayor número de lo que se había visto anteriormente.

“Solían ser, esencialmente, centroamericanos y mexicanos”, dijo la semana pasada el recién nombrado jefe de la Patrulla Fronteriza, Raúl Ortiz. “Ahora, cuando entras en algunas de nuestras instalaciones y ves las caras, la composición de la población es extremadamente diferente”.

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Decenas de miles de migrantes de Brasil, Venezuela, Cuba y Haití han llegado a la frontera desde octubre, el inicio del año fiscal del gobierno, superando con creces los récords anuales anteriores. Aproximadamente 3.700 rumanos, la mayoría de los cuales se cree que pertenecen a la minoría étnica romaní, han cruzado, casi el doble del récord anual anterior. Y han venido tantos migrantes de Ecuador que durante los últimos tres meses han eclipsado a los migrantes de El Salvador, uno de los tres países centroamericanos en la mira de la respuesta política de la administración.

En los últimos 10 meses, casi dos de cada 10 arrestos en la frontera de EE U fueron de un migrante que no provenía de México ni de los tres países del “Triángulo Norte” de Centroamérica: Guatemala, Honduras y El Salvador, frente al 9% en el año fiscal de 2019. Y de menos del 3% en 2014, según cifras del gobierno. En julio, ese número era casi tres de cada 10.

La situación plantea un desafío cada vez mayor para el presidente Biden en la frontera, donde seis meses de cruces ilegales implacablemente altos han afectado a las ciudades fronterizas y los refugios y han formado un potente problema político para la nueva administración.

Los migrantes de fuera de Centroamérica presentan un problema logístico más difícil para los funcionarios de inmigración en el terreno. En general, México solo aceptará de regreso a los migrantes centroamericanos bajo el Título 42, la política de salud pública de los Estados Unidos que permite a los agentes fronterizos dar la vuelta de inmediato a los migrantes que cruzan la frontera ilegalmente, dijo Ortiz. Países como Cuba y Venezuela no aceptarán a sus propios migrantes deportados.

Aunque alrededor del 29% de los cruces totales en julio fueron de migrantes fuera de Centroamérica, constituyeron el 40% de las familias migrantes que llegaron a la frontera. Es más probable que las familias soliciten asilo que otros migrantes, lo que significa que, en general, Estados Unidos no puede deportarlos rápidamente.

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Desde que asumió el cargo, el equipo de Biden ha formado su respuesta a la oleada fronteriza en torno a abordar las causas fundamentales de la migración desde Centroamérica (pobreza, violencia de pandillas y corrupción gubernamental) y encontrar más vías de inmigración legal para los posibles migrantes. La administración ha reservado algunas visas de trabajo y espacios para refugiados para ciudadanos de Guatemala, Honduras y El Salvador. Aemás, envió cientos de millones de dólares en ayuda y recurrió al sector privado para que invierta en esos países. Varios funcionarios, incluida la vicepresidenta Kamala Harris, han realizado viajes a la región y el Gobierno ha designado a un enviado especial, Ricardo Zúñiga, para actuar de enlace con los gobiernos del Triángulo Norte.

Los migrantes del Triángulo Norte todavía representan una gran fracción del flujo total en la frontera, que comprende alrededor del 42% de los arrestos realizados este año, pero los expertos en inmigración dicen que el flujo cambiante requerirá que la administración amplíe su respuesta.

“En este momento, Estados Unidos realmente no tiene una respuesta política para las personas que vienen de países que no sean de Centroamérica”, dijo Jessica Bolter, analista de políticas asociada del Migration Policy Institute, un grupo de expertos no partidista de Washington.

Un alto funcionario de la administración dijo que la gestión de Biden, que también está alarmada por los recientes aumentos, está comenzando a cambiar. “En la conversación sobre el manejo de la migración y las causas fundamentales, estamos comenzando a tener esas mismas pláticas con países de todo el hemisferio”, dijo.

El funcionario dijo que Estados Unidos no es el único país afectado por el aumento de los desplazamientos. Colombia, por ejemplo, ha acogido a millones de migrantes venezolanos que huyen del régimen autocrático de su país. Aseguró que los funcionarios están trabajando hacia una estrategia regional en la que más países del hemisferio occidental acepten mayor cantidad refugiados.

Adam Isacson, director de supervisión de defensa de la Oficina de Washington para América Latina, una organización de derechos humanos, dijo que el aumento de la migración desde más allá de Centroamérica se debe en gran medida a la pandemia y sus consecuencias, incluidas las continuas restricciones por el Covid-19 en toda la región. Los haitianos, por ejemplo, a menudo no provienen directamente de Haití, donde el presidente Jovenel Moïse, fue asesinado recientemente, sino de Brasil y Chile, donde habían estado trabajando hasta que las recesiones económicas dejaron a muchos sin trabajo.

—Alicia A. Caldwell y Chad Day contribuyeron a este artículo.

Este artículo ha sido traducido del inglés por Noris Argotte Soto para República. 

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