Lausana (Suiza) (AFP)

“El deporte, los Juegos, son demasiado importantes para ignorar los cambios sociales”, explicó Bach antes de detallas las recomendaciones destinadas a hacer unos Juegos Olímpicos más flexibles y variados.

Desde su llegada a la presidencia en septiembre de 2013, el expatrón del Comité Olímpico Alemán se ha encomendado a esta obra que ha bautizado como Agenda-2020 para, según sus palabras, “abrir la puerta” del COI para “que entre aire fresco”.

Para esta reforma se ha contado con gente de fuera. En una consulta abierta, se han recibido 14.000 propuestas por internet y personas ajenas al movimiento olímpico participaron en los 14 grupos de trabajo creados para abordar distintos temas.

Las 40 recomendaciones se presentarán a principios de diciembre en la sesión plenaria del COI en Mónaco. Entre ellas destacan las que afectan directamente a los Juegos Olímpicos.

En los últimos años, algunos países se han mostrado reticentes a lanzarse a una aventura olímpica (a los Juegos de invierno de 2022 solo aspiran dos candidatos tras numerosas retiradas) y los responsables del COI entienden que se debe variar las condiciones impuestas a las ciudades aspirantes a sede.

“Antes, el COI era juez y jurado. Ahora, será un socio de las ciudades candidatas”, comentó Bach. “Invitamos a las ciudades a presentarnos un proyecto que atienda a sus necesidades deportivas, económicas, sociales en lugar de imponer un marco fijo”, explicó.

En otras palabras, los aspirantes elaborarán un dossier con sus expectativas y no con las del COI. Además, Thomas Bach afirmó que están listos a revisar dogmas olímpicos tan fuertes como el de sede única.

El alemán ha abierto la puerta para poner fin al sacrosanto principio de la “compactabilidad” de organización y la candidatura única.

– Recorte de los gastos de los Juegos –

“El principio de que todo debe entrar en un círculo, ya no vale. Por razones esencialmente medio ambientales, podría ser posible organizar eventos en otras ciudades que no sean la anfitriona, incluso en otros países”, soltó el presidente del COI. “Si dos países comparten una montaña, también pueden compartir una candidatura”, añadió.

En efecto, esta norma olímpica inamovible ha ahogado muchas ambiciones y echado atrás a muchas urbes de menor importancia.

“En el caso de los Juegos de verano, se podría tratar de países pequeños. Hay veces que las distancias en el interior de un país son menores que en una metrópoli de 15 millones de habitantes”, continuó Bach.

Esta propuesta, destinada a permitir que “más países pequeños aspiren a los Juegos Olímpicos y a favorecer la flexibilidad y la diversidad”, según el presidente debería reducir el coste de los Juegos, principal ambición de Bach.

En este sentido también apostó por la remodelación de instalaciones existentes o la construcción de edificios temporales o modulables.

Antes que los propios Juegos, es el coste de las candidaturas lo que debería bajar drásticamente, reduciendo las representaciones físicas de las delegaciones aspirantes y favoreciendo lo digital.

Preguntado sobre el paralelismo con la FIFA y la UEFA que organizan campeonatos en un país, Bach fue rotundo. No contempla que “los atletas tengan que ver los Juegos por la televisión debido a las distancias”.

Más abierto al mundo, el presidente del COI quiere también ser accesible a los deportes no olímpicos, continuando con la vía abierta por su sucesor Jacques Rogge.

Cada cuatro años, una disciplina nueva será invitada al mayor evento deportivo del mundo para una sola edición. Será un poco como ocurría con los deportes de exhibición antes de 1992.

Un guiño al pasado que, tras tantos cambios, debería tranquilizar a los miembros más conservadores del COI.